¿Cuál es el papel de los gremios?
Fellow en Estudios Latinoamericanos del Instituto Cato. Entre 2006-2026 escribió para El Universo (Ecuador). Es autora de En busca de la libertad: Vida y obra de los próceres liberales en Iberoamérica (Editorial Planeta, 2025).
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María Paz Jervis renunció esta semana a la presidencia de la Cámara de Industrias y Producción (CIP) luego de pronunciar un discurso en defensa de la libertad de expresión, un orden democrático y liberal donde rija el Estado de Derecho y la transparencia en temas que nos afectan a todos, como la situación energética del país. También compartió su opinión de que nunca había percibido tanto miedo entre empresarios a expresar sus cuestionamientos.
Si escuchamos el discurso, que no es muy largo, vemos que lo que ha defendido Jervis son elementos a los que tienen derecho los ciudadanos y las empresas en cualquier país normal. Lo que ha molestado es que puso en evidencia a un sector empresarial que parece carecer de la valentía para defender valores fundamentales de cualquier sociedad libre, sin los cuales difícilmente se puede lograr crecer a largo plazo. Muchos sostienen que el error de Jervis fue “politizar” y personalizar el discurso que decía en representación de 300 empresarios. Pero esto nos lleva a considerar cuál es el deber ser de los gremios en una sociedad de personas libres.
Los miembros de un gremio empresarial comparten el bien común de un orden de mercado en el que se protejan los derechos de propiedad privada, los contratos se hagan cumplir, las reglas sean claras y previsibles y exista la libertad de expresión para que los ciudadanos puedan exponer los abusos de poder y exigir una rendición de cuentas sobre el ejercicio de este. Esto es así, aun cuando a algunos o a muchos empresarios (¿300 o más?) o no les importe o no estén conscientes de que un orden de mercado con un Estado de Derecho les beneficia.
Pero no siempre se ha entendido así, ni siempre han predominado los intereses de largo plazo, ni los generales por sobre los particulares. Más bien suele suceder lo contrario. Por eso, muchos desde Adam Smith han compartido la opinión del célebre economista escocés de que “Las personas que se dedican al mismo oficio rara vez se reúnen…sin que la conversación termine en una conspiración en contra del público o en algún plan para subir los precios”. Smith consideraba que estas reuniones son inevitables y que, en todo caso, el Estado no debería hacer nada ni para impedirlas ni para estimularlas. Por eso consideraba adecuado eliminar toda regulación que obligue a las personas a registrarse en y/o pagar una contribución a dichos gremios para desempeñar una actividad en determinada localidad. La gente debería ser libre para asociarse y esa libertad implica el derecho a no querer asociarse sin sufrir consecuencias.
Cuando a principios del siglo XX prosperaban los nacionalismos y populismos en varias partes del mundo, un gran liberal vienés, Ludwig von Mises, trabajaba en la Cámara de Comercio de Viena luchando contra el intervencionismo y el nacionalismo. Su carrera gremial de más de un par de décadas le dejó algunas lecciones.
Mises consideraba que los gremios podían ser un gran beneficio o perjuicio, según el fin que elijan. Cuando se dedican a perseguir beneficios particulares y de corto plazo, como aranceles más altos, subsidios y restricciones a la competencia, perjudican a los consumidores, pero también terminan haciéndose daño a sí mismos en el largo plazo. La demanda de privilegios nunca se satisface y solo se detiene cuando el resto de la sociedad les pone un límite. Pero advirtió que esta es una puja destructiva para cualquier sistema político.
Los gremios deberían tener un interés particular en defender la libertad de expresión y de ejercerla, sobre todo para promover aquellos intereses en común que les incumben a todos sus miembros y cuya resolución aportaría un bienestar general. Es particularmente cuando nos encontramos en ambientes proclives al autoritarismo que los gremios aportan un valor agregado a sus miembros, al convertirse en “la voz” de todos los representados para que se diluya el riesgo que tendría que asumir un empresario individual al expresarse. Sobre todo, cuando se atenta contra el derecho de propiedad privada de una empresa, amenazada con argumentos especiosos por parte de un organismo estatal. Lo que hoy es contra una empresa de comunicación, mañana podría ser contra otra…
En su libro 'Liberalismo' (1927), Mises explica que esta corriente de pensamiento no es el partido de los capitalistas, ni de determinados grupos de intereses especiales, porque si así lo fuera, estuviera “negando su propia naturaleza”, dado que “El liberalismo beneficia a todos, pero no favorece a ningún interés particular”. Pareciera que defender el bien común de una sociedad libre se ha convertido en un “error” y “hacer política”.