Marimba y orgullo afroecuatoriano en París: la lucha vital de María de Lourdes Valencia para proteger a los suyos y mantener sus raíces en la capital francesa
La Asociación cultural La Tolita de París, fundada por esta migrante esmeraldeña, trabaja en redes de apoyo y capacitación a ecuatorianos y latinoamericanos.

María de Lourdes Valencia, fundadora de la Asociación La Tolita de París, Francia
- Foto
Cortesía de María de Lourdes Valencia
Autor:
Randy Nieves-Ruiz
Actualizada:
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PARIS. - En el corazón de París, la Asociación La Tolita preserva el latido de la marimba, la gastronomía esmeraldeña y los saberes ancestrales de Ecuador, y detrás de esta vitrina cultural se encuentra María de Lourdes Valencia, una trabajadora social que lidera una red de apoyo comunitario impulsando actividades que transforman la nostalgia de la diáspora en herramientas de emprendimiento e inclusión económica en Francia.
Concebida inicialmente en 2002 como un grupo de bailes ecuatorianos como la marimba esmeraldeña, La Tolita se ha convertido en un refugio cultural, psicológico y profesional para sus miembros y la comunidad latinoamericana en Francia.
Valencia nació en el seno de una familia marcada por la música, dice, de padre guitarrista y madre bailarina. Su madre es Elis María Lerma, quien “creó la primera escuela de marimba en Esmeraldas, antes que nacieran los grupos Jolgorio, Petita Palma y todos los otros grupos”, afirma.
Llegó a París hace 26 años procedente de Esmeraldas, para estudiar una maestría en Trabajo Social, con un título de la Universidad Técnica Luis Vargas Torres y experiencia como maestra y profesora universitaria, pero sin hablar francés.
“Nunca había estudiado francés”, cuenta, pero “como venía siendo maestra de la universidad, de las dos universidades de mi ciudad (…) tenía la metodología y la pedagogía de aprendizaje”.
“Comencé a autoprepararme, a autoeducarme en el francés. Lo primero que hice fue aprender a leerlo, aprender a contar los números y después se me hizo difícil para la comunicación porque en mi casa se hablaba era español”, explica, “y el entorno en el que yo llegué aquí fue con el mundo latino”.
El origen parroquial de "Piel de Tambores"

Su primer punto de anclaje social en París y el verdadero germen de su proyecto comunitario se dio en un entorno religioso y multicultural en una iglesia española en el distrito 16 de París, donde había personas de todos los países de América del Sur y también franceses.
“Comencé a hacer difusión cultural porque era la única manera de integrarme aquí. Con mi cultura, con mi identidad afroecuatoriana”, recuerda.
Tras una invitación de las hermanas religiosas a que cada persona compartiera algo de su cultura en un evento dominical después de la misa, a Valencia se le ocurrió presentar algo de la marimba que aprendió desde la cuna.
“Siendo maestra de baile, siendo bailarina después de los cuatro años, me presenté”, recuerda.
“Yo vengo de una familia con valores y también aportando la cultura de mi pueblo y es así que hablé con las monjas y les solicité si me podían dar una sala para formar una escuela de marimba aquí en París”, y así nació su primer grupo, Piel de Tambores, hacia el año 2000.
El grupo partió “con todas las chicas que venían ahí a la misa y todo el mundo después me dijo, ‘ah, yo quiero formar parte del grupo’. Entonces formé ese grupo con franceses, mexicanos, había de las Antillas, ecuatorianos de Quito, de Esmeraldas solamente era yo”.
Sus tres hijos (dos de graduados en Bellas Artes y una hija cantante) llegaron luego a París y también se unieron al grupo.
Del linaje ancestral al amparo legal

La Tolita se forma oficialmente en 2002 para darle protección formal a sus integrantes, por ejemplo, en caso de alguna lesión durante el transcurso de sus presentaciones.
Las asociaciones civiles son un pilar de la vida ciudadana en Francia, donde hasta 2024 había 1,5 millones de asociaciones activas con más de 12,5 millones de voluntarios y 1,9 millones de asalariados, según cifras oficiales.
En cuanto al nombre de la asociación, Valencia explica que escogió La Tolita porque representa a su provincia de Esmeraldas.
“Es una corriente de una cultura que viene de Tumaco, Colombia. Es la cultura Tumaco, Tolita, Pampa de Oro, Atacames, la cultura manteña, de Manta, Manabí”, explica. “Mi familia viene de esa región”, agrega, “en el cantón Río Verde”.
“Vengo de una familia (..) que conserva un museo de arte precolombino de la cultura La Tolita” en la playa África del cantón Río Verde, que se llama Museo San Rafael, especifica.
Talleres y diplomacia: el motor del autoempleo
Con los años, el amparo legal de la organización dio paso a una red de contención mucho más amplia. Hoy, La Tolita canaliza la nostalgia del desarraigo a través de talleres autogestionados de costura, pintura al óleo y proyectos gastronómicos organizados en colaboración con la embajada ecuatoriana en París.
Estas actividades sirven como herramientas de capacitación técnica y emprendimiento para que los migrantes ecuatorianos y latinoamericanos puedan generar sus propios ingresos y agilizar su inserción laboral en el sistema francés.
El choque con los prejuicios eurocéntricos

Sin embargo, este proceso de integración no está exento de tropiezos con los prejuicios culturales de la sociedad francesa.
Valencia ha sentido que, desde una perspectiva eurocéntrica, las manifestaciones de identidad latina suelen ser encasilladas bajo una etiqueta de "folclore" local, despojándolas de su significado profundo.
En festivales en Francia, por ejemplo, dice que es común que personas se refieran a los tradicionales vestidos afroecuatorianos como disfraces, como si fuesen vestuarios para un espectáculo de danza.
“La danza clásica es en Europa”, recalca Valencia. “Cuando nosotros bailamos y nos vestimos con nuestros atuendos de identidad cultural, nos dicen aquí que nos disfrazamos, pero nosotros no nos disfrazamos, no nos transformamos ni nos metemos en un personaje. Nosotros manifestamos nuestra identidad cultural”, manifiesta.
Desmitificar el "sueño europeo"

Esta incomprensión de los códigos culturales es apenas el primer peldaño de una realidad migratoria que suele ser mucho más compleja de lo que se imagina en los países de origen.
Apoyada en su experiencia en trabajo social, Valencia busca desmitificar el idealizado "sueño europeo", advirtiendo sobre la enorme frustración, la depresión y la precariedad económica que golpean a quienes deciden emprender el viaje a Europa de manera indocumentada o sin una planificación rigurosa.
La líder comunitaria describe un escenario invisible en las redes sociales, donde todo es felicidad y éxito: profesionales de diversas ramas que terminan en la absoluta informalidad en París debido a las severas barreras burocráticas e idiomáticas del país.
Explica que en Francia, incluso las oportunidades laborales más tradicionales, como la limpieza de hogares o el cuidado de adultos mayores, se encuentran fuertemente reguladas por empresas que exigen formación técnica previa y estatus legal.
Por ello, insiste en que emigrar a un país como Francia no debe ser producto de un acto improvisado, sino que requiere planificación.
La preparación académica es una de las vías más seguras para lograrlo, dice.
Los jóvenes “que tienen ilusión de venir acá que sea directamente con una visa de estudio. Que traigan un propósito”, aconseja, “con una visa de estudio ellos pueden venir y trabajar 20 horas”.
“Si son jóvenes de 17, 18 años que recién tienen su bachillerato, venir a continuar su formación, pero aventurarse” sin plan y sin red de apoyo, explica, es un boleto casi seguro a la exclusión social.
A más de dos décadas de aquel primer encuentro parroquial, La Tolita demuestra que el arraigo no se pierde con la distancia, sino que se transforma en un motor de autogestión.
Al tender puentes entre los saberes de Esmeraldas, la sociedad y el mercado laboral francés, la labor de Valencia trasciende la preservación artística y se ha convertido en una guía indispensable para navegar la migración y en la prueba de que una comunidad puede proteger a los suyos lejos de casa, un taller y un golpe de tambor a la vez.
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