Endeudados, pero felices por ir al Mundial y seguir a la Tri en Estados Unidos: 'Las cuentas te llegarán después, pero lo vivido se quedará para siempre'
Algunos utilizaron su décimo tercero. Otros financiaron el viaje con millas acumuladas durante años o recurrieron a tarjetas de crédito y regresarán a Ecuador con una deuda pendiente. Detrás de las camisetas amarillas que llenan los estadios del Mundial hay historias de sacrificio económico, planificación y sueños que llevaban décadas esperando cumplirse.

Ronald Coque (centro) se reunió en Filadelfia con amigos de Balzar a quienes no veía desde hace años. Aquí con la bandera de su cantón, uno de los momentos más especiales de su viaje.
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NUEVA YORK. Más de 1,2 millones de visitantes llegarán a Nueva York y Nueva Jersey durante el Mundial 2026, según un estudio de Tourism Economics elaborado para el Comité Organizador de la sede. La investigación estima que el torneo generará unos USD 3.300 millones en actividad económica para hoteles, restaurantes, transporte y comercios. La cifra ayuda a explicar por qué encontrar alojamiento, moverse entre ciudades o simplemente comer cerca de los estadios se ha convertido en un desafío para miles de aficionados.
Ronald Coque, nacido en Balzar, hizo cuentas varias veces antes de comprar el pasaje. Revisó sus ahorros, destinó parte de su décimo tercero y aceptó que durante algunos meses tendría menos margen económico. El presupuesto final superó los USD 5.500 dólares. “Para mí no era una decisión menor y tampoco era un viaje cualquiera”.
Tenía 11 años cuando vio el Mundial de Estados Unidos de 1994 por televisión. Desde entonces se prometió que algún día asistiría a una Copa del Mundo. Treinta y dos años después decidió cumplir esa promesa.
Durante nueve días, Ronald fue sumando gastos y como muchos aficionados descubrió rápidamente que el Mundial puede ser mucho más caro de lo que parece cuando se observan únicamente los precios de las entradas.
El pasaje aéreo le costó alrededor de USD 1.200 dólares. Solo la entrada para el partido de Ecuador, adquirida en reventa, llegó a los USD 1.010. Otra entrada para el encuentro entre España y Cabo Verde le costó cerca de USD 600. A eso se sumaron siete noches de alojamiento que, entre Manhattan, Washington y Filadelfia, representaron aproximadamente USD 1.800.

Los traslados tampoco fueron menores. Calcula que gastó unos 500 dólares en taxis y aplicaciones de transporte. En una ocasión prefirió quedarse a casi diez cuadras del estadio de Filadelfia para ahorrar dinero y completar el trayecto caminando. Otra noche durmió en el aeropuerto de Miami para evitar pagar alojamiento antes de tomar un vuelo temprano hacia Nueva York.
La comida fue otro recordatorio constante de cuánto puede costar seguir a una selección en Estados Unidos. Ronald calcula que gastó cerca de 70 dólares diarios en alimentación. Un encebollado que en Ecuador puede costar tres dólares llegó a encontrarlo por 19 dólares. Una botella pequeña de agua costaba cinco dólares y una cerveza dentro del estadio alcanzaba los 18 dólares.
Como si fuera poco, el mal tiempo provocó la cancelación del vuelo que debía llevarlo desde Filadelfia hasta Atlanta para asistir al partido entre España y Cabo Verde. La aerolínea prometió reembolsar el pasaje, pero las entradas que había comprado para el encuentro quedaron perdidas.
“Uno hace números antes de viajar, pero cuando está acá siempre aparece algo más”, resume.
Aun así, asegura que el dinero terminó siendo lo menos importante. Durante el viaje se reencontró con un amigo de la infancia al que no veía desde hacía casi treinta años. Compartieron el partido, recordaron historias de juventud y celebraron juntos haber llegado a un Mundial después de décadas de espera.
Pero el momento que realmente justificó los más de USD 5.500 invertidos llegó minutos antes del partido. Mientras sonaba el himno ecuatoriano en el estadio de Filadelfia. “Ese momento pagó el viaje. No pude contener las lágrimas. Había esperado 32 años para vivir ese instante”, recuerda.

Pocos días después regresó a Guayaquil porque el trabajo lo esperaba. Pero volvió con la sensación de haber cumplido una promesa que llevaba más de tres décadas pendiente.
Más que unas vacaciones
La experiencia de Cecilia Rosero y su esposo siguió un camino distinto.
Comenzaron a planificar el viaje meses atrás, prácticamente desde que la FIFA abrió la venta de entradas. Compraron boletos con anticipación, utilizaron millas acumuladas durante años y aprovecharon programas vacacionales y casas de familiares para reducir algunos costos.
Aun así, estiman que el presupuesto final no supera los USD 5.000 entre ambos. “Lo consideramos nuestras vacaciones”, explica.
Para ellos, sin embargo, el Mundial no ha sido solamente una experiencia deportiva. En cada ciudad donde juega Ecuador se han encontrado con amigos que viven en distintas partes de Estados Unidos. Algunos llegaron desde Nueva York, otros desde Nueva Jersey y otros viajaron desde estados más lejanos únicamente para acompañar a la selección.

El torneo terminó convirtiéndose en una especie de punto de encuentro para la diáspora ecuatoriana.
La planificación permitió ahorrar en vuelos y hospedaje, pero no evitó las sorpresas.
Dentro de los estadios los precios les recordaron constantemente que estaban asistiendo a uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. La compra más comentada del viaje fue también una de las más pequeñas: dos botellas de agua y una porción de papas fritas por 22 dólares. “Creo que ha sido lo más escandalosamente caro que hemos pagado”, cuenta entre risas.
Más allá de los gastos, recuerda especialmente la emoción de compartir tribuna con miles de ecuatorianos y observar cómo algunos aficionados de Costa de Marfil compraban camisetas de Ecuador al terminar el partido.
Aunque debe regresar al finalizar la fase de grupos, sigue convencida de que la selección avanzará. “Me voy con pena porque creo que Ecuador seguirá adelante”, dice.
La factura del Mundial
Carlo Cuenca sabía desde el principio que el viaje pondría a prueba sus finanzas. Originario de Portoviejo, residente en Quito y vinculado al sector turístico, comenzó a planificar su aventura mundialista desde noviembre. Cuando fue favorecido en el sorteo de entradas entendió que la oportunidad era demasiado buena para dejarla pasar.
Lo que no imaginó fue el tamaño de la factura. Hasta ahora calcula que gastará entre 5.000 y 5.500 dólares durante apenas ocho días en Estados Unidos. Aproximadamente la mitad salió de sus ahorros. El resto proviene de tarjetas de crédito que seguirá pagando cuando regrese a Ecuador. “Voy a regresar endeudado”, admite.

Los números ayudan a entender por qué. Un hostal llegó a costarle cerca de 200 dólares por noche. Cada comida oscila entre 20 y 25 dólares. El siguiente desplazamiento para acompañar a Ecuador en Kansas añadirá aproximadamente 500 dólares más al presupuesto. A eso se suman vuelos, autobuses, trenes, alojamiento y gastos cotidianos que parecen pequeños, pero terminan multiplicándose durante una semana de viaje.
Su ruta tampoco fue sencilla. Salió desde Quito, hizo escala en Medellín, pasó por El Salvador y aterrizó finalmente en Nueva York. Desde allí continuó hacia Nueva Jersey y luego tomó un autobús rumbo a Filadelfia. En el camino se encontró con otros ecuatorianos que estaban realizando sacrificios similares para seguir a la selección.
Hubo también dificultades inesperadas. El idioma le jugó una mala pasada y terminó perdiendo un autobús por no comprender correctamente las indicaciones. Los elevados precios del hospedaje y la alimentación tampoco ayudaron a mantener el presupuesto bajo control.
La derrota frente a Costa de Marfil fue otro golpe difícil de asimilar. Después de tantos meses de planificación esperaba una celebración diferente. Sin embargo, cuando recuerda el viaje, las cifras dejan de ocupar el centro de la conversación.
Habla del ambiente en las calles, de los ecuatorianos llegados desde distintos rincones del país y de la sensación de escuchar el himno nacional junto a miles de compatriotas. “Es algo que nadie debería perderse en la vida”, afirma.
Las historias de Ronald, Cecilia y Carlo son distintas, pero todas comienzan con una misma pregunta: cuánto cuesta seguir a Ecuador en un Mundial. La respuesta, al menos para ellos, ronda entre los 5.500 y 6.000 dólares.
“Las cuentas, te llegarán después, pero lo vivido se quedará para siempre”. dijo Ronald.
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