Estados Unidos quiere alejar a Ecuador de China, pero el peso de la relación bilateral con Pekín ata a Carondelet
Los gobiernos de Washington y Pekín tienen diferentes objetivos en Ecuador. Mientras la agenda de Donald Trump busca una mayor presencia militar, política y ahora económica en el hemisferio, Xi Jinping expande los nexos chinos en sectores ecuatorianos clave.

Composición fotográfica en la que se ven dos imágenes del presidente Daniel Noboa, una con Marco Rubio y otra con Xi Jinping, sobre un fondo del palacio de Carondelet.
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Los dos principales socios comerciales de Ecuador son Estados Unidos y China. Y, aunque Quito busca aumentar sus transacciones con ambos países, las agendas de estas potencias chocan entre sí, lo que pone presión y obstáculos a las relaciones bilaterales.
La reciente mini gira del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, por Colombia, Ecuador y Perú lo dejó nuevamente en claro: Washington busca contrarrestar la creciente influencia de Pekín en el continente y reemplazarla con su propia presencia e inversión.
Rubio arremetió al gobierno chino, incluso antes de aterrizar en América del Sur, y afirmó que el gigante asiático sostiene "prácticas predatorias". Y habló de las graves amenazas que, a los ojos del trumpismo, enfrenta la región en cuanto a "su soberanía nacional, la privacidad de los datos y la independencia económica".
Con ese guión, Estados Unidos se presenta a sí mismo como la alternativa "radicalmente distinta" que sería "transparente, confiable y mutuamente beneficiosa", y plantea supuestos contratos claros, tecnología de confianza, inversión privada y respeto a la independencia nacional.
La respuesta de China llegó únicamente desde su Embajada en Lima: "el hemisferio occidental no es el 'patio trasero' de nadie", afirmó el gobierno asiático utilizando los términos empleados por Estados Unidos para referirse a América Latina.
Pekín, además, recordó que los países del continente "tienen el derecho soberano de elegir libremente a sus socios y de desarrollar una cooperación exterior partiendo de sus propios intereses nacionales". Y, agregó que "China nunca ha actuado con cálculos geopolíticos, nunca ha interferido en los asuntos internos de otros países y nunca ha exigido a otros países que tomen partido o elijan un bando".
Pero, sin importar lo que estas potencias afirmen públicamente, el pulso entre Donald Trump y Xi Jinping es notorio. Sin embargo, ha sido Trump el que ha liderado la escalada en las tensiones, pese a que él mismo terminó viajando a Pekín para reunirse con su homólogo y pedirle que no les cierre la puerta a los titanes tecnológicos de su país.
Y, en ese contexto internacional, Ecuador busca posicionarse como aliado de ambos e incrementar las relaciones políticas, económicas y de cooperación.
El presidente Daniel Noboa ha viajado en dos ocasiones a Pekín para reunirse con Xi Jinping, la última apenas en agosto pasado. A la vez, ha recibido dos veces a Marco Rubio en Quito, aunque el Mandatario ecuatoriano no ha logrado aún concretar una cita en la Oficina Oval en Washington.
Lo que sí ha logrado Noboa es incrementar radicalmente la cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos, gracias a los acuerdos bilaterales firmados por Guillermo Lasso. Las operaciones conjuntas son constantes, el apoyo técnico, de inteligencia y logístico también.
Sólo en esta última visita de Rubio, Estados unidos ofreció otros USD 55 millones para luchar contra el crimen organizado y concretar un envío total de 12 buques costeros a Ecuador este año. Sin embargo, China también ofreció cooperación no reembolsable al país de USD 57,5 millones, así como su interés de desarrollar proyectos conjuntos en energía, minerales, infraestructuras y finanzas.
Pero, ¿cuál es el peso e importancia específicos de la relación con China, que impide al Ecuador alejarse como lo espera Estados Unidos?
Los nexos económicos con China
China no es un socio del que Ecuador pueda alejarse fácilmente. En el primer semestre de 2026, fue el segundo socio comercial del país, detrás de Estados Unidos, pero ocupó el primer lugar cuando se considera únicamente el comercio no petrolero.
Entre enero y junio, Ecuador exportó USD 3.644 millones a China, un 24% más que en el mismo período de 2025, mientras que las importaciones alcanzaron USD 4.472 millones.
A esto se suma la creciente presencia de capitales chinos en la minería ecuatoriana. Ecuacorriente, de capitales chinos, opera Mirador, la única mina de cobre a gran escala que actualmente está en producción en el país.
A esto se suman operaciones recientes que han ampliado el control chino sobre proyectos estratégicos: Jiangxi Copper concretó la compra de SolGold, con lo que pasó a controlar el proyecto Cascabel, uno de los mayores proyectos de cobre de Ecuador. Y CMOC Group adquirió el proyecto Cangrejos, de oro y cobre, en El Oro.
Es precisamente en la minería donde aparece uno de los principales puntos de fricción entre Washington y Pekín. En febrero de 2026, Ecuador y Estados Unidos suscribieron un acuerdo marco para asegurar el suministro y procesamiento de minerales críticos y tierras raras.
El documento establece mecanismos para facilitar inversiones estadounidenses, acelerar permisos para proyectos mineros estratégicos y dar una “primera opción” a Estados Unidos para invertir en determinados activos. También plantea que ambos países desarrollen herramientas para revisar y desalentar la venta de proyectos de minerales críticos cuando consideren que una operación puede afectar la seguridad nacional.
¿Qué impacto tiene este acuerdo de minerales críticos con Estados Unidos en las inversiones chinas? Aunque el acuerdo no es vinculante para los dos países, sí es un compromiso político.
Sin embargo, Estados Unidos, a través del secretario de Estado adjunto para Asuntos Económicos, Energéticos y Empresariales de Estados Unidos, Caleb Orr, afirmó el 11 de febrero de 2026 que el acuerdo “no es una represalia contra China”.
La deuda externa con China ha caído
La deuda de Ecuador con China que creció como una bola de nieve durante el gobierno de Rafael Correa ha ido perdiendo participación en la última década. Esto, luego de que hasta 2016 alcanzó un saldo récord de USD 8.144 millones (sin contar con las preventas petroleras).
Hoy la situación es diferente. Para mayo de 2026, el saldo de la deuda con China suma USD 1.711 millones. Esto representa el 3,2% de la deuda externa de Ecuador.
La deuda de Ecuador con China fue criticada porque una buena parte estuvo atada a la construcción de obras con empresas chinas y los contratos fueron poco transparentes. Obras como la construcción de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair estuvieron envueltas en polémicas de presunta corrupción.
La situación cambió desde 2018, cuando Ecuador volvió a mirar a los organismos multilaterales. Lo que coincidió con una política de China de cerrar la llave de millonarios préstamos que había abierto en toda la región.
Así, en 2019 Ecuador volvió a tener un programa de crédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros multilaterales. Hoy, la deuda con estos organismos es la que tiene más peso del endeudamiento externo.
Con ese contexto, el desafío para el gobierno de Daniel Noboa será mantener los lazos entre ambos países, Estados Unidos y China, sin que la creciente competencia entre las dos potencias termine obligándolo a escoger un solo socio.
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