París bajo la dictadura del algoritmo | Cinco lugares icónicos atascados por las colas virales que buscan 'likes' en TikTok o Instagram
De la alta repostería de Cédric Grolet al caos cosmético en Citypharma, la ciudad que perfeccionó el arte de pasear sin rumbo vive sometida al itinerario que dictan los algoritmos de las redes sociales.

Fila para entrar en la repostería Cédric Grolet de Paris, Francia
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Randy Nieves
Autor:
Randy Nieves-Ruiz
Actualizada:
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PARÍS. En una tarde de agosto en París, con la ciudad semivacía por las vacaciones y una ola de calor que invita al resguardo, una fila imperturbable desafía el asfalto de la Rue de Richelieu: los turistas aguardan pacientes su turno para entrar a una conocida marroquinería y conseguir el bolso viral del momento, en una ciudad hoy rendida al dictado de las redes sociales.
París, la ciudad que perfeccionó el arte del flâneur —el paseante sin rumbo—, vive sometida al itinerario rígido que dictan los algoritmos de TikTok e Instagram.
La fiebre de la viralidad ha transformado desde boutiques de moda hasta pastelerías icónicas en escenarios fotográficos donde el flujo continuo de visitantes busca una sola cosa: la validación digital, a menudo por encima de la calidad, el sabor o la propia comodidad.
Cédric Grolet: la ilusión del lujo y la repostería de espectáculo
En el epicentro de este fenómeno se sitúa Cédric Grolet, el célebre chef pastelero que ha convertido sus creaciones hiperrealistas en auténticos trofeos para las redes sociales.
Grolet hizo famosos en todo el mundo las frutas esculpidas o "trompe-l'oeil", literalmente "engaña el ojo" y en español "trampantojos", que son creaciones que imitan a la perfección la estética exterior de frutas, por ejemplo limones, manzanas, nueces o avellanas.
El chef pastelero, elevado a categoría de celebridad global con más de 14 millones de seguidores en Instagram y TikTok, ha transformado la alta repostería en un espectáculo visual donde el proceso de elaboración es tan importante como el producto final.
Frente a su tienda principal en la avenida de la Ópera se suelen congregar decenas de personas dispuestas a esperar durante una hora en fila para comprar sus costosas creaciones, que van desde la sencilla florecilla de vainilla a 18 euros (USD 20,78) hasta la florecilla de fresa a 45 euros (USD 52).
Un desayuno con un croissant o pan de chocolate, un bocado salado, una bebida fría y una caliente cuesta 50 euros, y por 15 euros adicionales se sirve con una copa de champán.
Una tostada con aguacate cuesta 16 euros en Cédric Grolet y sin embargo, los precios no disuaden a sus fans de hacer la lenta fila. Todo sea por una historia de Instagram.
Polène: La marroquinería que convirtió la espera en estatus

En el número 69 de la Rue de Richelieu, la boutique de Polène se ha convertido en uno de los epicentros del turismo de compras masivo.
La marca de marroquinería fundada en 2016 pasó de ser una firma emergente de diseño sobrio a un fenómeno global gracias al respaldo de influencers internacionales en las redes sociales.
La escena en la acera es constante: turistas aguantan estoicamente bajo la lluvia o el sol para acceder al espacio, tanto en Richelieu como en la boutique de los Campos Elíseos.
Una vez adentro, los clientes se toman todo el tiempo del mundo para ver y seleccionar los bolsos, mientras afuera quienes esperan han reportado filas de más de una hora.
Polène se hizo famosa por ofrecer bolsos en cuero de alta calidad, fabricados en España, a precios más bajos que las boutiques de más alto nivel en Francia.
Sus modelos más populares son el bolso Cyme, en su edición normal (440 euros) y mini (390 euros), y los modelos Número Neuf mini (390 euros) y Dix (450 euros).
En comparación, ningún bolso de mujer de Louis Vuitton baja de los 1.000 euros y Hermes es mucho más costoso aún.
La marca no compra publicidad ni inserta sus productos, pero le basta los millones de vistos de los influencers que compran sus bolsos y luego comparten contenido en TikTok e Instagram.
"El boca en boca es nuestra palanca principal para captar nuevos clientes", dijo su cofundador, Antoine Mothay, al diario LeMonde.
Eso y una aparición en la serie Emily in Paris han ayudado también.
Carette: El teatro del chocolate y la crema batida
En la Place du Trocadéro y en la céntrica Place des Vosges, el histórico salón de té Carette, fundado en 1927 por Jean Carette, ha visto cómo sus salones tradicionales, decorados por el mismísimo diseñador Hubert de Givenchy, se han llenado de visitantes que buscan recrear el mismo video: el vertido en cámara lenta de su chocolate caliente con crema batida.
Decenas de creadores de contenido han convertido el gesto en un ritual que acumula millones de reproducciones en TikTok e Instagram.
Como consecuencia, las terrazas donde antes se leía el periódico al sol hoy están tomadas por teléfonos que buscan el encuadre y la iluminación perfecta del chocolate, los pasteles y los dulces de repostería para crear contenido.
El privilegio de tomarse un chocolate caliente en Carette para hacer contenido es de poco más de 13 euros.
El café pasó de ser una institución del refinamiento parisino a un escenario de producción audiovisual.
Jellycat: El coleccionismo infantil que conquistó el consumo adulto
Jellycat es una compañía de peluches británica con más de 25 años de existencia, cuya popularidad explotó gracias a las redes sociales recién en 2024.
Ese año sus ganancias se duplicaron, de USD 90 millones en 2023 a USD 188 millones en 2024, según la BBC.
Tienen más de seis millones de seguidores en las redes pero lo que convoca multitudes son sus "experiencias".
Dentro de los grandes almacenes Galeries Lafayette de París, la locura la desatan, además de los bolsos Goyard o Longchamp, estos pequeños peluches con ojitos de botón, disfrazados de otros animales o en forma de croissant, torta de cumpleaños, tazas de café o canelé.
Tanto niños como adultos jóvenes hacen fila durante horas para acceder a los mostradores de la Pastelería Jellycat, donde la experiencia consiste en seleccionar el peluche en forma de dulce de repostería del mostrador, que un empleado mete dentro de un bol, hace como que lo "bate", lo hornea, lo decora y lo entrega.
La experiencia queda grabada para la posteridad por el padre o madre, que luego la comparte entre familiares o la publica en redes.
Los precios de estos muñecos de peluche, que comienzan en los 40 euros, no frenan a una masa de clientes dispuesta a esperar turnos para pagar.
Una madre que viajó desde Chile a París de vacaciones contó a PRIMICIAS que tuvo que esperar hasta tres horas en la fila para acceder a la "experiencia".
Citypharma, el templo de la cosmética convertido en caos comercial
El caso más inesperado del mapa viral parisino lo ostenta Citypharma, ubicada en la esquina de la Rue Bonaparte con la Rue du Four, en pleno corazón de Saint-Germain-des-Prés.
Esta parafarmacia (no vende medicamentos recetados) se ha transformado en parada turística obligatoria gracias a miles de videos que circulan en las redes sociales que promueven a la "farmacia más barata de París".
Aquí se venden todo tipo de productos para la piel, cabello, vitaminas, suplementos alimenticios, higiene, medicina natural, entre otros, de prestigiosas marcas, sobre todo francesas, y a precios imbatibles incluso en el país de origen del viajero.
El interior de este recinto multipisos evoca una estación de metro a hora punta.
Los pasillos, sumamente estrechos y repletos de estanterías hasta el techo, son prácticamente innavegables debido al choque continuo de cestas de compra y grupos de visitantes bloqueando el paso con la pantalla del teléfono encendida, cotejando listas de productos recomendados por creadores de contenido de todo el mundo bajo el hashtag #citypharmaparis.
Los productos más codiciados son saqueados sin piedad y los compradores llenan cestas enteras con decenas de unidades del mismo producto para llevar de regreso a sus países de origen, convirtiendo la visita en un ejercicio de aprovisionamiento masivo.
Los empleados se esfuerzan, como pueden, por ayudar a los compradores a encontrar lo que buscan, mientras pasan el día reponiendo inventario a ritmo frenético.
Las colas para acceder a las cajas de pago serpentean por los pasillos interiores, cruzándose con quienes aún intentan acceder a los estantes.
Es al llegar a la caja donde se impone la realidad, cuando algunos deben devolver productos o simplemente dan el tarjetazo porque es imposible resistirse a las gangas.
Citypharma es hoy un centro logístico masivo donde la prisa, los empujones y las esperas para pagar forman parte del precio a abonar por la cosmética francesa.
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