El Chef de la Política
Guion electoral
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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El guion electoral ha sido armado y se va cumpliendo al pie de la letra. Lentas pero seguras, las directrices enviadas por el director de la obra se ponen en escena. Nadie sabe bien quién es el cerebro de todo esto y tampoco si está acá o allá, en el país que consigue de un plumazo borrar una tarjeta roja en el mundial de fútbol. Más allá de la dulce curiosidad que existe por ponerle rostro a quien ha diseñado el macabro plan, al final de cuentas eso no es tan importante. Lo de fondo es que hay coordinación y coherencia en las acciones. Impecables hasta hoy, hay que reconocer. Ojalá esa capacidad estuviese al servicio de la salud, la seguridad o la educación de los más desaventajados.
En las ciudades o provincias en las que los candidatos que van con la bandera del emporio tienen opciones reales, la estrategia es dificultar la participación de otros aspirantes. Amenazas, persecuciones, procesos judiciales de dudoso origen o cualquier tipo de mecanismo intimidatorio es útil para reducir la competencia electoral. Lo óptimo sería llegar a las urnas con candidatura única en la papeleta, pero como el monopolio es un fallo de mercado y se asumen liberales, habrá que conformarse con dos o tres postulantes opositores. Eso sí, con ellos se deberá pactar docilidad absoluta pues nunca se está libre de que, por esos errores de buena fe que a veces cometen los que cuentan los votos, alguno de esos extraños a la firma pudiera ganar.
Donde las posibilidades de alzarse con la victoria son remotas o abiertamente inexistentes, el guion electoral asume otra estrategia. Allí se coloca como candidato a algún empleado de tercer orden, de esos que tienen muchos favores por pagar, para de esa forma posicionar la falsa idea de que la corporación tiene representación nacional. En esos escenarios el juego está en apostarle al candidato con opciones de ganar, aunque bajo otro membrete electoral, para que una vez que llegue a dirigir la ciudad o la provincia se entregue en alma, corazón y vida (como dice el vals peruano) a los designios del CEO. Las estrategias para garantizar la fidelidad del candidato encubierto son variadas, dependiendo de su pasado público o privado.
Pero como este es un país diverso, idiosincrática y políticamente, hay ciudades y provincias en las que ni la empresa tiene candidato fuerte ni entre los demás actores hay uno que tenga tanto posibilidades electorales reales como disposición a ser parte del rol de pagos sin derecho a chistar. Allí el guion es más temerario y la apuesta es a dinamitar el terreno y pescar a río revuelto. Una vez que se sepa quién es el nuevo alcalde o prefecto se verá la forma de acercarlo al redil.
El guion electoral también contempla contingentes y medidas sobre la marcha. Si los candidatos propios se posicionan más o si los acuerdos con los que van por otras listas, pero desde ya ofrecen lealtad eterna, se consolidan, entonces se presentaría al CNE el referéndum sobre el traslado de las capacidades de designación de autoridades del Consejo de Participación Ciudadana a la Asamblea Nacional. Si las cosas no marchan viento en popa, habrá que reorientar las velas y recurrir con mayor ahínco a los alguaciles del poder, léase jueces y fiscales, para sacarse de encima a esos candidatos que no quieren entregarse al holding.
Acá nada de lo que sucede en el día a día es coincidencia ni mucho menos. Todo está plenamente guionado y fríamente calculado. Todo se controla y a todos se controla. Sin embargo, aunque la idea general es ofrecer certezas absolutas al negocio electoral, la papeleta no requiere colocar el nombre del votante y es allí precisamente donde todo el andamiaje se puede ir al piso. En la soledad de la urna, cuando no hay presiones, bien podría darse un cambio súbito a lo que las encuestadoras de alquiler señalan ahora. Seguramente para ese escenario también el guion electoral tiene una salida. Pero más allá de eso, el emporio y el guionista deberían tener presente que no siempre los mercados económicos y financieros siguen la misma lógica de los de naturaleza electoral. En ocasiones, aplicar la relación de fortalezas-oportunidades-debilidades-amenazas al mercado político arroja resultados subóptimos. Amanecerá y veremos.