Rumbo a 2027: En Cuenca, el voto disperso generó administraciones sin respaldo político
Desde 2019, la gran mayoría de cuencanos no votaron por los alcaldes que han administrado la ciudad. Y con el escenario político actual, la tendencia podría mantenerse.

Imagen del desarrollo de las elecciones seccionales y referendo constitucional el 5 de febrero de 2023 en Cuenca.
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El alcalde de Cuenca, Cristian Zamora, llegó al cargo tras ganar las elecciones seccionales de 2023, con el 18,58% de votos válidos. Es la votación más baja para el cargo en la historia de la ciudad, y con la dispersión más alta, que implicó que la diferencia entre el primer y el cuarto lugar fuera de menos de dos puntos.
Esto no era usual en la capital del Austro. Entre 2004 y 2014, las elecciones para dirigir el Municipio tuvieron pocos candidatos y entre el 84% y 95% de la votación se concentraba en las dos figuras fuertes, sin importar la bandera política que los cobijara, puesto a que las alianzas cambian cada cuatro años.
Sin embargo, al igual que sucedió en Quito y Guayaquil, las elecciones seccionales de 2019 marcaron un antes y un después en ese péndulo electoral que regía a Cuenca. Y pasaron de papeletas de cuatro candidatos a una de 13.
Ese aumento de candidatos coincidió con el fin de la década correísta, su primera participación en unas elecciones locales sin su estructura nacional ni bandera propia, y la tradicional apuesta de partidos y movimientos 'nuevos' sin representación que buscan solo sobrevivir.
Y, hasta ese momento, la pugna por el control de la ciudad había sido entre Marcelo Cabrera y su opositor directo. Por ejemplo, en 2004 el segundo lugar fue de Fernando Cordero; en 2009 ingresó el correísmo al tablero con Paúl Granda y se quedó con el sillón municipal; y en 2014 Cabrera lo recuperó.
En esas elecciones locales, tanto Cabrera como Granda dirigieron Cuenca con el respaldo certero de la mitad o más de los votos válidos. Pero a partir de 2019 ese apoyo electoral desapareció. Los cuencanos empezaron a buscar otras opciones por fuera de las tradicionales.
Ese año, en medio de la explosión de candidatos, Cabrera quedó en tercer lugar y el correísmo en quinto. El vencedor fue Pedro Palacios con el 28%, una figura sin pasado político ni trayectoria en el sector público, cobijado por dos listas sin mayor peso en el escenario nacional: Ecuatoriano Unido (que murió casi tan rápido como nació) y Democracia Sí.
El giro que tomó el electorado fue radical: el 93% de votos válidos se dividió entre cinco candidatos, con otros ocho aspirantes a la Alcaldía que se quedaron por debajo del 2% y del 1%. Y finalmente, en la última elección local, la dispersión se disparó aún más. Pese a que hubo nueve candidatos ninguno superó el 20% y cuatro quedaron por debajo del 10%.
Ahora, con las elecciones de febrero de 2027 a la vista y nuevamente decenas de partidos y movimientos preparando cuadros, el escenario podría mantener esa fragmentación del voto. Y esto hará que nuevamente el voto rural pueda definir lo que las parroquias urbanas no diriman.
El correísmo buscará recuperarse, pese a que su participación peligra nuevamente; los movimientos y figuras locales también harán sus apuestas; y Acción Democrática Nacional (ADN) entrará en escena por primera vez, aunque Cuenca ya ha demostrado su descontento con el Gobierno en las calles.
Además, la inconformidad de un sector de Cuenca con todas las opciones partidistas hizo que el voto nulo se duplique en las últimas seccionales.
Por lo que también podría haber un crecimiento de esta tendencia. Incluso, al revisar la evolución de la votación, la capital de Azuay ha tenido picos de incremento del voto blanco, por ejemplo, en 2014 tuvo más respaldos que el nulo, algo que no sucede en Guayaquil y Quito.
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