Sábado, 18 de mayo de 2024
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El indiscreto encanto de la política

La 'bukelización' de Noboa

Matías Abad Merchán

Matías Abad Merchán

Catedrático universitario, comunicador y analista político. Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.

Actualizada:

16 Abr 2024 - 5:59

Chaqueta de cuero, gafas oscuras, gorra militar. La nueva estética casual del presidente de la República no ha pasado desapercibida, al igual que su nuevo estilo de liderazgo de "mano dura", que inevitablemente nos lleva a compararlo con su homólogo salvadoreño, Nayib Bukele.

Pero más allá de las coincidencias en accesorios y vestimenta, últimamente podemos identificar algunas claves en el estilo de gobierno de Noboa que emulan rasgos distintivos del presidente centroamericano.

Por un lado, su enfoque pragmático y decidido. En los tiempos del “pro” y no del “anti”, Noboa no tuvo reparos en forjar un polémico pacto legislativo con el correísmo y los socialcristianos para aprobar su plan económico.

Ante el temor de que su vicepresidenta se convierta -como decía Velasco Ibarra- en una "conspiradora a sueldo", no titubeó en anularla del entorno político nacional, enviándola a una forzada "misión" en Israel.

En el último acontecimiento, frente a la decisión de asaltar o no la embajada mexicana, optó por resguardar su imagen e interés electoral para la Consulta, a pesar del alto costo diplomático que esto conllevó.

En los tres casos, Noboa adopta la praxis bukeleana de actuar rápidamente y con determinación, presentando una imagen de eficiencia y acción.

Un segundo elemento es la polarización. Superada la agenda del "anti tiene techo", Noboa comienza a profundizar la división política. Acciones como la captura de Glas y el juicio a Correa por traición a la patria revivieron el tradicional clivaje correísmo y anticorreísmo. Al buscar posicionarse como el principal contradictor de Correa, el presidente podría captar un interesante segmento de votantes, hoy más identificado con el movimiento Construye.

En el ámbito internacional, después de la irrupción en la Embajada de México, el Gobierno ecuatoriano ha cuestionado la postura y la reacción de los organismos supranacionales, reafirmando su tesis de que prevalece el interés nacional sobre los convenios internacionales.

Desafiar al sistema internacional y polarizarlo ha sido una característica distintiva del "bukelismo", lo que explica que el único miembro de la OEA que no condenó la actuación de Ecuador haya sido, precisamente, El Salvador.

Otro aspecto es el enfoque de mano dura. La inédita declaración de conflicto armado interno en el Ecuador marcó un punto de inflexión en el Gobierno de Noboa, y quizá en la historia del país. Gracias a esta declaración y sus consecuentes estados de excepción, el Estado desplegó en el territorio toda su fuerza operativa a través del ejército y la policía.

Paralelamente, desde la Presidencia se anunció la construcción de dos nuevas cárceles para presos de máxima peligrosidad y se convocó a una Consulta Popular y Referéndum para aprobar varios cambios normativos orientados a fortalecer la seguridad.

La incógnita respecto a esta posible migración hacia el modelo salvadoreño radica en que la frágil institucionalidad del Estado y la poca confianza que tiene el ecuatoriano en la democracia puedan abrir una peligrosa puerta para justificar una escalada de autoritarismo y la centralización del poder.

El estilo de Bukele es disruptivo, innovador y a la vez controversial. Su enfoque debe ser tomado con cautela, ya que enfrentar a las débiles pandillas callejeras no es lo mismo que entrar en una guerra con los cárteles transnacionales del narcotráfico.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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