De la Vida Real
Feria del Libro 2020, la tercera es la vencida
Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

6 Dic 2020 - 19:00

Los dos años anteriores me fue fatal. El primer año no respondieron ni el mail que mandé pidiendo información. El año pasado volví escribir y la respuesta llegó después de un mes. Eso porque reenvié el correo pidiendo nuevamente información para poder participar en la Feria Internacional del Libro de Quito.

Recibí un mail genérico sin el formulario adjunto. No insistí más. 

Esta vez me enteré de que la feria sería virtual. La tercera es la vencida, dice el refrán. Mandé un mail pidiendo información, sin nada de esperanzas. Me respondieron a los diez minutos muy amables. Sentí que hasta les dio alegría que quisiera participar.

Mandé otro mail con los datos que me pidieron y me embarqué en esta experiencia: mi primera aventura en una feria del libro. Lo de virtual, en mi caso, queda como tema secundario, porque jamás he estado en una presencial. 

En noviembre los organizadores de la feria seguramente enviaron unos 20 correos electrónicos súper detallados. Creo que han hecho más seis reuniones vía Zoom. Todos los involucrados compartimos la misma pasión por los libros y el mismo interés: que se vendan. Fue eso lo que me encantó de estos encuentros virtuales. Estábamos ahí tratando de visualizar cómo serían los días de feria. 

Luego nos convocaron otra vez para darnos detalles de cómo debíamos diseñar nuestros stands virtuales, y la generosidad de todos se vio reflejada en las sugerencias que cada uno hacía. Por el chat interno, mandaban el número de diseñadores que nos podrían ayudar. Sin decir nada, todos entendimos que, si la feria sale bien, todos ganamos. 

En otra reunión hubo el sorteo de los stands. Los organizadores no pueden dejar de ser burócratas, y lo más alhaja es que ellos asumían su burocracia con humor y responsabilidad, poniendo todo de parte para agilizar las cosas.

Me salí a la mitad de la reunión porque le debía ir a retirar a mi hijo de sus clases de tenis. Luego mandé un mail pidiendo información. Me resumieron de qué hablaron, y al final estaba el número del stand que me asignaron: pabellón uno, stand 18. 

De ahí, vino una segunda parte de todo este proceso: poner en marcha el diseño de los stands. Cuento mi experiencia como expositora. En esta ocasión explicaron cómo estaba ya montado todo. Previo a esto, hubo atención personalizada.

El domingo anterior me llamaron a pedir que mandara de nuevo el logo de mi editorial, que querían verificar bien el enlace. Me sugirieron que cambiara esto y aquello. Le tuve a mi marido trabajando hasta las doce de la noche.

Los organizadores estaban atentos a que llegara cada detalle perfecto, sea por mail o WhatsApp. No sé cómo no se volvieron locos –o tal vez sí– pero lo disimularon muy bien. Somos más de 100 expositores, que me imagino necesitaron la misma asesoría inmediata. 

Para que la feria salga como todos esperamos, es evidente que existe un trabajo de hormiga que no se puede ver. 

En una de las últimas reuniones, en la que nos explicaban cómo están los stands, mi avatar caminaba más en el cielo que el suelo. Nos dijeron que están haciendo todas las pruebas necesarias para que todo salga de maravilla y no dudo que así será.

A los expositores nos dieron la oportunidad de presentar las obras que tenemos. Así que mi papá y yo tenemos un espacio el 9 de diciembre a las 16:00 horas para hablar sobre el último libro que escribió y que yo publiqué. 

Me mandaron el enlace junto a un mail agradeciendo nuestra participación. Me angustia cómo nos irá. Tenemos un poco más de una hora para hablar. Como no entendí muy bien el esquema, le llamé a un señor Santiago, quien me dijo: “No se angustie. Ese es su espacio y ustedes podrán hablar de lo que deseen. Disfrútenlo”.

Ese rato le llamé a mi papá, quien no tenía idea hasta ese momento en qué lo había metido. “Tinita, ¿me cuentas, me invitas o me impones?” Me preguntó. “Todo junto, pá. Ya tenemos el espacio y está todo organizado. Nos toca sentarnos y enfrentar”.

Debo confesar que esta experiencia me tiene un poco ansiosa. Quiero que todo salga bien. Compré un micrófono que anula el sonido externo para lograr que nuestras voces salgan nítidas. Reconozco que es el toque de novelería que no podía faltar. 

Nos hemos esforzado bastante. El mundo virtual en este tiempo me acerca cada vez más al mundo real. Lo virtual no es más que una pantalla que trasmite por otra pantalla algo que se siente y se vive en carne propia. Todo debe quedar perfecto. Es la Feria del Libro Quito Virtual 2020. 

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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