Entre "magnífico" y "nunca se usan", padres ven las fortalezas y debilidades de las plataformas digitales en escuelas y colegios
Unos padres de familia lamentan que las plataformas digitales que tienen sus hijos en los colegios no siempre son usadas, mientras que otros ven de buena manera la digitalización de la educación.

Un grupo de estudiantes ocupa una plataforma digital durante una clase, en diciembre de 2025.
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Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
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De a poco, los cerca de 1,7 millones de estudiantes del régimen Sierra-Amazonía vuelven a las aulas en Ecuador, algo que para padres de familia implica gastos en libros escolares, uniformes pensiones y matrículas -en el caso de instituciones particulares o fiscomisionales- y plataformas digitales variadas.
Este último apartado, el de las plataformas digitales, empezó a tomar fuerza en medio de la pandemia por Covid-19, debido a la obligatoriedad de llevar clases de manera virtual. Entonces, según recuerda Adriana Cisenros, una madre de familia, estos sistemas virtuales "eran horribles".
"No funcionaban, se caían, la información no se subía, la comunicación no llegaba, pero pasaron unos años y todo ya fue magnífico", dice esta ciudadana, que destaca que con estas herramientas ahora puede estar más al tanto de las actividades escolares y asistencia de sus tres hijos, así como de las comunicaciones de la institución.

Sin embargo, no todos los padres tienen la impresión de Adriana cuando hablan sobre las plataformas digitales que se ocupan actualmente en las escuelas y colegios en Ecuador.
"En la anterior escuela que estaba mi hija, hasta el año pasado, nos pedían que hagamos un pago de servicios a terceros, justamente por la plataforma. Costaba USD 100 y te cubría 10 meses, pero fue raro porque nunca utilicé ese servicio. Ahora, está en una escuela en la que todo es físico, que es mucho mejor", dice Nazca Ouedraogo, una madre de familia a PRIMICIAS.
Según cuenta esta ciudadana, ese pago se supone era para una plataforma para gestionar pagos, ver las notas, recibir notificaciones de docentes y seguir el rendimientos escolar de los niños.
"Nada tenía que ver con los libros". También recuerda que en ese plantel les había cobrado por unos libros virtuales. "Pero mi hija nunca utilizó esos libros", reclama.
Un relato parecido tiene Ángel Jaramillo, quien dice que el año pasado pagó USD 150 en libros. "Se supone que los libros que compramos vienen con plataforma, pero nunca se usan", lamenta este padre.
Cobros y detalles variados
En este sentido, no existe un mínimo o estándar de plataforma que debe ser ocupados en los planteles en Ecuador. Hay planteles particulares, por ejemplo, que ocupan tres plataformas digitales, cada una por un costo de entre USD 20 y USD 40.
Otros, en cambio, no desglosan el cobro de las plataformas sino que lo incluyen en los rubros de la pensión o matrícula.
Uno de los momentos en el que las escuelas o colegios están obligados a detallar qué plataformas ocupan y sus costos es cuando solicitan al Ministerio de Educación un aumento de la pensión o matrícula bajo la figura de inversión en recursos educativos y tecnológicos.

Algunas, como en el caso del colegio en el que Adriana tiene a sus hijos, ofrecen un ecosistema completo para los asuntos académicos, administrativos y financieros.
Otras están limitadas para ver actividades y subir tareas por internet.
Y otras, en cambio, se enfocan en desarrollar habilidades de destreza mental y mantener un registro de la salud mental o emocional de los estudiantes.
En ciertos casos, estas plataformas también son de uso obligatorio para completar la matricula de los estudiantes, sin que el pago sea suficiente.
¿Libros digitales vs libros físicos?
En ocasiones, además de las plataformas digitales que tiene cada plantel, los estudiantes realizan actividades en libros virtuales, o plataformas asociadas a los libros físicos que se compran. Pero la experiencia de los padres que han comprado este libros es variada y en ocasiones denota frustración.
Padres como Esteban Del Corral, cuya hija pasó a tercero de básica, reconocen la importancia de incorporar más tecnología en las aulas, especialmente porque forma parte de la vida cotidiana de los adultos. Sin embargo, considera que hay ciertas actividades para las que preferiría que su hija utilizara libros físicos en lugar de plataformas digitales.
Uno de los escenarios en los que Esteban rescata el uso de recursos digitales es cuando hay actividades interactivas, pero recuerda que el año pasado tuvieron que comprar un libro físico y un libro digital de robótica, pero este último "no se ocupó nada, o casi nada", dice este padre, quien añade que no era posible comprar únicamente el libro físico.

Liliya Harutyunyan, madre de un adolescente que entra a 3ro de Bachillerato, dice que no cree en la educación totalmente digital, pero reconoce que en el siglo 21 no sería posible seguir sin estas herramientas.
De todas formas, hay algunos aspectos que no convencen a Liliya. Uno de ellos es que, por ejemplo, el año pasado notó que el libro de inglés de su hijo regresó "en blanco", "enterito".
"Le digo '¿qué pasó aquí?', y dice 'ah, no, nunca usamos el libro'. ¿Entonces para qué pagué? porque los libros cuestan bastante, y me dice 'estábamos haciendo tareas en la plataforma'", relata esta madre.
Según la Carta de la UNESCO para las Plataformas Públicas de Aprendizaje digital publicada en 2026, que hay "plataformas digitales usadas en educación que son desarrolladas y distribuidas por corporaciones privadas con fines de lucro, que "originalmente no fueron diseñadas con propósitos pedagógicos o crecimiento educacional, sino para la productividad, la comunicación general y a retención del usuario".
El organismo internacional, además, añade que a la vez que estas herramientas han "introducido importantes avances", también pueden "introducir barreras al acceso" a la educación, además de tratar a los estudiantes y profesores como "consumidores, estableciendo una depentendcia técnica a largo plazo".
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