Farmeando aura a la ecuatoriana
Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.
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“¿Qué quiere decir eso de farmear aura?”, pregunta un mayor en una cena. “Es lo que hacía Michael Jackson”, responde una señora de pelo blanco que sigue encandilada por su moonwalk. “No, es otra moda de los jóvenes: farmear viene de los juegos de video. La semana pasada hubo una competencia en la San Pancho”, añade una tercera, más joven e informada.
Como la inquietud queda flotando en el aire, acudo al ChatGPT, que navega vertiginosamente por la red y responde en tres segundos que “aura farming” significa hacer memes o videos cortos “donde se representa a alguien haciendo algo para parecer más imponente de lo que realmente es”.
Contaminado por la política, no pienso en músicos ni estudiantes; pienso en los reels de Daniel Noboa que circulan profusamente en las redes donde lo muestran unos pocos segundos realizando alguna actividad del Gobierno mientras exhibe, en camiseta deportiva, un aura de juventud, gimnasio y brazos tatuados. En otras palabras, el presidente está promocionando incesantemente su imagen, está farmeando.
No es solo él, claro; medio mundo en las redes trata de parecer más interesante o más guapo o más rico de lo que es. Medio mundo farmea aura de una u otra manera, busca algo de fama, anhela un poco de atención, delata su inseguridad.
Se ha criticado mucho a los adolescentes por entregarse a estas modas banales en lugar de leer gruesos libros, estudiar una carrera y convertirse en ciudadanos respetables. Son críticas que pasan por alto el hecho de que no fueron ellos quienes inventaron los videojuegos, ni crearon las redes y las volvieron perversamente adictivas. En realidad, fueron sus padres quienes les dieron celulares y tablets para mantenerlos apaciguados desde los 3 años, mientras Meta diseñaba programas con el fin deliberado de mantenerlos atrapados en sus redes. No en vano, el siniestro señor Zuckerberg acaba de ser multado en 18 billones de dólares justamente por eso.
Yendo por el lado de las palabras, se ha repetido mucho que farmear viene del verbo ‘to farm’, que originalmente significa cultivar, pero que en los videojuegos y el internet amplió su significado a acumular recursos o dinero o ganar puntos. A ello se añade aura, una de cuyas acepciones, según la RAE, es: favor, aplauso, aceptación general.
Tenemos aquí un claro ejemplo de mestizaje, que para unos enriquece y para otros empobrece nuestra lengua plagándola de anglicismos. Algo que cobró impulso desde el siglo pasado; basta recordar la terminología que introdujo el novedoso juego del foot-ball que llegó con el ferrocarril: gol, faul, shoot, orsai, wing, half, réferi, linesman... algunas de ellas aceptadas por la RAE; así, orsai por off side.
El uso original de ‘farmer’ tampoco es nuevo. De hecho, se atribuye a un presidente, diplomático y agricultor modernizador, Galo Plaza, el haber impulsado el modelo farmer desde mediados de siglo, tecnificando los cultivos agrícolas y la producción lechera. De modo que Plaza farmeaba literalmente la tierra, pero también farmeaba su aura de gran figura internacional.
En el campo religioso, el aura siempre estuvo relacionada con el carisma, y carisma era lo que le sobraba al político más destacado del Ecuador de esa época, José María Velasco Ibarra, que construyó su imagen, o farmeó su aura, en base a discursos arrebatados y gesticulaciones hieráticas, que iba escenificando en cada pueblo. Tan consciente estaba de su capacidad que la resumió en una frase legendaria: “Dadme un balcón en cada pueblo y seré presidente”.
Para los adolescentes del smartphone, estos personajes pertenecen a la prehistoria, junto con las venus de Valdivia, que tal vez farmeaban aura a su manera. En todo caso, los chamanes que se colocaban máscaras o pectorales de oro para que la luz del dios Sol se reflejara en su cuerpo se ajustaban físicamente a la definición de aura divina entendida como un halo o resplandor que emana de los elegidos.
Pero estamos hilando demasiado fino pues esta actividad juvenil de farmear aura pronto será reemplazada por una nueva moda y, en su afán de contactarlos, los políticos irán detrás, tal como irrumpieron en TikTok. El mundo está desesperado por volverse adolescente.