Casa Ecuador se instala en un palacete de Madrid | La vitrina privada que busca atraer turismo e inversiones
Ecuador se toma un histórico palacete de 1934 en el exclusivo barrio de Salamanca, en Madrid, para convertirse durante tres días en la Casa Ecuador. La iniciativa privada, respaldada por la Embajada ecuatoriana en España, busca aprovechar la atención del Gran Premio de Fórmula1 para promocionar la gastronomía, la biodiversidad y la cultura del país.

La Casa Ecuador, en Madrid, abrirá del 10 al 12 de septiembre, en este palacete de 1934, ubicado en el barrio de Salamanca.
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MADRID. Ecuador se toma un palacete de 1934 en pleno barrio de Salamanca. Durante tres días —del 10 al 12 de septiembre—, coincidiendo en parte con el primer Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid, el edificio conocido como Villa Thiebaut se convertirá en la Casa Ecuador. La promesa es mostrar el país a través de sus sabores, su cultura y, sobre todo, su naturaleza. Detrás está Luis Felipe Fernández-Salvador y Campodónico, un empresario ecuatoriano que desde 2024 ostenta un título nobiliario español y que presenta este proyecto como una obligación familiar.
Para explicar por qué Fernández-Salvador siente que tiene una deuda con Ecuador, hay que retroceder casi dos siglos y llegar a su tatarabuelo, a José Fernández Salvador y López, un jurista quiteño que ocupó cargos al servicio de la Corona española y terminó presidiendo el Congreso Constituyente que aprobó la primera Constitución de Ecuador, en 1830. “Para mí es un deber histórico. Así lo siento”, dice el nuevo marqués. Y a esa mezcla de linaje, iniciativa privada y sentido de pertenencia le ha puesto el nombre de “soberanía civil”. “No hay que pedir permiso para hacer algo por tu país o por lo que consideres que eres parte de él”, afirma.
Fernández-Salvador, nacido en Guayaquil, en 1982, parece haber vivido varias vidas. Creció en una familia vinculada a Tesalia Springs, pero cuando reconstruye su historia no empieza por la empresa familiar, sino por su padre, Andrés Fernández-Salvador y Zaldumbide, un explorador obsesionado con encontrar el tesoro de Atahualpa que lo llevó desde adolescente a expediciones por los Andes y la Amazonía.
Esa historia familiar lo empujó hacia otra identidad. Bajo el apelativo artístico ‘Jamaicanoproblem’ se convirtió en cineasta y rodó 'A Son of Man', una película inspirada en aquella búsqueda familiar y seleccionada por Ecuador para competir por una candidatura a los Óscar. "Ese fue el seudónimo de un director de cine que nunca pretendí ser”, dice.
Y fue su padre quien antes de morir le dejó la misión de recuperar los títulos nobiliarios que sus antepasados rechazaron por razones personales relacionadas con “el hecho republicano”, es decir, por haber apostado al bando contrario a la corona española.
Cuando inició la reclamación, el marquesado de Lises estaba en manos de un pariente lejano, Francisco Alberto Ortiz de la Renta y Roca-Mattei, quien renunció a la dignidad para que el guayaquileño pudiera solicitarla por mejor derecho genealógico. En julio de 2024 y tras un par de años de trámites, el Boletín Oficial del Estado español publicó la orden para expedirle la real carta de sucesión como VI marqués de Lises, previo el pago de unos 2.000 o 3.000 euros. El nuevo marqués no pudo precisar la cifra durante la entrevista.
El título es una dignidad honorífica y no concede funciones públicas o diplomáticas. Fernández-Salvador, sin embargo, presenta el marquesado como una plataforma institucional y asegura que desde allí impulsó The Embassy of Nature (TEON), una organización con la que pretende emplear sus conexiones familiares, empresariales y aristocráticas para atraer dinero hacia proyectos. Su objetivo, dice, es “darle una representación a la naturaleza como un actor económico y político”.
Casa Ecuador nace dentro de ese universo. No es una embajada ni una dependencia del Estado ecuatoriano, sino una plataforma privada e itinerante que funciona como escaparate cultural, turístico y empresarial del país. TEON es su principal patrocinador y la Fundación Identidad Nacional actúa como brazo operativo vinculado a Ecuador. Después del cineasta aparece así el marqués: un hombre que ha convertido el título recuperado por petición de su padre en el centro de un proyecto que presenta como servicio a la república refrendada por sus antepasados.
La edición madrileña de este 2026 ofrecerá visitas guiadas de 45 minutos concebidas como una experiencia para los cinco sentidos, además de catas de chocolate y actividades con cocineros ecuatorianos asentados en España. El cacao, la gastronomía y la biodiversidad funcionan como puerta de entrada a un discurso más ambicioso: que la naturaleza se convierta en un activo capaz de atraer capital. “Con la Casa Ecuador particularmente lo que procuramos es crear una utilidad en términos de valor publicitario a favor del país para atraer turismo e inversión extranjera”, dice el marqués.
Este formato debutó en París durante los Juegos Olímpicos de 2024 y un año más tarde estuvo en Madrid, durante ARCOmadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, y viajó a Abu Dhabi al final del 2025, coincidiendo con el cierre de la temporada de Fórmula 1. Ahora regresa a la calle de Serrano, 95, con una agenda comprimida en tres jornadas y con la expectativa de aprovechar la atención internacional que concentra el estreno del circuito Madring.

Los cien millones sobre el papel
Tanto Fernández-Salvador como la embajadora de Ecuador en España, Wilma Andrade, presentan la repercusión mediática como el principal resultado de las ediciones anteriores. Andrade asegura que la aparición de Ecuador en revistas, periódicos y televisiones representa “alrededor de 100 millones de dólares”. Esa es la misma cifra que da el marqués en valor publicitario acumulado a favor del país. No se trata de dinero ingresado en las arcas ecuatorianas, sino de una estimación de cuánto habría costado comprar una exposición mediática equivalente.
A partir de esa cifra, Fernández-Salvador construye una proyección de 260 millones de dólares para Ecuador. Su cálculo supone que los 100 millones de dólares de valor publicitario equivalen a alcanzar a 100 millones de personas; estima que un 0,2% de ellas viajaría al país y multiplica esos 200.000 posibles visitantes por un gasto promedio de 1.300 dólares. El resultado es una hipótesis de retorno, no una medición de turistas efectivamente captados ni de divisas ya generadas.

Una iniciativa privada con respaldo público
La Embajada del Ecuador en España apoya el proyecto, aunque la iniciativa es privada y, según Fernández-Salvador no recibe financiación pública. La embajadora Wilma Andrade lo define así: “Esto es un proyecto privado, pero que implica una conexión con el Ecuador”. El papel de la legación consiste en “acompañar, darle institucionalidad al tema, participar de toda la programación y conectar también con nuestra gente aquí en España”.
Ese acompañamiento no es menor. La Embajada ayuda a armar la programación, propone invitados y conecta la casa con autoridades, empresarios, universidades, consulados y referentes de la comunidad ecuatoriana. Andrade dice que la idea es que esas personas, “que generan opinión”, conozcan algo más del país y lo difundan. “De esa manera, lógicamente, tenemos más oportunidades de turismo, ojalá de inversiones, ojalá de comercio”, señala.
Entre los invitados de la edición pasada hubo rectores de universidades españolas. La embajadora vincula su presencia con otro resultado de la gestión diplomática: la tramitación de más de 20.000 becas para cursos de formación continua y maestrías destinadas a ecuatorianos residentes en España. “Las becas no son un logro de Casa Ecuador, pero la legación pretende aprovechar el encuentro para reconocer a las instituciones que las ofrecieron y conectarlas con la comunidad migrante”.
La presencia diplomática reviste la iniciativa de legitimidad pública, pero los fondos proceden de donaciones dentro y fuera de Ecuador y sobre todo del fondo familiar de los Fernández-Salvador. “El más importante o más fiel es el fondo familiar, el fideicomiso que tenemos”, responde cuando se le pregunta por el principal donante de la iniciativa. A este núcleo se sumarían fundaciones y empresas que, en palabras del marqués, “ponen su grano de arena”.
Fernández-Salvador calcula que montar cada edición de Casa Ecuador cuesta entre cinco y siete millones de dólares, aunque admite que todavía no ha cerrado la contabilidad de la edición madrileña.
Una casa para el orgullo migrante
La Casa Ecuador cumple otra función para los más de 420.000 ecuatorianos que viven en España. “Queremos conectar con nuestra comunidad migrante, para que se sienta orgullosa de lo que somos los ecuatorianos”, explica Andrade. En la edición anterior, algunos visitantes se acercaron para agradecerle la experiencia. “Me dijeron: ‘Gracias por elevarnos la autoestima’. Eso es impagable’”.

La iniciativa no pretende contar la vida de esa comunidad migrante, pero sí ofrecerle una representación distinta de su país de origen. “Esto es para los ecuatorianos, sobre todo para los migrantes de segunda generación, porque algunos de ellos no conocen mucho Ecuador”, dice Andrade.
La alusión a esa segunda generación devuelve el relato a su punto de partida, a aquello que los padres transmiten a sus hijos. Los descendientes de los migrantes heredan la relación con un país que muchos conocen principalmente por los relatos familiares. Fernández-Salvador recibió otra clase de legado, hecho de títulos, expediciones y un deber histórico que asegura sentir hacia Ecuador.
El padre de Fernández-Salvador pasó buena parte de su vida buscando un tesoro oculto en la geografía ecuatoriana. El hijo, que vive entre Madrid, París, Estados Unidos y Ecuador, ha cambiado la búsqueda por otro empeño: sostiene que la riqueza está en la naturaleza, la cultura y la capacidad de convertirlas en capital. Para demostrarlo ha recuperado un marquesado español, ha creado una “embajada” sin Estado y ha colocado a Ecuador de manera temporal dentro de un palacete madrileño. Queda por comprobar si esa fórmula producirá los millones que proyecta, pero más allá de eso servirá para reunir las piezas de su particular herencia: la Corona, la república, el tesoro de Atahualpa y el país al que asegura deberle algo.
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