Ecuador como cuna del cacao en el mundo, un concepto que ahora retumba en Nueva York
Una réplica de la vasija de Palanda se entregó al mítico Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. En la ceremonia se resaltó el papel de Ecuador en la historia más antigua del cacao.

Ramiro Hidalgo, ministro cónsul adjunto del Consulado General del Ecuador en Nueva York; Michelle Young, curadora de Arqueología de Sudamérica del Museo Americano de Historia Natural; Gicela Andrade, cónsul general del Ecuador en Nueva York; y Kar Atamaint, cónsul del Ecuador en Queens, durante la entrega de la réplica de la vasija arqueológica de Palanda en Manhattan.
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NUEVA YORK. Más de 50 siglos después de haber sido utilizada en la Amazonía ecuatoriana, una vasija hallada en Palanda ahora ocupará un espacio dentro de uno de los museos más visitados de Nueva York.
La pieza, encontrada en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe, contiene rastros vinculados con uno de los usos más antiguos conocidos del cacao y volvió a colocar a Ecuador dentro de una historia que durante años fue atribuida principalmente a civilizaciones de México y Centroamérica.
“Este hallazgo reposiciona al Ecuador dentro de la historia del cacao a nivel mundial y lo coloca como un referente fundamental sobre el origen y domesticación temprana del cacao en América”, explicó la cónsul general del Ecuador en Nueva York, Gicela Andrade.
En una ceremonia realizada en el American Museum of Natural History el jueves 21 de mayo, Andrade entregó una réplica de la vasija arqueológica para que forme parte de la colección permanente del museo dentro de la renovación de la sala dedicada a la Amazonía. La muestra incluirá información sobre la domesticación temprana del cacao y sobre las culturas amazónicas ecuatorianas.

La pieza fue recibida por la doctora Michelle Young, curadora de Arqueología Sudamericana del museo, y por Dohini Sampura, directora de Asuntos de Gobierno de la institución.
Andrade señaló que la incorporación de la réplica representa “un hito en la proyección internacional del patrimonio arqueológico ecuatoriano y en el reconocimiento del aporte de las culturas ancestrales del Ecuador a la historia de la humanidad”.
El Museo de Historia Natural de Nueva York fue fundado en 1869. Es uno de los más importantes de su estilo a nivel mundial y tiene como misión descubrir, interpretar y diseminar, a través de la investigación científica y la educación, el conocimiento sobre las culturas humanas, la naturaleza del planeta y el universo.
Aparte de la vasija, que próximamente estará exhibida, el Museo alberga una silla de piedra de la cultura manteña, que data de los años 800 a 1535 DC, según información del propio centro neoyorquino. Se muestra en el salón sobre Sudamérica.
El cacao nació en lo que hoy es Ecuador
La vasija fue encontrada en el sitio arqueológico Santa Ana-La Florida, en Palanda, una zona amazónica del sur del Ecuador. Según explicó la cónsul, la pieza tiene una antigüedad aproximada de 5.500 años y presenta un motivo decorativo asociado a la concha Spondylus.

Las investigaciones científicas realizadas sobre la vasija encontraron residuos vinculados con cacao. Estudios publicados en la revista Nature Ecology & Evolution concluyeron que esta variedad de cacao ya era utilizada en la Alta Amazonía ecuatoriana miles de años atrás.
La pieza pertenece a la cultura Mayo Chinchipe-Marañón, una civilización que habitó la Amazonía sur ecuatoriana y que, según investigaciones arqueológicas, mantenía conocimientos agrícolas, intercambio comercial y prácticas ceremoniales complejas.
“Hace muchos años, las culturas amazónicas fueron presentadas como sociedades aisladas. Sin embargo, estos hallazgos muestran que no eran comunidades aisladas o primitivas, sino pueblos con un profundo conocimiento de la naturaleza y gran desarrollo cultural”.
Gicela Andrade, cónsul general del Ecuador en Nueva York
La llegada de la pieza al museo también tiene un significado especial para la comunidad ecuatoriana en Nueva York y Nueva Jersey, una de las más grandes fuera del país. Andrade señaló que este tipo de espacios permiten “mostrar otra cara del Ecuador: un país con una historia milenaria, con riqueza cultural y con aportes trascendentales a la humanidad”.
Para Ecuador, la presencia permanente de esta pieza en Nueva York no solo representa un reconocimiento arqueológico. También abre una nueva vitrina internacional para contar la historia del cacao desde la Amazonía ecuatoriana, frente a millones de visitantes que recorren cada año las salas del museo.
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