En el mar de trivialidad, a veces, a las personas les tratan de acuerdo a cómo les ven, por cómo se muestran. Y preferimos trabajar hasta destruirnos para comprar esos accesorios de miles de dólares.
Quienes defienden la supuesta alta cultura (despreciando, por ejemplo, el reguetón) son quienes más lejos están de consumir las producciones de los poetas, que deben buscar trabajos accesorios para sobrevivir.
Sorrentino nos recuerda que frente a los hechos constitutivos de nuestras vidas no tenemos certezas. Más bien somos una estirpe que elige creer. Voluntariamente elegimos amar, salvar, morir o dudar. Y quizá nunca sabremos la verdad.
En el mar de trivialidad, a veces, a las personas les tratan de acuerdo a cómo les ven, por cómo se muestran. Y preferimos trabajar hasta destruirnos para comprar esos accesorios de miles de dólares.
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Quienes defienden la supuesta alta cultura (despreciando, por ejemplo, el reguetón) son quienes más lejos están de consumir las producciones de los poetas, que deben buscar trabajos accesorios para sobrevivir.
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