El Chef de la Política
Gobierno errático
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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Errático: que se mueve sin rumbo fijo o sin asentarse en un lugar. Impredecible o que cambia con frecuencia. Ahí la definición de diccionario. Gobierno errático: aquél que no ha definido una agenda específica que permita avizorar objetivos en el campo político, social y económico. Administración estatal que, por la forma titubeante de asumir decisiones clave, incrementa la incertidumbre a nivel de actores sociales y/o agentes económicos. Ahí la definición del manual básico de la vida política. Desde lo general hasta lo particular, estamos frente a un gobierno errático.
Algunos ejemplos. Luego de cinco meses y más sin política de salud pública, el gobierno anuncia que designará ministro para ese sector. El ungido pronto es empapelado en redes sociales y medios de comunicación con una serie de irregularidades en su vida pública que acumulan más espacio que sus propias credenciales profesionales. El gobierno no reacciona ni para posesionar de una vez al marchante ni para proponer otro nombre. Pasan los días y, a la fecha, el país se mantiene entre la incertidumbre de seguir en el columpio de la inacción o pasar a la resbaladera de las denuncias y las dudas sobre la idoneidad de quien podría hacerse cargo de esa cloaca de corrupción y delincuencia organizada que se llama Ministerio de Salud Pública. Ahí hay una cloaca, indudablemente, pero eso tampoco debe llevarnos a caer en la trampa de pensar que no hay forma de salir medianamente airoso de ese embrollo. En el pasado el país tuvo gente capaz y honesta a cargo de ese ministerio: Plutarco Naranjo, Luis Sarrazín, Carina Vance o Ximena Garzón, son solo algunos de los nombres que destacan.
Algo similar ocurre en ambiente y energía. Tras varias turbulencias políticas, muchos desatinos en materia energética y una no despreciable cantidad de escándalos que rayan en las conductas que describe ese viejo y mal usado libro que acá llamamos código orgánico integral penal, el gobierno decide hacer un cambio. A través de la secretaria de comunicación de la presidencia, que es la red X, se anuncia el nombre de quien será el nuevo encargado del ministerio y, casi de inmediato, las críticas aparecen. Las objeciones son de menor calado que en el caso del posible nuevo ministro de Salud, pero acá el gobierno sí cambia el timón brevemente. Para salir del atolladero, las lumbreras de Carondelet acuden a la estrategia política del gran Bob Esponja, la “vieja confiable”, la que está para todo y para nada. Esa que sirve para tapar conflictos a la brevedad sin resolver mayor cosa. Algo similar a lo que ocurre con el bacheo de calles de nuestras ciudades: tapan un hueco para que otro se abra más rápido que tarde.
En medio de esta maraña de incertidumbres y desconfianzas, que dan cuenta de un gobierno errático, las sirenas de Barbie, la gran estrella, tratan de solventar tanta imprecisión, por no decir ausencia de destrezas, acudiendo a técnicas variadas. Que la posesión no es lo mismo que la designación, dice una, al referirse al cuestionado ministro de Salud, mientras la periodista hace esfuerzos sobrehumanos para no romper a carcajadas ante tan depurada respuesta. Otra, más casual, actúa como promotora de los acuerdos comerciales del país a partir de relievar los temas en los que cambiará la vida de menos de la décima parte de la población. En efecto, mientras la gran mayoría de la ciudadanía no tiene medicinas y sufre por ausencia de empleo, la sirena está extasiada ante las ventajas de los acuerdos para el cuidado de su piel. Sin comentarios. Erráticos, para qué más.
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El problema, en realidad, no es que un gobierno pueda ser errático. Al inicio de una gestión presidencial siempre hay temas y estrategias que se van puliendo y mejorando, intentando así reducir el margen de improvisación y el consiguiente efecto social de desconfianza ciudadana e incertidumbre económica. El problema grave para la vida pública se da cuando frente a conductas erráticas el gobierno se solaza en ellas. Cuando los encargados del poder se regodean con decisiones espurias o declaraciones que agreden al sentido común e inteligencia de las personas. Tanto va el cántaro al agua que al final se rompe, dice el refrán popular.