¿Cuáles son las proyecciones de los indicadores económicos de Ecuador para 2026?
Tras el impulso observado en 2025, la economía ecuatoriana entra en 2026 con un ritmo más moderado. La atención se desplaza desde el rebote hacia la sostenibilidad del crecimiento. ¿Cómo evolucionarán entonces los precios, el empleo, el sector externo y las finanzas públicas? Las proyecciones para los principales indicadores ofrecen algunas pistas.

Persona de negocios revisando el gráfico del mercado de valores
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En 2026, la economía ecuatoriana enfrentará una desaceleración en su ritmo de crecimiento. El Banco Central del Ecuador (BCE) proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1,8%, mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la CEPAL estiman tasas del 2,0% y 2,1%, respectivamente. El Banco Mundial es más optimista con un crecimiento de 2,5%.
De acuerdo con la Programación Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), en el mediano plazo (2026-2029) la economía ecuatoriana convergerá a un crecimiento de alrededor del 2,0% anual. En este escenario, el consumo privado se mantendrá como el principal soporte de la actividad económica, con un crecimiento promedio de 1,9%, mientras que el consumo del Gobierno crecerá de forma contenida, sin superar el 1,6% anual, en línea con la disciplina fiscal.
La inversión seguirá mostrando una trayectoria volátil y una contribución decreciente al crecimiento. En el sector externo, las exportaciones crecerán en promedio alrededor de 1,5% anual, aunque este efecto será parcialmente compensado por el mayor dinamismo de las importaciones. El escenario del MEF describe una economía menos volátil, pero donde el desafío central será impulsar una inversión sostenida que permita fortalecer la capacidad productiva.
¿Qué pasará con los precios?
El entorno inflacionario de Ecuador en 2026 estará marcado por un alza transitoria. Las estimaciones oficiales del MEF ubican la inflación anual promedio en 3,2%, mientras que el Fondo Monetario proyecta una inflación promedio de 2,8%. Este aumento marcará el punto más alto del período 2024–2029.
Según el MEF, el principal factor detrás de este repunte es la convergencia del precio del diésel hacia su precio internacional. Lo que incidirá en los costos de transporte y producción, generando efectos directos e indirectos sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC). No obstante, se trata de un choque temporal, cuyo efecto tenderá a disiparse conforme se absorba el ajuste y operen los mecanismos de compensación.
Tanto el MEF como el FMI coinciden en que, superado el ajuste de 2026, la inflación retomará una trayectoria descendente. Las proyecciones anticipan una moderación progresiva hasta 1,6% en 2027, 1,3% en 2028 y 1,2% en 2029, mientras que el FMI estima una estabilización en torno al 1,5% anual en el período 2027–2029. Estos niveles se ubicarían por debajo del promedio de los socios comerciales de Ecuador, lo que contribuiría a mejorar la competitividad.
El repunte inflacionario de 2026 se enmarca en una estrategia de consolidación fiscal y modernización de la política de subsidios, orientada a corregir distorsiones históricas sin generar desequilibrios. Según el FMI, la combinación de una inflación estructuralmente baja y disciplina fiscal refuerza la previsibilidad macroeconómica y favorece un crecimiento más ordenado en el mediano plazo.
Menos desempleo, pero el reto sigue siendo la calidad
Para 2026, el FMI proyecta que el desempleo se ubicará en 3,4%, una de las cifras más bajas de la región. Esta tendencia descendería de forma gradual hasta alcanzar el 2,8% en 2029. Sin embargo, estas cifras esconden un problema más profundo: el bajo nivel de empleo adecuado, es decir, personas con ingresos laborales iguales o superiores al salario mínimo y que trabajan igual o más de 40 horas a la semana.
En 2025, solo el 37,1% de la población económicamente activa (PEA) contaba con un empleo considerado adecuado. Esta situación afecta especialmente a jóvenes y mujeres, que enfrentan mayores barreras de acceso y condiciones más desfavorables en el mercado laboral. En respuesta, el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2029 establece una serie de metas orientadas a mejorar la calidad del empleo. Entre ellas, se propone elevar el empleo adecuado a 37,5% al 2029, reducir el desempleo juvenil del 9,2% al 8,3% y disminuir la brecha salarial entre hombres y mujeres del 16,7% al 14,8%.
Para alcanzar estos objetivos, el Gobierno ha previsto estrategias como el diseño de un Marco Nacional de Cualificaciones Profesionales, que permita vincular la formación técnica con la demanda del mercado laboral, así como el impulso de modalidades laborales flexibles dirigidas a jóvenes, pasantías, programas de orientación y certificación de competencias. También se plantean medidas específicas para promover la inclusión laboral femenina y erradicar el trabajo infantil, que aún afecta al 7% de niños y adolescentes.
Además, a partir de 2026 el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) implementará una nueva encuesta nacional de empleo que sustituirá a la ENEMDU. Este cambio metodológico actualizará el marco de muestreo, los dominios de estudio y los factores de expansión, con base en los datos del Censo de Población 2022. Esta transición impactará las series históricas y los indicadores laborales, por lo que se espera una reconfiguración de las estadísticas de empleo, alineadas con los nuevos objetivos del Plan Nacional de Desarrollo y los estándares internacionales de medición.
Ecuador mantiene su superávit en 2026, pero con menor peso petrolero
En 2026, el sector externo de Ecuador mantendría un superávit comercial impulsado por la expansión sostenida de las exportaciones no petroleras. El MEF estima que la balanza comercial alcance ese año un saldo positivo de aproximadamente USD 7.647 millones, lo que representa un aumento del 2,9% respecto a 2025.
El dinamismo externo se explica por la consolidación del sector no petrolero. Productos tradicionales como camarón, cacao y banano continuarán liderando la canasta exportadora. Asimismo, el sector minero será clave para sostener el superávit externo. En 2026, se proyectan exportaciones por encima de USD 3.900 millones, con precios internacionales favorables para metales como el cobre y el oro. No obstante, la expansión del sector dependerá del avance en proyectos estratégicos, que enfrentan retrasos por problemas de financiamiento, licenciamiento y conflictos socioambientales.
En contraste, el comercio petrolero mostrará señales de debilitamiento. La reducción en la producción de crudo y de posibles problemas logísticos como la rotura de oleoductos, limitará los volúmenes exportables, que se estabilizarán en torno a 111 millones de barriles anuales entre 2026 y 2029. Al mismo tiempo, la menor capacidad de refinación y el aumento de la demanda interna de combustibles incrementarán la dependencia de derivados importados, lo que reducirá el superávit petrolero a niveles inferiores a los observados históricamente.
Por el lado de las importaciones, el MEF proyecta una expansión en línea con la recuperación económica interna. En 2026, el valor total superaría los USD 30.000 millones, reflejando una mayor demanda de materias primas e insumos para la industria, así como bienes de capital, especialmente en los sectores agrícola e industrial.
Aunque la balanza comercial seguirá siendo positiva durante 2026, el perfil estructural del superávit cambiará. La participación del petróleo en las exportaciones totales continuará reduciéndose, mientras que el peso de los productos no petroleros, particularmente los agroindustriales y mineros, aumentará progresivamente. Este cambio, si bien mantiene el superávit agregado, también introduce mayor vulnerabilidad a shocks externos no energéticos, especialmente climáticos y regulatorios en los mercados de destino.
Sostenibilidad fiscal sigue en marcha
Tras años de desequilibrios fiscales, el Ministerio de Finanzas proyecta una recuperación gradual que permitirá pasar de un déficit del 0,1% del PIB en 2026 a un superávit del 1,4% en 2029. Esta evolución se explicaría por una combinación de mayor recaudación, control del gasto y mejor desempeño de sectores clave del Estado, como la seguridad social, los gobiernos autónomos y las empresas públicas.
Los ingresos del Sector Público No Financiero (SPNF) mostrarán una trayectoria ascendente, alcanzando el 37,2% del PIB en 2029. Esta mejora obedece principalmente al crecimiento esperado de los ingresos no petroleros, impulsados por el fortalecimiento de la recaudación tributaria. El impuesto al valor agregado (IVA) seguirá siendo el principal componente tributario, seguido por el impuesto a la renta.
En el ámbito del gasto público, el MEF menciona que se mantendrá una política de contención y eficiencia. El total de gastos del SPNF permanecerá en torno al 35,5% del PIB, con una composición donde los gastos permanentes representarán en promedio el 83% del total. Esta estructura permitirá sostener el funcionamiento del Estado, especialmente en áreas como salud, educación y seguridad, mientras se promueve una inversión pública focalizada en sectores estratégicos.
El gasto en intereses promediará el 2,3% del PIB, en línea con el perfil de vencimientos previsto. La mayor parte corresponderá a deuda externa, aunque se prevé una reducción progresiva del costo financiero gracias al acceso a mejores condiciones de financiamiento y al fortalecimiento del mercado local de deuda.
La necesidad de financiamiento del SPNF disminuirá de forma sostenida, bajando del 4,7% del PIB en 2026 a solo 1,7% en 2029. Esta mejora se explicaría por el equilibrio fiscal previsto y por una gestión prudente del endeudamiento. Las fuentes de financiamiento priorizarán recursos provenientes de organismos multilaterales, que ofrecen condiciones favorables en términos de tasas y plazos. Además, se retomará de forma gradual la colocación de bonos internacionales, mientras se fortalece el mercado doméstico como fuente clave de liquidez.
Según el MEF, la disciplina fiscal y el crecimiento ordenado permitirán al país consolidar su posición y generar las condiciones necesarias para una inversión más sólida y un desarrollo inclusivo.
¿Qué puede salir mal? Riesgos que podrían cambiar el rumbo económico
Aunque las proyecciones para Ecuador en 2026 y los años siguientes apuntan a una recuperación gradual y un entorno más estable, no están exentas de riesgos. El escenario previsto por el MEF depende de múltiples factores, tanto internos como externos, que podrían alterar la trayectoria económica.
A nivel internacional, el resurgimiento de tensiones comerciales podría encarecer importaciones y reducir la competitividad de exportaciones. Además, los conflictos geopolíticos en Europa del Este y Medio Oriente mantienen latente la posibilidad de disrupciones en el comercio global, especialmente en los mercados energéticos.
También preocupa la volatilidad de los precios internacionales de materias primas. Una caída repentina en el valor del petróleo o productos agrícolas como el cacao, café o flores reduciría el ingreso de divisas. A esto se suma el riesgo de condiciones financieras más restrictivas a nivel global, que dificultarían el acceso a crédito y encarecerían el financiamiento externo, justo cuando Ecuador planea volver a los mercados internacionales con colocaciones de bonos.
Internamente, la producción petrolera sigue siendo vulnerable. El cierre paulatino del Bloque 43 y posibles fallas en los oleoductos representan riesgos fiscales y externos. En la minería, los conflictos sociales y los retrasos en licencias ambientales podrían postergar proyectos estratégicos.
Por último, se suman factores sociales, climáticos y políticos que elevan la incertidumbre: la inseguridad, la tensión política y el riesgo de apagones pueden afectar la producción, el comercio y las decisiones de inversión.
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