La guerra comercial entre Ecuador y Colombia arrastra a la Comunidad Andina a su peor crisis, amenazando incluso su existencia
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, decidió imponer un arancel del 100% a Colombia. El presidente Gustavo Petro anunció la salida de su país de la CAN. Se trata de una ruptura comercial sin precedentes, que preocupa a la región.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, junto al de Colombia, Gustavo Petro, en Galápagos el 15 de diciembre de 2024.
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Presidencia de Colombia
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En 1976 y 2006, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) sobrevivió a sus primeras deserciones: Chile y Venezuela, respectivamente. Ambas golpearon el comercio intracomunitario y debilitaron el peso político y económico del bloque. Ahora, 20 años después, la Comunidad se enfrenta a ese fantasma nuevamente.
La creciente tensión entre los gobiernos de Quito y Bogotá llegó a un clímax con la imposición de un arancel de 'seguridad' del 100% a los productos de Colombia, anunciada por el gobierno del presidente Daniel Noboa, el 9 de abril de 2026. Inmediatamente, su homólogo Gustavo Petro vaticinó el fin del bloque comercial más antiguo de la región.
Petro dio la orden a su Canciller, a través de redes sociales, de enfocar el futuro de Colombia en la integración plena con el Mercosur (Mercado Común del Sur). Y, en caso de que efectivamente exista una denuncia oficial del Pacto Andino, esta sería la estocada final a la ya frágil y disminuida existencia de la CAN.
Ni Noboa ni Petro han dicho nada respecto a la carta del secretario general de la CAN, el diplomático peruano Gonzalo Gutiérrez Reinel, en la que advierte a los mandatarios de los efectos adversos de sus posturas, no solo para los dos países sino para los demás miembros de la Comunidad.
El contexto geopolítico
Si Petro cumple su amenaza, el bloque, que ha sobrevivido a los vaivenes políticos de la región durante 57 años, quedaría fuertemente mutilado. Tras las salidas de Chile y Venezuela, la mayor economía restante es la colombiana.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la creciente tensión entre Noboa y Petro despegó casualmente tras el cambio de huésped en la Casa Blanca y la reelección del mandatario ecuatoriano, ambos eventos a inicios de 2025.
Además, en el escenario político regional estaban ya marcadas las elecciones presidenciales en Colombia, previstas para mayo, que definirán al próximo huésped de la Casa de Nariño y evidencian la fuerte polarización entre las tendencias de derecha e izquierda dentro y fuera del vecino país.
Por lo que todo lo que Petro haga o deje de hacer en estos últimos meses de gestión tendrá repercusión directa en la votación que recibirá su heredero electoral, el candidato Iván Cepeda. Por lo tanto, la sorpresiva crisis en la frontera compartida con Ecuador, que ha golpeado la economía de ambos países, se ha vuelto material de campaña.
El mismo presidente Noboa anunció que la guerra comercial no parará hasta después de esas elecciones presidenciales y el uribismo colombiano no desperdició la oportunidad. El expresidente colombiano, el derechista Álvaro Uribe, aprovechó el escenario para afirmar que su candidata, Paloma Valencia, recuperará la relación con Carondelet, si gana las elecciones.
Las elecciones de Colombia no son ajenas al contexto geopolítico. El presidente Donald Trump arrancó su segundo periodo de manera agresiva, en lo comercial y militar. La política exterior de Washington apunta a ejercer control sobre el continente y a erradicar la influencia china, rusa e india.
Estados Unidos intervino en Venezuela, al arrancar el 2026, para llevarse a Nicolás Maduro e instalar un nuevo régimen en su lugar; amenazó al castrismo en Cuba y levantó un bloqueo petrolero sobre la isla; y ha intentado influir directamente en las campañas electorales en Argentina, Honduras, Bolivia y hasta Chile, con sus comentarios e incluso intimidaciones. En tanto, sostiene una extensa campaña de aranceles mundiales.
Por eso no sorprende que su Gobierno esté investigando a Gustavo Petro por presuntos nexos con el narcotráfico, como sucedió previamente con Maduro. Trump no ha escondido sus intenciones de moldear Latinoamérica a su gusto y según sus necesidades.
Y para eso la Casa Blanca ha especifidado públicamente que necesita reclutar "campeones" regionales que puedan ayudar a crear una estabilidad tolerable en la región y mantener el hemisferio "suficientemente bien gobernado".
Y el futuro político de Colombia podría ser determinante para inclinar la balanza regional: sea a favor de Trump y sus simpatizantes (reunidos en la iniciativa Escudo de las Américas que reúne a 12 países, entre ellos Argentina, El Salvador y Ecuador) o para darle un contrapeso a las naciones que intentan contener la influencia estadounidense en la región, como Brasil y México.
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