Así vive una profesora jubilada en la Venezuela gobernada por Delcy Rodríguez con una pensión de USD 1,50 al mes
Esta es la historia de una pensionista venezolana, que sobrevive con ingresos salariales que se devalúan de manera acelerada, en un país con una de las inflaciones más altas del mundo.

Ciudadanos compran carne en un supermercado, ubicado en el estado Miranda, Venezuela, el 8 de abril de 2026. Los precios en la vitrina se reflejan en dólares. Imagen referencial.
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PRIMICIAS
Autor:
Desde Caracas. Patricia González
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Carmen Sánchez, de 72 años, prestó 27 años de servicio al Estado venezolano como profesora de un liceo público en Caracas. Desde hace 23 años está jubilada, pero su pensión jubilar de educadora, 788 bolívares o poco más de USD 1,50 al mes, a la tasa del Banco Central de Venezuela (BCV), no le alcanza ni para comprar un litro de leche.
La pensión de Carmen fue pulverizada por la acelerada pérdida de valor de la moneda venezolana frente al dólar, durante las últimas dos décadas, en una economía con una de las inflaciones más altas del mundo; solo en el primer trimestre de 2026 alcanzó una tasa acumulada de 71,8%, según el BCV.
Como consecuencia de la hiperinflación que atravesó Venezuela entre los años 2017 y 2021, los precios de los productos y servicios están dolarizados, al menos de manera referencial.
Así que antes de comprar comida o pagar un servicio, Carmen revisa en cuánto está el dólar a la tasa de cambio oficial o en el mercado paralelo, para calcular si le alcanzará para pagar con los bolívares que tiene en la cuenta. El monto en bolívares depende de la tasa de cambio que imponga el comercio.
Además de su pensión de educadora jubilada, Sánchez cobra la pensión del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), que es aún más ínfima que la de educadora: 130 bolívares al mes, equivalentes a menos de O,30 centavos de dólar. Como viuda, desde hace dos años, también recibe la pensión jubilar de su esposo, que equivale a unos USD 2.
Un bono que tampoco alcanza
Con pensiones simbólicas que no aumentan al ritmo de la galopante inflación, los pensionistas en Venezuela dependen para sobrevivir del bono Contra la Guerra Económica, que para los jubilados de la administración pública ronda está entre USD 130 y 150 (pagados en bolívares). Para personas que cotizaron a la seguridad social de manera voluntaria o quienes reciben una pensión por vejez sin haber cotizado, el bono es el más bajo: USD 50.
El bono Contra la Guerra Económica, que también reciben los trabajadores públicos activos, es un mecanismo creado por Gobierno de Venezuela para indexar el ingreso de los trabajadores al valor del dólar, evitando los pasivos que implicaría realizar incrementos salariales y de pensiones reales. Sin embargo, esta estrategia tampoco ha funcionado para sostener el poder adquisitivo de los venezolanos, ante el rápido incremento de los precios.
Carmen recibe el monto equivalente a USD 150 en bolívares (según la tasa oficial del BCV), una vez al mes. Una parte de ese dinero, cerca de USD 60, lo destina al pago de servicios básicos del hogar: alícuota del condominio, luz, aseo e Internet. Sentada en la mesa del comedor de su casa, intenta explicar con ayuda de una hoja como el valor de la alícuota va subiendo en bolívares, según la fecha en que se cancele y el valor al que esté el dólar ese día, a la tasa oficial.
Aunque ese ingreso adicional es una ayuda, Sánchez lo que que anhela es que su pensión jubilar vuelva a valer. "A nosotros, no nos interesan los bonos, lo que queremos es un sueldo digno, como lo teníamos antes, cuando cobrábamos un salario acorde a lo que cada quién se preparó y trabajó, más nada. Luego la gente se jubilaba y recibía su jubilación. No necesitábamos de una ayuda".

Todo sube muy rápido
Sobre el dinero que destina a las compras del mes, Carmen no logra atinar con una cifra realista, solo tiene certeza de que no le alcanza porque todo sube de precio muy rápido. "Hacer mercado es un desastre. Uno ya no compra carne como antes, ahora vas midiendo qué puedes llevar. Con las verduras y frutas es igual. Si no me alcanza, empiezo a quitar cuando voy a pagar", cuenta.
En un supermercado de Venezuela, un pollo entero de unos 2,5 kilos puede costar USD 10; la cubeta de huevos, USD 6,30; mientras un litro de leche líquida de larga duración, entre USD 3 y 4.
A marzo de 2026, el costo de la cesta básica de alimentos en Venezuela, es decir, lo que requiere una familia de cinco integrantes para alimentarse, se ubicó en USD 692,32, según el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), organización referente en el reporte de este dato, ante la falta de información oficial.
"¿Por qué uno está sobreviviendo? Porque llegó un momento en que tienes que priorizar qué comprar, según lo que más necesites al momento. El problema es que entonces viene la desnutrición y el deterioro de la salud. Por ejemplo, si compras medicamentos, no puedes comprar todo lo que quieres comer. La salud va empeorando, porque dejas de comprar ciertas medicinas por la misma situación", comenta Carmen, lamentándose de la situación económica que viven los pensionados.
Carmen es hipertensa y todos los días debe tomar un medicamento para controlar su presión arterial. La caja le dura 15 días y le cuesta cerca de USD 8. Además, sufre de artritis, pero esos medicamentos los suspendió porque se encarecieron mucho. Para disminuir los dolores, toma magnesio.

La familia, una red de apoyo
La única hija de Carmen emigró a Chile hace siete u ocho años. Su hija también es un apoyo económico para ella, en especial luego de la muerte de su esposo. Al mes, le deposita cerca de USD 50, que le ayudan para comprar medicinas o completar el mercado. Adicionalmente, cada vez que se ven, su hija le entrega una suma mayor, que Carmen procura reservar para emergencias. La última vez que se vieron fue en 2025, cuando pasó una temporada en Chile visitando a su hija.
Al momento de esta entrevista, Sánchez estaba por operarse de cataratas en los dos ojos, en un hospital público de Caracas, donde debía cubrir todo el gasto de insumos. "Ya he gastado cerca de USD 350 en insumos, pero aún falta. Calculo que voy a gastar unos 600 dólares, contando los lentes. Te cobran todo: el kit oftalmológico, compresas, gasas, jeringas, ampollas, suturas; hasta la bata y el gorro que yo voy a usar".
Carmen logró reunir el dinero para comprar los insumos con ayuda económica de familiares. "Por eso hay gente que esperan años para operarse, porque no tienen ese dinero. Y ni pensar en una clínica privada, es mucho más costoso".
Calidad de vida disminuida
La pérdida de poder adquisitivo también ha limitado otros gastos en la vida de Carmen, como recrearse, ir al teatro, comprar ropa o ir a la peluquería. "Incluso sales de ciertas cosas porque no las puedes mantener, yo vendí mi carro y me quedé solo con el de mi esposo, luego de que él murió".
También se ha limitado de mandar a reparar electrodomésticos en su hogar. "El microondas se me dañó hace seis meses, pero me dijeron que la reparación me salía más cara que comprar uno nuevo. Uno va eliminando muchas cosas que antes te ahorraban tiempo, ahora te quedas con lo indispensable", cuenta Sánchez mientras cuela café en su cocina en una manga.
El riesgo de que se dañe un artefacto eléctrico en el hogar es constante en Venezuela, un país donde los apagones, sin previo aviso, siguen siendo parte de la rutina. "Ayer hubo cinco bajones de luz en el edificio, aunque ya no hay apagones largos tan seguidos como antes, al menos desde el año pasado", recuerda Carmen, quien sabe que esa es la causa de que se le dañara el microondas.
Tras la captura de Nicolás Maduro por parte del Gobierno de Estados Unidos, Venezuela comenzó a atravesar una cierta apertura de su economía al mundo e incluso su producción petrolera empezó a recuperarse. Pero, las personas de la tercera edad aún no perciben ningún cambio en su realidad económica. Carmen sigue anhelando por una pensión jubilar "digna" y un seguro médico para los educadores que funcione como años atrás.
*Carmen Sánchez prefirió no ser fotografiada ante el temor de sufrir persecución política. Otras personas también se negaron a dar declaraciones en video por las mismas razones, durante una marcha de trabajadores y jubilados en Caracas, el 9 de abril de 2026.
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