El Chef de la Política
Hay que ganar Quito como sea. A la buena o a la mala
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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Aunque la política quiteña ha dejado de ser un referente de la vida pública nacional, hay un hecho simbólico y cultural que lleva a que esta ciudad siga siendo apetecible: es la capital del país y, por tanto, el foco de las disputas por el acaparamiento del poder. Pese a las disminuidas capacidades de Quito para posicionar los grandes temas de debate, para cualquier gobierno nacional siempre será preferible tener de su lado a los habitantes y a la alcaldía de la otrora franciscana ciudad. Algunos gobernantes recurrieron a alianzas formales, otros a acuerdos menos explícitos y, los de ahora, a la imposición. A la buena o a la mala, el gobierno de Quito tiene que ser nuestro. Punto. Decretado y firmado. Ese es el guion.
Inicialmente buscaron un candidato propio que les permita llegar. Los recursos y maquinaria electoral estaban ahí, a disposición. En plata y persona, como dirían las abuelas. Solo les faltaba el nombre. Y lo buscaron. Tampoco era una tarea muy compleja porque había muchos interesados, pero pocos, bien pocos, con opciones reales de ganar. Por eso los mensajes que los posibles candidatos le enviaban al CEO a través de sus asistentes, porque al CEO solo se lo ve desde lejos, fueron infructuosos. Ni las genuflexiones, ni las piruetas sirvieron. Pero en medio de todo, a alguien había que poner en la papeleta pues las formalidades se tienen que cumplir. Y lo hicieron. Pusieron a alguien.
Pero el problema sigue ahí. Si no se captura Quito de forma directa hay que buscar otra vía. La más rápida y sencilla es sacarse de encima al principal opositor. Hay que eliminar a la competencia, le sugieren a voz en cuello al CEO. Y el CEO aprueba. Claro, las formas de desafiar a la competencia no son las del mercado, las que establece la libre oferta y demanda y menos, mucho menos, las que manda el buen Adam Smith en su teoría de los sentimientos morales. De modo alguno. Eso está bien para los liberales. Acá le conseguimos a la buena o a la mala, le dicen. Permiso para retirarnos. Sigan, sigan.
Y salen orondos a cumplir con su consigna. Él dice que allanó y ella dice que fue casi allanamiento. Él dice que hay indicios graves y ella dice que sí son graves, pero no tanto. Él está ya ahí, a nada de disponer el inicio de las acciones legales y ella dice que hay que esperarse un ratito más, nomás. Que le falta unos cuantos indicios y que en cuanto los tenga, ella mismo, en persona, pone la denuncia, reconoce firma y rúbrica y dispone la prisión preventiva. Le susurran que esa no es su competencia y se retracta. Siempre se aprenden cosas nuevas, dice para sí misma.
Pasa el tiempo y el operativo no termina de verificarse. Lo del allanamiento no resultó como se esperaba y el CEO se molesta. Se molesta con razón porque les da la oportunidad de que se luzcan ... y desaprovechan. Verán que en tiempos de escasez de trabajo las carpetas están ahí, en fila. Advertidos están. No, perder la chamba ahora, no, eso jamás. ¡Cuándo se va a repetir esto de tener guardaespaldas y de ser tratados bien! Por compromiso más que por respeto, pero bien tratados, a fin de cuentas. Se hablan, él y ella, y deciden coordinar mejor. Van por una nueva estrategia. Menos mal todavía hay unas semanas para sacarse un delito de algún lado y que el opositor, el que les quiere ganar la alcaldía, termine con sus huesos en la cárcel.
A la par de que ustedes sigan con su consigna, hay que operar en el escenario electoral, les sugieren a él y ella. Lindas y cautivadoras palabras. Adelante, procedan. Entonces, mientras el dúo dinámico sigue en la intentona de entregar un compañero de celda a Aquiles, los otros buscan posicionar a los otros candidatos. No les alcanza para ganar, desde luego, pero el objetivo es otro: hay que restarle votos al alcalde de cualquier forma. Restarle y restarle hasta que quede tablas con el candidato de AVANZA y cuando estemos en esa, veremos. Si sale lo de la asociación ilícita o cualquiera de los delitos que se pueden fabricar, mejor. Pero si por cualquier cosa no se puede, entonces acá hay otra opción. Menos cierta, pero opción al fin. A la buena o a la mala, hay que ganar Quito.