Domingo, 26 de mayo de 2024
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Esto no es político

Justicia sin show

María Sol Borja

María Sol Borja

Periodista. Conductora del programa político Los Irreverentes y del podcast Esto no es Político. Ha sido editora política, reportera de noticias, cronista y colaboradora en medios nacionales e internacionales como New York Times y Washington Post.

Actualizada:

5 Abr 2024 - 5:58

La semana pasada fuimos testigos de las versiones anticipadas de Mayra Salazar, antigua relacionista pública de la Corte Provincial del Guayas; de Helive Ángulo y Marcelo Laso, administrador de bienes y hombre de confianza de Leandro Norero, respectivamente, todos procesados en el caso Metástasis.

Sin considerarlo todo como una verdad irrefutable, lo que contaron da cuenta de un estado completamente podrido; un sistema de justicia tomado y unos ciudadanos —abogados, funcionarios, jueces y demás— dispuestos a vender su alma a cambio de dinero manchado de sangre. 

Sin embargo, la atención se desvió fácilmente tras la mención que hizo Mayra Salazar a varias figuras que han trabajado en programas de televisión. La más conocida, Carolina Jaume. 

Y la atención se volcó sobre ella, provocando que todo lo demás pasara a un segundo plano. Jaume, cuya vida privada —voluntariamente ventilada en redes— ha sido comidilla en redes sociales y shows de televisión, fue convocada a declarar en la fiscalía. Ella llegó con equipo de cámaras y luces propias, como quien asiste a un reality más.

En un país acostumbrado a la banalización de los problemas más graves, a la mercantilización de la vida privada —propia o ajena— los ciudadanos parecemos no dimensionar la gravedad de lo que ocurre. 

Y eso es peligrosísimo. Nos entretiene en lo superfluo y nos distrae de lo profundo porque romantiza al crimen y a la violencia que, luego, nos estallan en la cara; nos agarra de sorpresa. 

¿Cuándo le pasó esto al Ecuador? ¿En qué momento la violencia se nos desbordó? Son preguntas que muchos se han hecho. La respuesta está, en parte, también ahí: mientras mirábamos hacia otro lado, entretenidos con la espectacularización de cualquier cosa. 

Es necesario ir a lo profundo de Metástasis, Purga o Plaga para ver que la corrupción en el manejo de la justicia es también el material que alimenta la violencia en el país. 

No se trata solamente de corrupción —que ya es grave—; se trata de una maquinaria que está al servicio de la violencia que surge del crimen organizado. Los tentáculos del crimen organizado alcanzando la justicia y la política resultan en la pérdida de vidas humanas. El desangre que hemos enfrentado en los últimos años, los cuerpos desmembrados, los niños asesinados, las balas perdidas están estrechamente relacionados con la toma de la justicia. 

Quienes han participado, operado o lucrado para debilitar al sistema de justicia al punto de dejarlo desmembrado, tienen las manos manchadas de sangre. Quienes ostentan esos lujos a los que han accedido lavando dinero, tienen las manos manchadas de sangre. 

Tiene que haber justicia y para eso, los ciudadanos, la prensa, las organizaciones de la sociedad civil debemos estar vigilantes y no distraernos con el oropel, lo accesorio, lo anecdótico. 

La narcopolítica y la narcojusticia se debilita también quebrando la impunidad y ahí  la Fiscalía tiene un desafío enorme: ser rigurosa, contundente y alejarse del show, por más tentador que este pueda ser.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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