Ecuatorianos en Estados Unidos 'luchan' por conseguir chochos, pero mantienen la tradición de la fanesca
Están a miles de kilómetros de distancia, pero el sabor no se negocia. Entre dificultades para conseguir ingredientes, costos más altos y ajustes al contexto local, la tradición de la fanesca persiste entre los migrantes. En Nueva York, los restaurantes ecuatorianos apuestan fuerte a ofrecerlo un día: el Viernes Santo.

Lorena, guayaquileña, prueba fanesca en el restaurante La Roca, ubicado en Elizabeth, Nueva Jersey.
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Selene Cevallos
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NUEVA YORK. En la casa de Leonela, riobambeña que vive en Queens, Nueva York, el Viernes Santo empieza temprano. A las 06h15. En su cocina se organizan ingredientes que requieren tiempo, paciencia y coordinación. Allí se prepara la fanesca, el plato ecuatoriano que acompaña esta fecha.
Para muchos ecuatorianos en Estados Unidos, la fanesca organiza el día, ya sea desde la cocina o desde el restaurante. En el caso de Leonela, todo empieza a las 05h30, entre oraciones y cantos. En su hogar no hay lugar para añadidos. “Nada de conejos ni huevos. Ni de Easter”, dice. Todo sigue el orden que aprendieron en Ecuador.
“Nuestra Semana Santa se organiza en función de la comida y del encuentro. La preparación empieza incluso antes, con la compra de ingredientes y la coordinación entre quienes van a venir y ‘colaborar con la fanesca’. Este no es un plato que se improvisa”. Aclara mientras hace un gesto monetario con los dedos”
La fanesca tiene una base histórica vinculada a la fusión de prácticas indígenas andinas y la simbología católica introducida durante la colonia. Su receta incluye doce granos y legumbres, asociados a los apóstoles, y bacalao, que forma parte central del plato. Su elaboración puede tomar varias incluso horas.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), más de dos millones de ecuatorianos residen fuera del país, y Estados Unidos es uno de los principales destinos. En ese contexto, la cocina tradicional adquiere un papel relevante en la vida cotidiana de la diáspora, especialmente en fechas específicas.
Restaurantes y demanda estacional
Yolanda Peralta, propietaria de la Roca, un restaurante ecuatoriano en Elizabeth, Nueva Jersey, confirma el interés que genera este plato cada Semana Santa. Durante esos días, la fanesca concentra la atención de los clientes y se convierte en uno de los pedidos más solicitados del menú.
A diferencia de lo que podría suponerse, cuenta Yolanda, el bacalao no representa una dificultad. Su disponibilidad en mercados vinculados a comunidades portuguesas facilita el acceso. El reto está en otros ingredientes.
El chocho, por ejemplo, es uno de los productos más complejos de conseguir. Su presencia es clave en la receta tradicional, pero no siempre está disponible en el mercado local. Esto obliga a buscar proveedores específicos o a planificar con anticipación.
Pese a estas limitaciones, la demanda se mantiene constante. Restaurantes ecuatorianos en ciudades como Nueva York y Nueva Jersey registran un aumento en la afluencia de clientes durante la Semana Santa. Para estos negocios, la fanesca representa un momento importante del año.

Leticia, guayaquileña que vive en Nueva Jersey, prefiere no cocinarla. “Solo yo estoy en la cocina, es complejo y además caro”, dice. En su caso, la tradición pasa por salir a buscarla a su restaurante favorito. El año pasado, junto a su familia, gastó más de USD. 115 en cuatro platos. Este año, asegura, repetirán el mismo plan.
Milton Casco, propietario de Rinconcito Manaba, restaurante ubicado en Queens, indica qué, en algunos casos, los cocineros optan por mantener la receta original, incluso si eso implica mayores costos o dificultades logísticas. En otros, se realizan ajustes mínimos, siempre con la intención de respetar la estructura del plato.
“Aunque el año pasado no fue tan favorable como en otras ocasiones, esta sigue siendo una de las semanas más esperadas. La fanesca, en mi restaurante, se vende solo un día: el Viernes Santo”, explica. “Los costos han ido en aumento. Es un equilibrio complicado”, resume.
En los hogares, la preparación sigue siendo una actividad compartida. Varias personas participan en el proceso, desde la compra, la limpieza de los granos hasta la cocción final. “Es un trabajo que se distribuye y que forma parte de la dinámica familiar”. Agrega Leonela.
De acuerdo con el Pew Research Center, la población latina en Estados Unidos supera los 62 millones de personas. Dentro de ese grupo, las distintas comunidades nacionales conservan prácticas propias que se activan en fechas específicas del calendario.
En ese contexto, la fanesca conserva un lugar propio. Su preparación y consumo conviven con otras prácticas de la vida en Estados Unidos, pero no se diluyen por completo. Se adapta sin perder el aroma, o la forma, y se mantiene como una tradición reconocible, organizada y transmitida entre generaciones.
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