Organizaciones excluidas, reencauchadas y 'nuevas', así queda el mapa electoral para las seccionales
15 partidos y movimientos nacionales podrán presentar candidatos en las elecciones seccionales 2027. El correísmo busca cautelosamente una tienda política con la que impulsar sus candidatos, mientras que ADN apunta a aprovechar la oportunidad.

Imagen referencial de la votación en la Junta Parroquial Rural Shuar Pastaza, el 27 de mayo de 2026.
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Entre las decisiones del Consejo Nacional Electoral (CNE), las sentencias del Tribunal Contencioso Electoral (TCE) y la coyuntura nacional, el tablero partidista se ha reconfigurado para las elecciones seccionales 2027.
Primero llegó la cuestionada decisión de adelantar la jornada de votaciones tres meses, al 29 de noviembre de 2026. Le siguieron la sentencia del TCE que suspendió a la Revolución Ciudadana (RC), impidiéndole participar, y las resoluciones del CNE que cancelaron la vida jurídica de Construye y Unidad Popular (UP).
La premura para acortar el proceso electoral ha tenido impacto directo en la planificación de las organizaciones políticas de carácter nacional. Inicialmente debían inscribir candidaturas hasta el 19 de septiembre y ahora el plazo fenece el 17 de agosto. Pero antes, los procesos de democracia interna para seleccionar los candidatos deben ejecutarse entre el 18 de junio y el 2 de julio.
Esto complicó especialmente a las agrupaciones que quedaron fuera del Registro Electoral de Organizaciones Políticas para las seccionales. El movimiento Construye no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre su futuro, sobre si seguirá peleando por recuperar su vida jurídica, ni sobre si buscará tener candidatos auspiciados por otro partido.
Mientras tanto, Unidad Popular consiguió a último momento que el TCE acepte su apelación, el 3 de junio, lo que obliga al CNE a mantener su casillero en el registro y permitirle terciar en las seccionales. Así completarían la lista de 15 agrupaciones nacionales que podrán participar.
No obstante, el remezón más grande será consecuencia de la suspensión de la Revolución Ciudadana. La lista 5, con más estructura organizativa y experiencia en esquivar obstáculos legales, está resignada a que su bandera no conste en las papeletas de este año, aunque mantiene su lucha legal y anunció que acudirá a instancias internacionales de ser necesario.
Pese a ello, el correísmo confirmó ya contar con una tienda política que auspiciará a sus candidatos, aunque mantiene el sigilo para impedir, según sus argumentos, que haya una retaliación adicional que bloquee también la participación de esa lista.
Los datos históricos demuestran que ni Unidad Popular ni Construye (antes Ruptura) tienen influencia directa en los resultados electorales, pero la Revolución Ciudadana sí inclina la principal balanza de unas seccionales: las alcaldías.
Por ejemplo, sin alianzas, los partidos que más municipios consiguieron en 2023 fueron Pachakutik y el correísmo. Seguidos muy por detrás del entonces oficialismo, el movimiento Creo, que a la par perdió en el referendo que llevó a cabo Guillermo Lasso en la misma contienda.
Pero la diferencia radical entre los números del movimiento indígena y de la RC es que esta última se quedó con ciudades altamente pobladas y con elevada influencia política a escala nacional, como Quito y Guayaquil. Lo mismo sucedió con las prefecturas de Pichincha, Guayas y Manabí.
Y, debido a la reconfiguración del tablero electoral, ahora se espera un cambio en esos números.
La Revolución Ciudadana tendrá que terciar nuevamente bajo una bandera prestada, como lo hicieron ya en 2019. Esto inevitablemente tendrá un impacto en sus resultados, puesto que no contarán con su distintiva lista 5 y sus colores. A lo que se suman las pugnas internas y el alejamiento o salida de figuras clave, como Marcela Aguiñaga.
En el caso de Pachakutik, aunque lidere municipios más pequeños, seguía considerándose un actor importante en las votaciones locales, debido a su organización social de base, la Conaie. Sin embargo, después de la fallida convocatoria a un paro nacional (que se concentró en Imbabura y sus alrededores), las fricciones internas de la lista 18 y el desconocimiento de la Ecuarunari por parte del Ejecutivo, su fuerza electoral podría tambalear.
Todo esto abre una grieta para que otras organizaciones políticas, nuevas o reencauchadas, puedan pelear por esas alcaldías y prefecturas. Ese es el caso del movimiento Acción Democrática Nacional (ADN), plataforma partidista del presidente Daniel Noboa, que participará por primera vez en unas elecciones seccionales.
Pero el nuevo oficialismo tampoco llegará en un buen momento.
El Gobierno y su movimiento enfrentan un declive de su capital político, que se evidenció en la derrota del Mandatario en el referendo y consulta popular de noviembre de 2025. A lo que se suma el desgaste por los casos de corrupción y polémicas vinculadas a autoridades del Ejecutivo. Así como la notoria ausencia de cuadros que ha mantenido la organización desde su nacimiento.
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Este escenario podría ser aprovechado por otros partidos y movimientos, sin embargo, el desgaste generalizado de las agrupaciones políticas se reflejó en las últimas elecciones presidenciales de 2025, donde ADN y la RC concentraron el 88% de la votación.
Listas como Creo, Amigo, Partido Socialista, Futuro (antes Democracia Sí), Avanza, Sociedad Patriótica, SUMA, Pueblo Igualdad y Democracia (PID), Izquierda Democrática, Centro Democrático, RETO y recientemente el Partido Social Cristiano han demostrado no tener cuadros propios capaces de competir en elecciones.
Por lo que el que logre concretar una alianza con el correísmo podría dar la sorpresa en las próximas seccionales, abarcando el arrastre de los candidatos de la Revolución Ciudadana y siendo la principal competencia para ADN.
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