Tablilla de cera
Hernán Jaime ha muerto y no me cabe en el pecho
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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Como un rayo, como un terremoto, así recibimos la noticia de que Hernán Jaime Crespo Bermejo, nuestro amado primo, acababa de morir ayer miércoles por la mañana.
Escribía esta columna sobre cualquier tema, cuando llegó el mensaje más inesperado, más increíble. Y cuando he vuelto a la computadora me parece insulso seguir desarrollando aquel, porque solo me dan vuelta por la cabeza su bella imagen y el amor que nos teníamos.
Había venido a Quito la semana pasada para integrarse al jurado que decidirá el proyecto ganador del nuevo Museo Nacional. Ha estado desde el lunes dando entrevistas junto a la viceministra de Cultura, Romina Muñoz. El martes por la tarde estuvieron en el programa de Andrés Carrión y ayer por la mañana en radio Sucesos.
Precisamente estaba con la viceministra en el terreno del nuevo Museo Nacional cuando se sintió mal. En el hospital le hicieron todas las maniobras de estos casos, pero fueron inútiles. Fue un paro cardiorrespiratorio. Hace dos años aprendí que un infarto ocurre por la falta de riego sanguíneo al corazón, mientras que un paro cardíaco se presenta cuando el corazón deja de latir por un fallo eléctrico. Y que es irreversible.
Pero ¡cómo puede ser! exclamo en mi interior, con un grito herido, si aún no cumplía 64 años y era un hombre atlético que corría todos los días, era un extraordinario nadador y mantenía un ritmo de vida sano. Si tenía tanto por hacer.
La incredulidad ante una noticia absurda e inexplicable como esta me deja tan aturdido que me es imposible procesar la información. La dificultad para pensar con claridad me abruma y no sé qué puedo hacer. Pienso en su esposa Cristina, allá en Barcelona, y en sus hijas, la mayor en el Cusco, la menor en la propia Barcelona, y en los tres nietos que deja y que ya no tendrán a su maravilloso abuelo para que los vea crecer.
Siento un dolor específico porque apenas llegó nos escribió a mi hermano Alfonso y a mí para vernos en estos días, una cita que nunca tendrá lugar.
La sensación de injusticia de su muerte me subleva, y trato de aferrarme a la fe y decir que esa ha sido la voluntad de Dios. Trato de aceptarlo, pero me es muy difícil.
Hernán Jaime nació en Quito el 14 de agosto de 1962 y fue hijo del arquitecto y museólogo ecuatoriano Hernán Crespo Toral (1937–2008), figura clave en la modernización de la gestión cultural y museística en Ecuador y América Latina, y de Esther Bermejo Canals (1937-2026), filóloga, gran conocedora de la literatura francesa y catalana.
Así, Hernán Jaime creció en un entorno profundamente vinculado a la cultura y al patrimonio, lo que marcó de forma decisiva su vocación profesional, ya que heredó no solo una tradición intelectual y humanista, sino también una forma de mirar el mundo desde el respeto por la historia, el arte y la educación.
Hizo su primaria y secundaria en el Colegio Alemán de Quito. Se formó como arquitecto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona y amplió sus estudios con un posgrado en Arquitectura y Energía. Desde 1994 desarrolló su carrera en la Fundación “la Caixa”, donde participó en proyectos de programación arquitectónica, diseño museográfico y consultoría para instituciones culturales y museos tanto en España como a lo largo y ancho del mundo.
Su labor profesional se caracterizó por la integración entre arquitectura y experiencia expositiva. Colegas y colaboradores siempre destacaron su rigor técnico, su sensibilidad para el trabajo interdisciplinario y su compromiso con los proyectos culturales a largo plazo.
Aunque vivió en Barcelona toda su vida profesional, se mantuvo profundamente unido al Ecuador a través de la obra y el legado de su padre, y apoyó en cuanto proyecto se le pedía de difusión del patrimonio y la cultura, entendidos como herramientas de identidad y memoria colectiva.
Su padre empezó en 1959 el trabajo de catalogación y formación de la colección arqueológica del Banco Central y en 1969 se tomó por asalto, como él mismo decía, los pisos quinto y sexto del nuevo edificio matriz del dicho banco para así poder montar el Museo Arqueológico y Galerías de Arte del Banco Central, el mejor museo en la historia del Ecuador. Aquel trabajo se extendió luego a una gran obra cultural de restauración y puesta en valor de iglesias, conventos y sitios arqueológicos.
Crespo Toral tuvo la oportunidad, a través de la Unesco que le reclutó apenas dejó el banco, de extender al ámbito sudamericano, primero, y al mundial, después, su vigor cultural y cosmovisión.
¡Es increíble pensar que Hernán Jaime haya muerto más joven que su padre, que nos dejó a sus 70 años! La última visita de Hernán Jaime a Quito fue para enterrar a su hermosa madre, quien falleció a fines de enero de este año. Vino para el deber filial de enterrarla y alargó su estadía unos días más para consultas con el Museo Nacional, en donde él veía que por fin se iba a hacer justicia a la Colección Nacional iniciada y construida por su padre.
Entre lágrimas, pero con una profunda satisfacción de haberlo hecho con un grupo selecto de familiares, repaso la colaboración que tuvimos muchos años en el proyecto del museo de nuestro abuelo Emiliano Crespo Astudillo, pionero de la medicina moderna en el Azuay, que desde el año pasado recibe al público en el centro cultural de la antigua Escuela Central de Niñas.
Empiezo a extrañar ya, sin creerlo posible, sus comentarios agudos, graciosos, encantadores sobre la vida; su carácter sereno, su capacidad de escucha y su compromiso constante con la familia y con el Ecuador.
Su partida conmueve a quien recibió de él uno de sus cálidos abrazos o compartieron con él trabajo y amistad. Él que, como su padre, construyó memoria y sentido será siempre amado y recordado.