Caracas sin Uber, X ni ChatGPT: Así es viajar a la Venezuela de los precios 'referenciales' y la incertidumbre como rutina
Restricciones digitales, precios cambiantes, transporte informal y un ambiente de tensión marcado por la desconfianza, reflejan cómo la crisis en Venezuela sigue moldeando la vida diaria en Caracas, incluso lejos de las imágenes más visibles del colapso.

Un comprador de oro itinerante usa su teléfono celular frente a un mural de una mujer en Caracas el 20 de abril de 2026.
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AFP
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Es lunes 4 de mayo de 2026. Son las 19:30. El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar luce vacío. Uno de los pocos vuelos que aterriza es el de Aeroregional -procedente de Quito-, con la delegación de Independiente del Valle, que arriba a Caracas, capital de Venezuela, para jugar su partido ante la Universidad Central de Venezuela por la Copa Libertadores, por la fase de grupos.
El proceso migratorio es rápido. No hay más personas en la fila. Pasan todos los jugadores. Recogen su equipaje y se dirigen hacia el bus, que los espera para el traslado hacia el hotel.
En la salida apenas están miembros de seguridad del equipo venezolano. Y también familiares de Gleydys Villanueva, una trabajadora de Independiente que regresó a su país después de nueve años. Los locales están cerrados. El ambiente es desolador.
Dentro de la delegación ecuatoriana viaja PRIMICIAS, para cubrir el encuentro por el torneo continental. Y, al momento de ingresar a redes sociales, aparece un obstáculo inesperado: el acceso a X (antes Twitter), con conexión a WiFi, está restringido, lo que obliga al uso de Red Privada Virtual (VPN) para navegar con normalidad e ingresar a ciertas plataformas.
Lo mismo ocurre con ChatGPT (chatbot de inteligencia artificial), que presenta dificultades frecuentes dependiendo de la red utilizada y del proveedor de internet. En distintos puntos de la ciudad -hoteles, cafeterías y redes públicas- usuarios reportan bloqueos, caídas o conexiones inestables. Todo, hasta ese momento, resulta poco habitual.
Han pasado cuatro meses desde la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y la llegada al poder de Delcy Rodríguez, quien se a mostrado dispuesta a colaborar con Donald Trump, tras más de dos décadas de dictadura.
Caracas, entre la resiliencia y el desgaste
Caracas conserva parte de la intensidad que históricamente la definió como una de las grandes capitales sudamericanas por la combinación única de auge petrolero, transformación arquitectónica moderna y una vibrante vida cultural que se vivía en las décadas de 1950 y 1980.
El tráfico caótico -sobre todo en el centro-, las plazas comerciales, la actividad nocturna y los restaurantes concurridos todavía proyectan cierta apariencia de normalidad. Sin embargo, persiste una realidad marcada por restricciones, improvisación e incertidumbre cotidiana.
Una de las manifestaciones más visibles aparece en algo -aparentemente- básico: conectarse a internet. Las restricciones sobre X se intensificaron en Venezuela durante 2024, en medio de la crisis política posterior a las elecciones cuestionadas, en las que Nicolás Maduro, ahora preso en Estados Unidos, fue proclamado presidente por el Consejo Nacional Electoral, que no publicó resultados oficiales.

Nicolás Maduro ordenó el 8 de agosto de ese año sacar de circulación a X (antes Twitter), durante un plazo de 10 días, para que la empresa, propiedad del magnate sudafricano Elon Musk, presente "recaudos" ante las autoridades del país caribeño.
Diversas organizaciones dedicadas al monitoreo de internet denunciaron bloqueos selectivos y limitaciones de acceso implementadas por proveedores locales. En la práctica, esto genera una normalización del uso de herramientas para evadir restricciones digitales.
En Caracas, una gran parte de la vida cotidiana se maneja bajo una lógica de adaptación constante: servicios que funcionan de manera intermitente, aplicaciones que dejan de operar sin previo aviso y plataformas digitales cuya disponibilidad depende tanto de la zona como del proveedor de internet.
Transporte informal, otra complicación
Esa improvisación también se refleja en el transporte urbano. La plataforma internacional de traslado de pasajeros Uber, ampliamente consolidada en otras ciudades del mundo, prácticamente desapareció como opción estable en la capital venezolana.
En su lugar predominan taxis tradicionales, acuerdos informales y aplicaciones locales, como son Yummy y Ridery. Ambas son similares a Uber, aceptan tarjetas internacionales y mantienen ofertas permanentes.
PRIMICIAS constató esta problemática al salir de un restaurante. "Le puedo ofrecer un servicio de taxi de confianza. Llega en cinco minutos. La tarifa es en dólares", señala el propietario de un local, quien agrega que la mayoría de clientes se manejan de esa manera.
La negociación directa del precio antes de cada trayecto se volvió parte habitual de la experiencia de movilidad.
¿Dólares o bolívares?
La incertidumbre económica aparece con fuerza en supermercados y comercios. Aunque buena parte de la economía venezolana se encuentra dolarizada, por el declive de los bolívares, los precios cambian constantemente y no siempre están claramente exhibidos.
En algunos establecimientos los valores aparecen en dólares. En otros, en bolívares. Y en muchos casos el cliente debe consultar directamente al personal. Además, en los valores aparecen las letras 'REF', que se vincula a 'Referencia'. Es decir, el precio puede variar.

La diferencia de precios según el método de pago también se volvió una práctica frecuente. Un mismo producto puede variar de valor dependiendo de si se paga en efectivo, con tarjeta nacional o mediante aplicaciones de pago.
La volatilidad económica obliga tanto a consumidores como a comerciantes a manejarse bajo cálculos permanentes.
Una ciudad que aún vive en tensión
A esto se suma un clima social marcado por la cautela. Y la tensión. Llegar a Caracas, al menos para un extranjero, hoy es sinónimo de incertidumbre, inseguridad y preocupación. Ciudadanos y personal de seguridad recomiendan "no caminar" más de cinco cuadras y "no sacar el teléfono" en la calle.
Pese a ello, Caracas continúa mostrando signos de actividad económica y vida urbana. Sectores comerciales específicos mantienen movimiento constante, mientras restaurantes y zonas de entretenimiento siguen funcionando con relativa normalidad.
Esa coexistencia entre dinamismo y precariedad se convirtió en una de las características más visibles de la ciudad, que tiene cerca de 5 millones de habitantes.
Si bien Caracas atraviesa una cierta apertura económica tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, aún se perciben dificultades: no saber si una plataforma funcionará, si una conexión permitirá acceder a determinados servicios o cuánto costará realmente un producto.
La capital venezolana vive así en un equilibrio frágil entre normalidad y desgaste. Una ciudad donde la adaptación permanente dejó de ser excepcional, para convertirse en parte estructural de la vida cotidiana.
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