Contrapunto

El triunfo de Gluck sobre los castrati y la ópera barroca

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

17 Dic 2022 - 5:27

La ópera seria nació en Florencia, la ciudad elegida de los dioses, alrededor del año 1600 y se considera a ‘Orfeo’, de Claudio Monteverdi (1567-1643) la primera composición lírica que impulsó ese género musical en Italia y que luego se expandió por Europa.

Nadie se atrevía a romper las reglas, se escribieron y pusieron en escena decenas de obras líricas con el mismo formato, siempre en tres secciones e infaltablemente con las arias da capo, en las que brillaban los castrati.

El germen de la ópera, como diría el maestro Álvaro Manzano, fue Italia, pero al mismo tiempo en Francia surgían autores y composiciones líricas de grandiosa coloratura. Los mayores referentes franceses eran Jean-Baptiste Lully y Jean-Philippe Rameau.

Y a ese país se dirigió el alemán Christoph Willibald Gluck (1714-1787) para impulsar su reforma, destronar la supremacía de los castrati y desarrollar su idea de “la música al servicio de la poesía”.

Como todo revolucionario de las artes, encontró una cerrada oposición de la crítica europea. Su primera ópera, igual que Monteverdi, se basó en el drama de Orfeo y Euricide, la estrenó en 1762 y con eso cambió la vieja estructura del aria da capo.

Primero había estudiado música en Italia con Giovanni Battista Sammartini y bajo esa influencia y estilo, en 1741, también se había sumado a la corriente y compuso una ópera seria: ‘Artajerjes’.

Hasta antes de la reforma de Gluck, el género era un rito inamovible, una ópera de cantantes, en la que los protagonistas debían demostrar su dominio del canto italiano: ‘cantabile, grazioso y bravura’, tal como señala el musicólogo Tim Blanning.

En la tercera sección del aria da capo al cantante no solo se le permitía, “sino que se le animaba a improvisar, embellecer el canto y arriesgarse para deslumbrar al público con su virtuosismo”, explica Blanning.

En Historia de la Ópera se afirma que la reforma de Gluck ocurrió básicamente por los excesos de la ópera barroca, que provenían “casi exclusivamente por parte de los castrati y de algunas sopranos”.

La fuente explica que los cantantes llegaban al extremo de hacer parar a la orquesta para “poder exhibir sus habilidades con los trinados e inacabables coloraturas (…) cambiaban el orden de las arias para su mayor comodidad”.

Blanning lo explica sin ambages: la ópera de la época tenía seis personajes -dos parejas de amantes, un rey bondadoso y un general traidor- y “acababa felizmente con la unión de los amantes, el descubrimiento del villano y la celebración del monarca”.

La musicóloga Pola Suárez Urtubey aporta algunos datos acerca de la reforma de fondo en el teatro lírico de la mano de Gluck que, “tras 20 años de rendir tributo a la ópera seria italiana y tras una saludable incursión por el terreno de la ‘opéra comique’ francesa se aparta del estilo metastasiano”, cuyo precursor fue Pietro Metastasio

En la reforma, argumenta Suárez Urtubey, el músico estuvo acompañado del libretista Raniero di Calzabigi (1714-1795) y Orfeo y Euricide fue el primer paso en ese terreno, que en seguida se afirma con ‘Alceste’ en 1767.

Después vendrían sus dramas ‘Iphigénie en Aulide’, ‘Armide, Iphigénie en Tauride’.

La idea de que la música cumpla la misión de estar al servicio de la poesía buscaba también que las situaciones dramáticas no se interrumpan ni se sofoquen “con ornamentaciones inútiles”, según la musicóloga.

Las obras reformadas de Gluck fueron tomadas como referencia por los dos músicos más importantes del período clásico que venían a continuación: Franz Joseph Haydn (1732-1809) y Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791).

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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