Contrapunto
El tango, Buenos Aires, todo sobre Borges antes de ser célebre
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

20 Ago 2021 - 19:03

Más que el tango y el fútbol, la pasión de Jorge Luis Borges (1899-1986) fue Buenos Aires y sus calles -que las recorría a pie y a diario antes de perder completamente la vista-, la gente, la literatura, incluso su enorme y fino sentido del humor.

Su anticomunismo y su absoluto desprecio a los políticos y a Juan Domingo Perón fueron otras de las características de uno de los mayores genios de las letras argentinas y latinoamericanas.

Antes de conocer a Bioy Casares, el poeta y escritor trabajó con Ulyses Petit de Murat (1907-1983), que escribió ‘Borges Buenos Aires’, con un epígrafe que dice ‘La noche, las calles, el periodismo, la amistad y los sueños: Borges antes de la celebridad’, Editorial Sudamericana.

Entre las novedades más significativas consta la incursión en el periodismo de estos dos escritores que, hasta 1933, eran poco conocidos en el ámbito intelectual bonaerense, aunque Borges ya había publicado sus primeras obras y comenzaba a despertar expectativas en el ámbito intelectual.

Trabajaron en el diario Crítica, uno de los más importantes de la Argentina de inicios del siglo XX y publicaban un suplemento cultural de ocho páginas, tamaño sábana, denominado ‘Revista Multicolor’.

Además de poesías, traducciones de grandes escritores de la época, el suplemento publicaba cuentos y crónicas sobre crímenes y delitos, pero muy bien contados, según el prólogo de Nicolás Helft. La intelectualidad despreciaba a Crítica y se preguntaba qué hacía Borges ahí.

Entonces con 33 años de edad fue el primer trabajo remunerado de Borges que, junto a Petit de Murat, innovaron lo que hasta entonces era el periodismo. Un periodista que cubría teatro fue enviado a las fuentes policiales y las noticias las escribía en versos.

La intelectualidad despreciaba a Crítica y se preguntaba qué hacía Borges ahí.

Un poeta y editor cultural se dedicó al fútbol y luego a Borges y a Petit de Murat el director les encargó notas de gran impacto. La premisa del director era: “un 20% de verdad para dar base a la nota era suficiente”, el resto sería ficción.

La experiencia duró un poco más de un año, alcanzaron a editar 61 suplementos y fue una de las publicaciones más originales del periodismo argentino y una gran experiencia para Jorge Luis Borges.

En 1940 los dos amigos imaginaron un proyecto cinematográfico denominado Suburbio y es aquí donde se aprecia una posición sólida de Borges respecto del tango. Aunque nunca lo bailó, defiende al verdadero tango anterior a Gardel y a “sus derivaciones italianizantes”.

Alcanzaron a editar 61 suplementos y fue una de las publicaciones más originales del periodismo argentino.

Como se sabe, en Argentina otra de las grandes pasiones es el fútbol y a Borges nunca le llamó la atención. Petit de Murat cuenta que un día llegó un señor para visitar al escritor. Después de un simpático diálogo le informaron al poeta que se trataba de Menotti, el técnico que había conseguido un título mundial.

“Yo no sabía que era él, dijo Borges. ¿Sabrá él que yo soy Borges?”. Una típica conducta borgeana, escribe Petit de Murat. Señala que el célebre escritor, con sus ojos infantiles libres de cataratas accedió a la literatura mediante una lectura del Quijote en inglés.

Como se ha escrito antes, su inflexible anticomunismo le impidió ganar el Nobel de Literatura, así como su posición contraria a Perón causó que fuera despedido de la biblioteca púbica en la que trabajó y fue feliz durante nueve años. Le asignaron un cargo de inspector de conejos y aves en el mercado y aprovechó para retirarse de la función pública.

Su inflexible anticomunismo le impidió ganar el Nobel de Literatura.

Su sentido del humor se aprecia con una anécdota. Petit de Murat leyó en el New York Times que Borges había muerto y, por si acaso, le escribió para estar seguro. Borges le respondió: “La noticia, querido Ulyses, no era apócrifa; tan solo prematura y profética”.

O cuando ‘una empinada escritora francesa’ le preguntó qué autor francés le gustaba respondió que en Argentina había un autor francés muy conocido, aunque a él no le interesaba mayormente. Se llama Charles Gardés (el nombre originario de Carlos Gardel). La escritora, se dice en el libro, esperaba que dijera Rimbaud, Balzac o Flaubert.

Con serenidad afirmaba que, después de varias operaciones, comenzó a perder la vista en 1954, a los 55 años de edad, pero que podía sentarse y pasar dos o tres horas sin nadie y salir para una corta caminata “sin sentirme desdichado o solitario… les sucede a todos los que se quedan ciegos”.   

Estoy harto de mí mismo, de mi nombre y de mi fama y quiero liberarme de eso.

Borges.

En una conferencia en Belgrano, de 1978, manifestó que “no deseo la inmortalidad”, sería espantoso pensar que voy a seguir siendo Borges, “estoy harto de mí mismo, de mi nombre y de mi fama y quiero liberarme de eso”.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores pero no la posición del medio.

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