Casos de dengue aumentan en Ecuador, mientras el mosquito transmisor genera más resistencia a insecticidas
Investigadores advierten que el fenómeno de El Niño crea condiciones ideales para la reproducción del mosquito portador del dengue. Los insecticidas reducen su eficacia, mientras las medidas de prevención en la ciudadanía fallan.

Un trabajador realiza una fumigación durante controles de enfermedades vectoriales como el dengue en febrero de 2026 en la provincia de Guayas.
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Prefectura de Guayas
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Ecuador suma 28.652 casos de dengue en lo que va de 2026, según cifras del Ministerio de Salud Pública (MSP). Desde mediados de julio la cantidad de casos semanales reportada supera a los contagios semanales en el mismo periodo de 2025, mientras la resistencia a insecticidas crece.
El último informe de la situación epidemiológica del dengue elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), con datos hasta el 25 de julio, muestran que Ecuador es el único país en el que hay un aumento de casos de esta enfermedad.
Los casos reportados hasta el 25 de julio en Ecuador, según la OPS, aumentaron un 24% respecto a las semanas epidemiológicas previas.
Datos del MSP actualizados hasta el 15 de agosto muestran que por 11 semanas consecutivas, los casos de dengue reportados por semana superan a los registrados en 2025 en las mismas fechas desde el 31 de mayo.
A partir del 28 de julio, los contagios han rebasado por cinco semanas consecutivas incluso a los casos de 2024, año marcado por un fenómeno de El Niño y en el que hubo más registros de esta enfermedad en ese periodo en los últimos cinco años.
Posible subregistro de casos
Sin embargo, Esteban Ortiz, médico investigador y director del grupo One Health en la Universidad de las Américas, expone que podría haber un subregistro de los casos registrados, debido a la metodología ocupada por el sistema de salud público en Ecuador.
Un estudio hecho por Ortiz e investigadores de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, la Universidad San Francisco de Quito, la Universidad de Massachusetts y la Fundación Octaedro, apunta a que cerca del 40% de los casos de dengue severo o con signos de alarma no tenían confirmación en laboratorio en los últimos cinco años.
Además, apunta Ortiz, en el sector privado no hay recolección de datos y existen casos en los que personas infectadas con dengue no acuden a un médico, se automedican y luego presenten cuadros agravados.

Cambio climático y fenómeno de El Niño 'ayudan' al mosquito del dengue
Anita Villacís, investigadora principal del Centro de Investigación para la Salud en América Latina (CISEAL) de la Pontificia Universidad Católica de Quito y profesora de biomedicina, expone que si bien hasta hace unos años se pensaba que el dengue era una enfermedad netamente tropical, investigaciones recientes evidencian que el mosquito transmisor, el aedes aegypti, ahora está presente en zonas en las que anteriormente no había la temperatura o el clima óptimo para que viva.
"Por eso se comienza a ver estos signos de alarma, porque donde hay el mosquito, este tranquilamente va a proliferarse", dice la investigadora.
Villacís pone sobre la mesa dos aspectos ambientales y uno de carácter humano que deben ser considerados cuando se mira el aumento de casos de dengue. Los dos primeros son el cambio climático y los efectos del fenómeno de El Niño. El tercero es la falta de costumbre por parte de la población de deshacerse de las aguas estancadas al aire libre.
"El cambio climático ha hecho que aumente hasta en 2° C la temperatura que teníamos anteriormente hace 20 o 30 años en algunos lugares. Ese aumento de temperatura junto con el aumento de las lluvias crea un entorno adecuado para la proliferación del mosquito", cuenta Villacís.

Pero este cambio de las condiciones climáticas también ha disminuido en uno o dos días el promedio de vida de los mosquitos, que generalmente es de 15 días. Eso, sin embargo, también implica que la reproducción del mosquito se acelera, y con ello la transmisión del virus del dengue, añade la investigadora.
En una línea similar, Jaime Acosta, profesor e investigador de la Universidad Internacional SEK del Ecuador, apunta a que durante los fenómenos de El Niño aumentan los criaderos de mosquitos, es decir los puntos de agua estancada.
En 2024 Acosta y un grupo de investigadores de la PUCE e instituciones y hospitales de otras 16 naciones advertían que entre las causas para que ese año fuera en el que más se registraron casos de dengue en América estaba no sólo el cambio climático, sino también la urbanización de nuevas áreas sin una adecuada planificación en servicios públicos básicos.
En ese año, Ecuador y otros países de la región vivieron los impactos de un fenómeno de El Niño que fue menos fuerte de lo previsto.
Insecticidas menos eficaces
Una de las estrategias adoptadas ampliamente para el control de vectores es el uso de insecticidas, pero el Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (INSPI), según la última gaceta de resistencia los insecticidas, con corte a junio de 2025, muestra que el aedes aegypti tiene un 91,5% de resistencia a la deltametrina en Ecuador, y del 62% al larvicida temefos.
El insecticida al que los mosquitos aedes aegypti son más susceptibles es el malatión, con 31,25% de resistencia hasta junio pasado. Pero la susceptibilidad ha disminuido desde 2024, pues hasta diciembre de 2024 la resistencia a este producto era del 15,91%.
Un estudio de investigadores de la Texas A&M University publicado en octubre de 2025 señala que el genotipo que está asociado a la resistencia a la deltametrina ha sido encontrado en más del 90% de las ciudades de Centro y Sudamérica.
"Estamos en una guerra, biológicamente hablando. Cada individuo animal e insecto que está en un ambiente va a intentar sobrevivir. Los mosquitos han desarrollado mecanismos para que estas sustancias químicas, que antes los mataban, dejen de matarlos. Hay estudios que muestran que no solo en Ecuador, sino en el mundo, los mosquitos responden menos a estos insecticidas. Entonces tenemos dos problemas, el primero es que no solucionamos todo con la fumigación, y el segundo es que vemos índices de resistencia importantes", dice Acosta.

Tanto Villacís como Acosta apuntan a que los esfuerzos no deberían enfocarse tanto en las estrategias de fumigación (que suele generar más confianza en la población al ser algo visible), sino en educar a la gente para que no tenga en sus hogares puntos de agua estancada que puedan servir de criaderos para el mosquito aedes aegypti.
Parte del argumento que dan los dos investigadores es que diversos estudios han demostrado que el malatión tiene efectos adversos en humanos como dolores de cabeza, vómito, problemas en la piel e incluso cáncer. A su vez, las cantidades seguras para ocupar deltametrina son bajas, pero cada vez es necesario un volumen mayor de este producto para matar a los mosquitos.
Acosta añade que con los ciclos de reproducción acelerados de estos insectos, es más probable que el gen que les permite sobrevivir a los insecticidas se pueda reproducir con más facilidad.
PRIMICIAS solicitó al INSPI la gaceta correspondiente al periodo de julio-diciembre de 2025. El instituto asegura que tiene la información de ese periodo pero que por "motivos administrativos" no se ha publicado en la página del MSP.
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