No fuimos tan cercanos ni constantes, pero sus lecciones fueron inmensas y siempre lo consideré un maestro. Me gusta pensar que algo de su visión sobre la poesía sobrevive en mi propia visión del mundo.
Es preferible que las esperanzas mueran en la literatura, allí y solo allí. Es nuestro intento de darnos, como dijo García Márquez el día en que recibió el Nobel, una segunda oportunidad sobre la tierra.
Sí, hubo un tiempo en que Quito no estaba sumida en la irrelevancia y defendía un plan de país que se basaba, fundamentalmente, en una tradición ilustrada y capaz de pensar en una obra de largo alcance.
“Si quieres ser universal, pinta tu aldea”. Es indudable que García Márquez lo logró, pero también, en una segunda dimensión, estableció los fundamentos para pensar e imaginar América Latina.
Imagino que si una buena parte de la población ecuatoriana tuviese la entereza y el civismo de Osvaldo Hurtado, quizá otra sería la realidad del Ecuador, podría ser un país más humano, civilizado y justo.
Sentí que los paisajes de Colombia, que aún no conocía, serían de algún modo un destino, porque algo iba a pasar en el futuro que me iba a permitir llegar a Cartagena de Indias.
Lux, el disco y la gira de conciertos de Rosalía, contiene ceremonias que, por medio del sonido, voz y movimiento, nos ayudan a reorganizar el caos al celebrar lo esencial.
Somos un país poco habituado a la interpelación. Una tierra del olvido, que desconoce su pasado y que carece de pactos robustos para construir el futuro. Un enclave conventual lleno de supersticiones políticas.
Pienso, una vez más, en el cabezazo de Kaviedes y todo lo que ha cambiado. Todo lo que sigue teniendo poderosamente sentido. Quiero volver a escuchar a las multitudes gritando: “¡Vamos, ecuatorianos, que esta tarde tenemos que ganar!”.
No fuimos tan cercanos ni constantes, pero sus lecciones fueron inmensas y siempre lo consideré un maestro. Me gusta pensar que algo de su visión sobre la poesía sobrevive en mi propia visión del mundo.
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