Leyenda Urbana

Correa suelta la mano de Ronny Aleaga; la narcopolítica conmueve al país

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

6 Jun 2022 - 19:03

Los presagios más funestos de la injerencia del narcotráfico en los órganos de decisión del país se habrían vuelto realidad, poniendo a la Nación ante un riesgo inminente, en instantes que la gente sufre lo indecible, porque la convivencia social se ha destruido en varias localidades, por la presencia de los grupos violentos vinculados a los carteles, que se han tomado las calles.

Los estudiantes de la escuela Pedro Vicente Maldonado, en el barrio Socio Vivienda 2, al noreste de Guayaquil, vivieron el terror del fuego cruzado entre bandas criminales, vinculadas al narcotráfico. Durante más de 20 minutos debieron permanecer en el piso, boca abajo, aún cargando sus mochilas.

La rectora del plantel anunció, después, que tras el tiroteo, hubo una reunión entre las bandas enfrentadas en la que se tomó una decisión: serán los Tiguerones y no la Policía quienes los cuidarán.

El Estado reemplazado por el crimen organizado.

Una foto publicada por el asambleísta Fernando Villavicencio, en su cuenta de Twitter, días atrás, mostró a Ronny Aleaga en una piscina, en Miami, junto a Xavier Jordán, considerado prófugo de la justicia ecuatoriana en un proceso por asociación ilícita del 2020, vinculado al negocio de insumos médicos del IESS.

Aleaga es, políticamente, una creación del correísmo, donde escaló posiciones, desde cero, tras renunciar a los Latin Kings, hasta convertirse en asambleísta, e integrar, en representación de Unes, el Consejo de Administración de la Legislatura (CAL).

Hace poco, su nombre fue sondeado como potencial candidato a la Alcaldía de Guayaquil. Hoy, está a filo del abismo.

Según el portal Periodismo de Investigación, Jordán, en cuya piscina asoma Alega, es parte de la estructura mafiosa de Leandro Norero Tigua, conocido narcotraficante, quien fue detenido en un allanamiento, en Samborondón, el 25 de mayo pasado.

En el operativo se decomisaron veinticuatro lingotes de oro, USD 4 millones en efectivo, una enorme colección de relojes de marca, armas de fuego y cientos de municiones.

Las mafias están conectadas de tal manera, que bien se podría dibujar su árbol genealógico.

Jordán, el amigo del asambleísta Ronny Alegada y Norero están relacionados. De hecho, Norero vivía en la mansión que fuera de Jordán.

Llamado también ‘El Patrón’, Norero es uno de los principales narcotraficantes y lavadores de dinero del Ecuador, usando como fachada un enjambre de empresas.

Para afianzar su poder narco, ha financiado a bandas delincuenciales vinculadas a los carteles mexicanos.

La foto de Aleaga disfrutando en Estados Unidos del dinero mal habido de sus panas, debe ser la metáfora del mundo narco, y una pesadilla para la DEA.

Que la Revolución Ciudadana tenga a un militante y, además, asambleísta, con esas amistades, debe resultar perturbador.

Cómo será de grave esta relación que, desde su falso pedestal de infalible, el sentenciado de Bélgica, tras calcular los riesgos políticos, con la frialdad de un químico en laboratorio, anunció que el movimiento Revolución Ciudadana (RC) había decidido someter al asambleísta a una Comisión de Ética.

Eso sí, fiel a su condición, no se disculpó con la periodista a la que, horas antes, había descalificado, en una entrevista, por preguntarle por la foto de Aleaga en la piscina.

Tampoco ha dicho nada de Marcela Aguiñaga, presidenta de RC, que también aparece en una foto con el mismo Xavier Jordán, en un estadio.

La Revolución Ciudadana parece estar en un juego de espejos.

La imagen de Correa y Patiño, abrazando a Leandro Norero, en el Ministerio del Litoral, en Guayaquil, data de cuando el hoy detenido en Latacunga integraba los Ñetas y, junto a los Latin Kings, de Ronny Aleaga, fueron invitados por ese Gobierno a un acuerdo de paz.

Tras ese acuerdo, muchos de estos grupos fueron a cargos públicos en distintas instituciones públicas, así como a la Policía y a las Fuerzas Armadas.

Cuando los ecuatorianos miran, con pavor, la violencia de las mafias, disputándose las rutas y el mercado de la droga, con la intervención de sicarios desalmados; los nexos de amistad de un asambleísta de la República con testaferros abren interrogantes cuyas respuestas, a veces, es preferible ignorar.

Pero las consecuencias políticas para el involucrado, podrían ser devastadoras, más aún si Estados Unidos le ha retirado la visa, al igual que hizo con los narcogenerales y los narcojueces

Y es que no se trata de un asambleísta pillado en la compra venta de votos, acto reñido con la moral y la ética, que muchas veces se ha castigado en la Legislatura; tampoco de la abominable mutación camaleónica de los políticos, capaces de volverse del color de quien les paga. No.

Estaríamos hablando de lo que en otros países llaman narcopolítica; es decir, políticos vinculados a procesados por narcotráfico.

La Asamblea Nacional está en una encrucijada. Y la nueva mayoría, en un grave dilema, porque no querrán iniciar una nueva etapa, con el estigma de que uno de sus miembros está bajo sospecha.

Mirando desde fuera, nadie imagina a un partido o movimiento político contento de tener como aliado a alguien con esa conducta ética y moral. 

¿Qué harán al respecto? ¿Mantendrán a Ronny Aleaga en el CAL?

Guardar silencio o no hacer nada, no les exculpará ante el país que está atento al desenlace de la foto publicada, luego de que el mismísimo mentor político de Aleaga, desde Bélica, le ha soltado la mano.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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