Lo invisible de las ciudades
Preocupantes alertas en Galápagos
Arquitecto, urbanista y escritor. Profesor e Investigador del Colegio de Arquitectura y Diseño Interior de la USFQ. Escribe en varios medios de comunicación sobre asuntos urbanos. Ha publicado también como novelista.
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Llevo 13 años viniendo a las islas Galápagos, formando parte del taller que la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) lleva a cabo todos los veranos, con profesores y estudiantes del Ecuador y de otras partes del mundo. Eso, sumado a la relación personal que tengo con las islas desde mi adolescencia, me permite tener una idea de lo que debería ser el escenario usual aquí en las islas. Nunca antes he encontrado condiciones como las que he visto ahora. Y esto debería ser una voz de alerta; no solo para los galapagueños, sino también para los ecuatorianos en el continente.
La primera anomalía es el clima. Está lluvioso, caluroso y extremadamente húmedo. Si un recién llegado no procura mantenerse hidratado, corre el riesgo de ver su salud afectada. Ahora recién aparecen indicios que pueden relacionarse con el cambio de estación; algo que debió pasar hace dos a tres meses atrás.
El otro evento preocupante es la fauna; sobre todo esa fauna endémica o nativa que suele coexistir con los humanos en la frontera entre lo urbano y el parque nacional. Puerto Baquerizo Moreno es un sitio donde predominan los lobos marinos. Ellos son los reyes de las playas acá. Las iguanas marinas tienen mayor presencia en Puerto Ayora; pero acá, suelen verse grupos de entre 20 y 50 iguanas marinas deambulando por el malecón, cerca del muelle Tiburón Martillo. Pero hasta la fecha presente, no he visto iguana marina alguna en la capital provincial de las Galápagos. Solo he podido vislumbrar dos iguanas marinas recién salidas del cascarón en playas que se encuentran dentro del Parque Nacional Galápagos.
He conversado con los pescadores en el mercado municipal, y ellos cuentan que la pesca está escasa; que para poder atrapar algo, deben navegar más lejos, al norte. La temperatura del agua no está tan fría como suele estar en esta época del año. El agua fría es la que provee de alimentos a los peces; y con ellos se inicia la cadena alimenticia de casi todas las criaturas del archipiélago. El daño que producen anomalías climáticas como El Niño, rompe con el abastecimiento de dichos nutrientes. Las criaturas de las Galápagos no mueren afectadas por inundaciones, sino de hambre.
A todo esto debemos agregar todos los casos reportados en las últimas semanas, de animales provenientes de Galápagos, encontrados Guayaquil. Cierto es que en el caso de las iguanas marinas encontradas en el Ecuador continental hay indicios de tráfico de especies; pero hablando con científicos expertos en la materia, me entero de que no podemos descartar que eso se dé o empiece a darse por migraciones provocadas por la falta de comida. Quizá eso sea mucho más probable en especies que no sean reptiles, tal como lo estamos atestiguando con algunas cuantas aves nativas de este archipiélago que han sido halladas en Guayaquil; desnutridas y en estado crítico. Si bien no he atestiguado esto en persona, muchas personas que han ido a la península de Santa Elena me cuentan que se pueden encontrar restos de piqueros patas azules en las playas.
Tenemos desde hace meses atrás la advertencia sobre un posible “súper Niño” aproximándose. La fragilidad de los ecosistemas en las islas Galápagos siempre ha sido un barómetro confiable para avizorar anomalías climáticas. Sería conveniente revisar las mediciones de la temperatura realizadas por el INOCAR. No creo en los alarmismos, pero sí en la prudencia. Deberíamos poner las barbas en remojo; y alguien debería tener a la mano planes de contingencia.
Crucemos los dedos de que nuestras preocupaciones no se vuelvan realidad.