"Si me ves, llora": los preocupantes mensajes del pasado grabados en los ríos que Europa vuelve a descubrir con la sequía
Europa afronta una sequía histórica que vacía sus grandes ríos, paraliza centrales nucleares y destroza las cosechas de verano. La reaparición de las antiguas "piedras del hambre", con mensajes grabados para advertir de estiajes extremos, recuerda los presagios de una época de escasez y de altos precios.

Embarcaciones en un lago seco por la gran sequía europea de 2026 en Les Brenets, Suiza, el 22 de agosto de 2026
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EFE
Autor:
Randy Nieves-Ruiz
Actualizada:
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PARÍS. El continente europeo, la masa de tierra que más rápidamente se está calentando en el planeta, no solo atraviesa un verano sofocante marcado por incendios forestales y un trágico exceso de mortalidad, sino una sequía extrema que amenaza cosechas, sistemas energéticos y el cauce de sus principales ríos.
De España a Bulgaria, el paisaje muestra señales angustiantes. Entre ellas destacan las "piedras del hambre", hitos esculpidos por antepasados en los lechos fluviales a modo de advertencia histórica: su reaparición en la superficie marca el inicio de tiempos de escasez.

Según el observatorio climático europeo Copérnico, Europa es el continente que más rápido se está calentando a nivel global en el contexto de cambio climático, a un ritmo de 0.56°C por década desde mediados de los años noventa, más del doble que la media global de 0.27°C.
La temperatura promedio desde la época preindustrial ha aumentado en 2.5°C y el este, el centro de Europa y el Ártico son las regiones que más rápido se están calentando.
Entre las causas está el cambio en los patrones del tiempo, el aumento de la radiación solar y la disminución de superficies con nieve que reflejan esa radiación.
Según los datos del Observatorio Europeo de la Sequía (EDO) y Copérnico, la severa sequía que afecta al continente es el resultado de una escasez prolongada de lluvias combinada con olas de calor extremas y recurrentes alimentadas por el calentamiento global.
El efecto "secador de pelo"

Este déficit hídrico, que comenzó a acumularse a principios de la primavera por el desplome de las precipitaciones y las altas temperaturas, generó un efecto acumulativo que deterioró gravemente la situación entre julio y agosto de 2026.
Esta combinación de suelo extremadamente seco y calor persistente no solo impulsó los devastadores incendios en España y Francia, sino que situó a la mitad del territorio europeo y del Reino Unido bajo algún nivel de sequía, provocando una caída drástica en el nivel de humedad del suelo, estrés en la vegetación y el descenso a mínimos históricos de los cuatro grandes ríos del continente: el Loira, Po, Rin y Danubio.
La historia podría no terminar aquí, sino que el EDO advierte que el fenómeno de El Niño podría volver a provocar condiciones más cálidas de lo normal hacia la primavera boreal de 2027.
"Piedras del hambre", las preocupantes advertencias del pasado que vuelven a aparecer

Es precisamente desde el Rin y el Danubio que surgen nuevas advertencias que nos recuerdan las consecuencias de sequías pasadas: escasez, aumento en los precios de los alimentos, pobreza, hambruna.
Como en épocas pasadas, a medida que el nivel de las aguas se desploma a marcas históricas en Europa central durante este 2026, las "Hungersteine" ("Piedras del hambre" en alemán) han vuelto a surgir en múltiples puntos de los cauces de sus ríos.
Estos vestigios, esculpidos principalmente entre los siglos XV y XIX por comunidades del centro de Europa, en lo que hoy es Alemania, la República Checa, Hungría o Eslovaquia, funcionaban como alertas de supervivencia.
En épocas preindustriales, un estiaje extremo significaba la parálisis del transporte fluvial de grano y la pérdida masiva de cosechas, lo que desencadenaba hambrunas devastadoras. Para marcar el peligro, los antepasados grababan fechas, iniciales y mensajes directos en las rocas del fondo que solo quedaban expuestas cuando la escasez era crítica.
En el Rin, la bajada de caudal dejó al descubierto este verano antiguos marcadores a la altura de la ciudad alemana de Worms, mientras que en el Danubio, a su paso por Budapest, reapareció la emblemática Ínség-szikla ("Piedra del hambre"), que en el pasado anticipada hambre cuando los cultivos fracasaban y no había suficiente agua para operar los molinos.
La piedra de Decin

La piedra más célebre de este tipo -grabada en 1616 a orillas del río Elba, en la ciudad checa de Decin- tiene una inscripción en alemán que reza: "Wenn du mich siehst, dann weine" ("Si me ves, llora") y se hizo famosa por última vez durante la sequía de 2022, aunque este año aún no se ha reportado su reaparición.
Del lecho del Danubio también surgieron este verano un barco nazi de la Segunda Guerra Mundial en Serbia, un puente romano mandado a hacer por el emperador Constantino I en el año 328 y hasta huesos de un mamut, ambos en Bulgaria.
En el río Tíber, que atraviesa Roma, los turistas que visitaron la Ciudad Eterna tuvieron la rara oportunidad de ver los restos del Pons Neronianus, un antiguo puente construido durante el reinado del emperador Nerón entre los años 54 y 68.
Amenaza en la red eléctrica: la parálisis de la energía nuclear

La caída en picado del caudal del Danubio, por otro lado, ha llevado al límite la infraestructura energética de Europa central, obligando a apagar de emergencia las únicas centrales nucleares de Hungría y Rumania este mes ante la incapacidad de bombear suficiente agua para refrigerar sus reactores.
En Hungría, la central de Paks, que produce casi la mitad de la energía eléctrica del país, fue apagada casi por completo el pasado 2 de agosto por primera vez en 44 años y reiniciada el día 23, luego de que las autoridades construyeran un dique en el río y hundieran dos barcazas para desviar su cauce hacia el canal que alimenta de agua a la instalación.
En Rumania, por otro lado, las autoridades cerraron el 13 de agosto la planta nuclear de Cernovoda por primera vez desde la sequía de 2003, dinamitaron el lecho del río para remover rocas que obstruían el flujo de agua hacia la central y hundieron barcazas con piedras para alterar el cauce de la vía acuática.
Y en Bulgaria, donde afloraron los huesos de mamut, el pasado 24 de agosto, se inició la construcción de un dique en el río para llevar agua a la central de Kozloduy, la única planta nuclear del país.
El mamut del Danubio
El Rin, otro de los grandes ríos de Europa, que nace en Suiza y discurre por Alemania, Austria, Francia y Holanda, está a punto de dividirse en dos, impidiendo la navegación continua y el transporte de carga desde, por ejemplo, centros industriales en Alemania hacia los grandes puertos de Amsterdam, Rotterdam o Amberes, en el Mar del Norte.
"El transporte comercial de mercancías ya no va a poder operar en la región con niveles de agua tan bajos", dijo recientemente a un diario alemán Jens Schwanen, director general de la Federación Alemana de Navegación Fluvial. "En principio, el Rin dejaría de ser navegable de forma continua y quedaría dividido en dos", agregó.
Por el Rin transita el 80% de la carga fluvial que mueve Alemania e importantes cargamentos de materiales vitales en la cadena de suministros, como acero y químicos, hacia los puertos marítimos del norte.
Cosechas en jaque: el golpe al granero europeo

Más allá de la logística industrial y los choques energéticos, el estiaje está golpeando duramente a la agricultura del continente.
Según el último informe de evaluación agrícola del Centro Conjunto de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, emitido esta semana, "el calor persistente y los déficits de agua excepcionales han empeorado sustancialmente las perspectivas de los cultivos de verano en Europa occidental y en la mayor parte de Europa central, reduciendo la fertilidad y la acumulación de biomasa".
Los pronósticos globales de rendimiento para los cultivos de verano en la Unión Europea, como maíz, soja, girasol, papas y remolachas se han recortado drásticamente, cayendo hasta un 14% por debajo de la media de los últimos cinco años.
La franja más castigada se extiende por Francia, el sur de Alemania, el norte y centro de Italia, Austria, República Checa, Eslovaquia, Hungría y el oeste de Rumania, donde la falta de lluvia durante las etapas de floración presagia pérdidas severas e incluso el fracaso total de las cosechas a nivel local, agravado por la falta de pastos para el ganado y las estrictas restricciones impuestas al riego.
Mientras que las condiciones se mantienen algo más favorables en franjas del norte y este del continente, España ha logrado escapar por ahora a los peores estragos en sus cosechas de verano: aunque el norte peninsular ha experimentado episodios de temperaturas excepcionalmente altas, las autoridades europeas señalan que, de momento, los efectos en el estado de sus cultivos son limitados.
Malos presagios para 2027

Tras este episodio de calor extremo y sequía por el que Europa atraviesa este año, las perspectivas no son mucho mejores para 2027 con los efectos del Fenómeno de El Niño.
Según el informe de la JRC sobre El Niño, "Europa podría esperar condiciones más cálidas de lo normal, con ese calor acumulándose hacia la primavera de 2027".
Las viejas "piedras del hambre" grabadas en los ríos solían ser un recordatorio excepcional de tiempos difíciles que ocurrían una vez cada varios siglos.
Sin embargo, con los grandes cauces europeos secándose por un calor excepcional que solo se espera empeore con los años, la parálisis logística y los campos golpeados por el calor, ¿será que estas advertencias del pasado dejan de ser una rareza para convertirse en nueva postal del continente?
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