Martes, 27 de febrero de 2024
De la Vida Real

Diario blanco: un libro lleno de colores

Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

11 Dic 2023 - 5:57

Leer, para mí, es un acto individual. Es enfrentarme al silencio en soledad. No puedo leer con bulla, no puedo leer con distracciones. Soy una lectora lenta que necesita concentración para poder entender lo que lee. Y esto, creo yo, se debe a mi dislexia.

Cuando un libro me atrapa busco cualquier espacio donde no haya nadie y leo como si estuviera cometiendo una travesura. Subrayo lo que me parece importante, hago anotaciones en los márgenes. Interactúo con el libro. Cuando termino la lectura mi mente no deja de pensar en la historia, en los personajes, en la trama, y quiero desesperadamente volver al libro y seguir leyendo, esperando no llegar jamás a la última página.

Y así fue mi encuentro con "Diario blanco", un libro de Ana Cristina Franco, escritora y cineasta ecuatoriana. Ella nos cuenta, al comienzo de su diario, que tuvo una enfermedad en la que adelgazó y toda la travesía por la que pasó para curarse. Cuando la cura llegó, se enteró de que estaba embarazada.

Y yo quería abrazarla porque sé la emoción que es ver las dos líneas al hacerse la prueba. Claro, ella, al igual que yo, no esperaba un hijo, pero llegó y se quedó en su vientre 9 meses. Y narra día a día todo lo que siente al estar embarazada y al dar a luz. Cómo su cuerpo cambia y el miedo que da concientizar que hay un ser viviendo adentro de una, pero también toda la emoción que eso provoca.

Ella narra su embarazo sin idealizar la maternidad, cuenta con total normalidad una vida que deja de ser normal. Porque al estar gestando la vida individual cambia, pero el resto del mundo sigue funcionando. Y al parir, la vida sigue, solo que ahora hay un ser al cual cuidar y la rutina en casa cambia.

Nos presenta a Mario, su marido que, al igual que el mío, tuvo que lidiar con los antojos, los sustos, las malas noches, los estragos y las inseguridades que las mujeres sentimos en todo este proceso.

Este diario explica, desde su visión, algo por lo que pasamos todas las madres primerizas: un viaje a lo desconocido. La autora compara el embarazo y el ser mamá con entrar al mar y surfear olas de terror y belleza.

Siento que ella me cuenta a mí cómo fue su parto, y yo quiero contarle cómo fue el mío, y divago en el recuerdo, en las coincidencias. Las dos nos preparamos para un parto natural, que terminó en cesárea. Y hace una reflexión que subrayé en rosado: "Hoy llegamos a la casa, ya no hay enfermeras a quienes timbrar por la noche, ni doulas que lleguen con jugos mágicos por la mañana, ni pediatras que aparezcan cuando Lucas llora. Estamos nosotros, y siento que somos pocos para él".

A lo largo de las páginas y de sus confesiones, cita a autores a los que lee. Y nos cuenta que su marido le filma videos los domingos porque tienen la idea de hacer algún día un documental. Es un diario que habla mucho más que solo cosas de maternidad, nos comparte también su intimidad.

Cada día de este "Diario blanco", escrito con lenguaje cotidiano y oraciones largas, refleja una vida real y hace una crítica indirecta a la idealización que se ha creado en torno a la maternidad. Nos presenta a su mamá, nos relata su infancia y los recuerdos que tiene de la casa de su abuelo.

Ana Cristina, al igual que yo, se cuestiona si estará haciendo un buen trabajo siendo madre porque todos opinan, y eso, aunque se sabe que no debe importar, nos hace dudar de nuestra maternidad y forma de criar, y nos llena de inseguridades. Y yo, al leer cada página, sentía más empatía con la autora que se atrevió a desnudarse frente al lector con valentía, sin poses, sin pretensiones.

Luego, al finalizar el libro, Ana Cristina describe lo que significa realmente dejar al bebé en la guardería y esa libertad que se siente de tener un tiempo para una misma. Y yo la entiendo porque no hay nada más lindo que estar sola y no hay nada más hermoso que volver a ver al hijo luego de unas horas.

Este libro es un diario abierto sin prejuicios, sin idealización. La escritora describe lo que sueña y al día siguiente nos narra sus miedos, sus antojos y el clima que al comienzo hace en Cuenca y al final en Quito.

Gracias, querida Ana Cristina, por compartir conmigo tu historia sin tapujos. Espero algún día conocerte y fumar un tabaco cómplice, y no a escondidas.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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