Tres piezas de poco valor son la base del juicio contra Bucaram

Política

Autor:

Xavier Letamendi

Actualizada:

7 Ago 2020 - 0:03

Imagen de las tres estatuillas patrimoniales que estaban en poder de Abdalá Bucaram Ortiz. Fueron incautadas en su vivienda el 3 de junio de 2020. - Foto: PRIMICIAS

Tres piezas de poco valor son la base del juicio contra Bucaram

Autor:

Xavier Letamendi

Actualizada:

7 Ago 2020 - 0:03

Una de las estatuillas de Bucaram traía una inscripción fechada en enero de 1997. Se trataba de un obsequio del entonces director del hospital de Macará. Patrimonio señala que las figuras no están en buen estado y no son válidas para museos.

El expresidente Abdalá Bucaram actualmente enfrenta dos juicios, pero ninguno por los problemas de corrupción y sobreprecios asociados a los insumos de los hospitales del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) en Guayaquil.

El pasado 3 de junio la Policía y la Fiscalía allanaron la casa de Bucaram, al norte de Guayaquil. Allí encontraron insumos médicos que supuestamente eran los mismos que tenía el hospital Teodoro Maldonado Carbo del IESS.

Luego de dos meses de aquel allanamiento no se ha generado ningún proceso judicial contra el exmandatario relacionado a la corrupción, pese a que la fiscal general del Estado, Diana Salazar, aseguró que había indicios suficientes que vinculaban a Bucaram con la trama de corrupción hospitalaria.

Sin embargo, durante el allanamiento se encontraron un arma de fuego y 22 piezas arqueológicas. Por lo primero se lo acusó de tráfico de armas al expresidente y se le impuso como medida cautelar portar un grillete electrónico.

Hasta 7 años de cárcel

Por las piezas arqueológicas se presentaron cargos contra Abdalá Bucaram Ortiz por tráfico de bienes patrimoniales, un delito que se sanciona con prisión de entre 5 y 7 años. En la misma causa está procesado su primogénito, Jacobo Bucaram Pulley.

Al hijo mayor del expresidente se le dictó orden de prisión preventiva. Es la segunda de este tipo porque la primera la tiene por asociación ilícita en otro proceso que sí está vinculada a la corrupción en el IESS.

Cuando la Fiscalía encontró las 22 piezas las remitió al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) para su peritaje. El organismo encontró que tres son genuinas y son las siguientes:

Cultura Chimú

Cultura Chimú

Se trata de una vasija cerámica, cuyo origen es de Macará, en la provincia de Loja.

La forma tiene semejanza a la de la Cultura Chimú tardía, que habitó en la costa norte del Perú entre los años 900 y 1470.

La figura estaba dentro de una urna de vidrio con una inscripción.

Cultura Bahia

Cultura Bahia

Esta figura representa un torso de un ser antropomorfo. Según los técnicos del INPC, pertenece a la Cultura Bahía, que vivió entre los años 100 A.C. y 900 D.C

Estos habitantes vivían en el norte de la actual provincia de Manabí.

El informe indica que tiene un buen estado de conservación, aunque está incompleta pues le faltan las extremidades.

Cultura Bahía

Cultura Bahía

La tercera estatuilla tiene características similares a la segunda. Se trata de una figura antropomorfa con características de la cultura Bahía.

También está incompleta porque tiene rotos los brazos y piernas.

El informe del INPC determinó que su estado de integridad es del 70%.

Un regalo de Macará

El arqueólogo José Chancay es catalogador de bienes patrimoniales del INPC. Él participó en la elaboración del informe que sirvió de base para que la Fiscalía presente cargos contra Bucaram.

“Esas piezas son en realidad bastante comunes, dos piezas eran de la Costa que estaban incompletas, son estatuillas que representan a una persona sentada de la Cultura Bahía y que les faltaba brazos y piernas”, explica el funcionario.

Piezas rotas, “no museables”

La tercera pertenece a la cultura Chimú, que habitó el norte de Perú antes de la llegada de los incas.  

Esa pieza fue un regalo porque estaba dentro de una urna de cristal: nos tocó desprenderla, es una especie de cántaro y el fondo se pegó a la urna con cemento de contacto”, cuenta Chancay.

En el fondo había una inscripción que rezaba así: “El Hospital de Macará saluda al excelentísimo presidente de Ecuador, abogado Abdalá Bucaram Ortiz”.

La firma es de “Dalton Arévalo, director del hospital de Macará” y está fechada el 6 de enero de 1997, un mes antes del derrocamiento de Bucaram.

Ninguna de las tres piezas era parte del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Ecuatoriano (SIPCE) donde constan 170.000 bienes. Además, por su estado de conservación se las considera “no museables” porque estaban rotas.

Por ello resulta muy difícil detectar el origen de las piezas. Si los bienes hubieran estado en el registro y se declaraban perdidas se emitía una alerta a la Interpol para su ubicación y repatriación.

El boom del huaquerismo

Chancay explica que en las décadas de 1970 y 1980 hubo una fiebre del huaquerismo. “Los museos estatales se conformaron en base a compra de piezas arqueológicas. Esto se hizo con buena intención: impedir que los bienes salgan del país”.

Pero eso fue un arma de doble filo; cuando las personas se dieron cuenta que esa actividad podría ser una fuente de ingreso se dedicaron a la venta, especialmente en Manabí y Santa Elena.

“Las piezas de las culturas costeras eran apetecidas en todos los museos del país por su belleza”, agrega.

Una opinión similar tiene Florencio Delgado, profesor de patrimonio de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Explica que recién en 1979 Ecuador tuvo su primera ley para proteger el patrimonio.

“Antes de eso era común que los presidentes regalen estatuillas a otros presidentes”, comenta.

Cuenta que “los bancos hace muchos años comenzaron a comprar colecciones”.

Por eso explica que “la gente pensaba que el tráfico era solo cuando la pieza salía del país, pero el mayor tráfico es interno”.

Pone como ejemplo que cuando fue la crisis de la mancha blanca del camarón mucha gente se quedó sin empleo en Santa Elena. Eso generó otra fiebre de huaquerismo.

Bucaram se defiende

Pero, ¿qué dice la defensa de Bucaram? El propio expresidente no supo explicar cómo fue que obtuvo las piezas.

Insinuó que podían ser un regalo, e incluso señaló que esas figuras se venden en la Bahía de Guayaquil a tan solo USD 4.

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