Del Foro de Sao Paulo al Escudo de las Américas, así oscila el péndulo de izquierda a derecha en la región
La posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia consolida la tendencia de América Latina de girar hacia mandatarios de derecha.

Composición con retratos de los presidentes Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Abelardo de la Espriella (Colombia) y Keiko Fujimori (Perú).
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EFE
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Con la posesión del derechista Abelardo de la Espriella en Colombia, se ratifica que pocas regiones del mundo experimentan oscilaciones ideológicas tan marcadas y determinantes para su agenda institucional como América Latina.
A lo largo de las últimas tres décadas, la política hemisférica ha sido un péndulo persistente que oscila entre proyectos de izquierda cercanos al marxismo y esquemas de alineación estratégica y de seguridad liderados por la derecha conservadora en alianza con Estados Unidos.
Dos hitos geopolíticos fundamentales marcaron los extremos de esta trayectoria: el Foro de Sao Paulo, constituido a inicios de los años noventa, y la emergencia del Escudo de las Américas, enfocado en la seguridad continental y el combate al crimen transnacional.
El origen del péndulo contemporáneo se remonta a 1990, con el predominio de gobiernos de centroderecha que promovieron reformas de mercado impulsadas por el llamado Consenso de Washington. Carlos Menem en Argentina, Alberto Fujimori en Perú y Fernando Henrique Cardoso en Brasil marcaron esa etapa
Con la caída del Muro de Berlín y el colapso del bloque soviético, las fuerzas de izquierda latinoamericanas se encontraron en una encrucijada estratégica. A instancias del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y del dictador cubano Fidel Castro, se fundó el Foro de Sao Paulo con el fin de articular el debate y la resistencia al modelo neoliberal.
Lo que inició como un espacio de coordinación teórica e ideológica se canalizó institucionalmente una década después. Entre fines de los años 90 y la década de 2000, la región vivió la denominada primera "Marea Rosa" (Pink Tide), caracterizada por el ascenso al poder de liderazgos de izquierda y centroizquierda a través de procesos electorales democráticos.
También llamado Socialismo del Siglo XXI, este bloque estuvo representado por Hugo Chávez en Venezuela, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador.
Este bloque promovió:
- Autonomía diplomática y regionalismo autónomo: La creación de espacios multilaterales de integración sin presencia de Estados Unidos, como la UNASUR y la CELAC.
- Capitalismo de Estado y gasto social: Financiados en gran medida por el auge de las materias primas (commodities).
- Narrativa antiimperialista: Una agenda de política exterior orientada hacia el multipolarismo y la cooperación Sur-Sur.
A mediados de la década de 2010, el bloque progresista mostró signos evidentes de agotamiento. El fin del ciclo expansivo en los precios de las materias primas expuso desequilibrios macroeconómicos estructurales en varios países de la región. A esto se sumaron crisis de gobernabilidad, escándalos de corrupción transnacionales (como el caso Odebrecht), la deriva autoritaria y una profunda crisis económica en Venezuela.
La migración venezolana, el mayor éxodo en la historia reciente de América Latina con casi ocho millones de desplazados, se convirtió en el caso más paradigmático del fracaso de la izquierda.
El péndulo entra en acción
La respuesta del electorado fue un giro tajante hacia opciones liberales en lo económico. Gobiernos como los de Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque en Colombia y Jair Bolsonaro en Brasil (el más radical) reconfiguraron el tablero diplomático para impulsar iniciativas orientadas al libre mercado y a la presión contra regímenes dictatoriales, como el Prosur o el Grupo de Lima.
A diferencia de la homogeneidad que caracterizó la década de 2000, los años posteriores demostraron que el péndulo comenzó a moverse con mayor frecuencia y menor estabilidad. La creciente insatisfacción social, acentuada por la desigualdad y los estragos socioeconómicos de la pandemia, derivó en una serie de victorias alternadas para oposiciones de todo signo político.
El votante latinoamericano moderno ha mostrado un marcado voto de castigo al oficialismo, independientemente de su ideología. Esto llevó a una segunda ola progresista en varios países, pero bajo condiciones muy distintas: economías ajustadas, parlamentos fragmentados y sociedades profundamente polarizadas.
Lula regresó al poder en Brasil, Andrés Manuel López Obrador se impuso en México, Gabriel Boric ganó las elecciones en Chile de la mano del Partido Comunista y Gustavo Petro, un exguerrillero del M-19, se convirtió en el primer presidente de izquierda de Colombia.
La nueva derecha llega al poder
Desde 2019, con el triunfo de Nayib Bukele en El Salvador, la región se movió de nuevo hacia la derecha, pero hacia una vertiente más radical —denominada por algunos como ultraderecha— que, ante el auge de la violencia impulsada por las mafias, promueve una lucha frontal y armada contra los grupos criminales en alianza con Estados Unidos.
El rechazo a la migración irregular, la defensa de valores conservadores ante la ola woke, el uso intensivo de redes sociales y el nacionalismo patriótico también forman parte del discurso de esta nueva derecha, cuyos mayores representantes son Javier Milei en Argentina, Abelardo de la Espriella en Colombia y José Antonio Kast en Chile.
Más moderados son Santiago Peña en Paraguay, Keiko Fujimori en Perú, Rodrigo Paz en Bolivia, José Raúl Mulino en Panamá y Daniel Noboa en Ecuador. De todos modos, aunque comparten algunos objetivos y han plegado al Escudo de las Américas que impulsa Donald Trump, estos mandatarios responden a realidades nacionales muy diferentes.
A este bloque se suma el simbólico caso de Venezuela. Tras el derrocamiento de Nicolás Maduro, la nueva presidenta Delcy Rodríguez, militante de la izquierda chavista, inició un lento pero sostenido viraje hacia posturas afines a Estados Unidos para sostenerse en el poder, estrategia que incluye el cese del suministro de petróleo a la dictadura en Cuba, entre otras concesiones.
Este mismo año se verá si Brasil, otro país polarizado, se pasa a la derecha o si se mantiene en la izquierda. Las elecciones generales de Brasil se llevarán a cabo el 4 de octubre de 2026 y América Latina contiene el aliento ante el duelo entre Lula y Flávio Bolsonaro, el hijo de Jair. ¿El péndulo seguirá hacia la derecha o por fin se frenará?
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