En sus Marcas, Listos, Fuego

¿Por qué hay lluvia de delincuentes? Porque son buenos economistas

Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

17 May 2022 - 19:00

Abril sicariatos mil. ¿Era así? Parece que sí. ¿Pero por qué? Hoy no vamos a analizar factores de marginación y pobreza, sino que, vamos a aproximarnos a un análisis criminológico que explica el crecimiento exponencial de delincuencia y derramamiento de sangre en nuestras aceras.

Verán, los que matan y roban son buenos economistas y por ello su actividad se puede explicar desde el enfoque criminológico de las ‘actividades rutinarias’. Todos, los buenos y los malos y los mensos, en nuestras actividades rutinarias, nos desenvolvemos haciendo un análisis inconsciente o consciente de coste-beneficio.

El delincuente es un ser racional, un ser libre para tomar decisiones sobre el cálculo matemático de costos y beneficios que cada conducta proporciona.

Un individuo podrá decidir delinquir cuando los beneficios de infringir la ley superen los perjuicios que hipotéticamente podría ocasionar dicha infracción. ¿Cuál es el costo de asesinar? Simple, la sanción penal (26 vueltas al sol). Pero si ese costo es remoto, probabilísticamente bajo, vale arriesgarse por el beneficio, ¿no?

Pero para llegar a la situación de hacer el análisis costo-beneficio falta lo más importante: ‘la oportunidad para hacerlo’. No basta, por lo mismo, estar dispuesto a delinquir, sino que se precisa tener la oportunidad perfecta (a veces algo imperfecta) para hacerlo.

Por ejemplo, a inicios del siglo XX era muy difícil cometer el delito de robo de vehículos automotores, por cuanto casi no había carros y, además, hacerlo resultaba demasiado notorio: andar por la calle con el único auto del barrio que fue reportado como robado. Hoy, a inicios del siglo XXI, es uno de los delitos más comunes.

Un ladrón puede robar la mercancía de un puesto de fruta cuando su dueño no esté a la vista y abstenerse de hacerlo cuando lo esté. En este orden de cosas, sí, puede también robar cuando está a la vista, pero el coso sería mayor que el beneficio, por lo mismo, deberá esperar la oportunidad adecuada para que ejecutar el delito sea motivante.

Aterricemos en nuestro tropical y amazónico país. ¿Sabían que si yo salgo a la calle armado con una linda Smith & Wesson y me descubren, me iré un año enterito a ser torturado en cana y si mi 9 milímetros fue comprada en el mercado negro, me caen siete añitos de prisión? Por eso no ando armado. ¿Ven?

Pero yo soy medio ingenuo, porque solo basta ver las noticias para ver que los sicarios andan con fusiles (y que, como chisme, les cuento que no se los compraron en el Quicentro) y que disparan a quemarropa y se van tranquilos. ¿Por qué? Porque salen campantes.

Resulta ser que en nuestra putrefacta sociedad pululan las oportunidades para delinquir y no hace falta respaldarse en una calculadora para saber que delinquir es gratis. Matas, robas violas. ¿Las consecuencias? Nanay. Bien, gracias.

Les pongo otro ejemplo para terminar de regurgitar encima de todos. El titular dice: ‘masacre en la Cárcel de Santo Domingo’. ¿Saben con qué se matan? Con armas de fuego y a machetazo limpio.

Entiendo que nadie procese a los asesinos que ya están adentro por asesinos y que todos sabemos que en nuestro sistema saldrán de la cárcel con los pies por delante. Pero les voy a contar un secretito, así que shhhh. ¿Sabían que para ingresar artículos prohibidos a una cárcel hay que ingresarlos? Sí, ‘ingresarlos’ de ‘meter’.

¿Y saben desde donde se ingresa algo adentro? Obvio, desde afuera. ¿Y saben quién está afuera? Los que no están adentro. ¿Y saben por qué los que están afuera ingresan artículos prohibidos? Porque no hay consecuencias por meter y meter. Economía delictiva pura y dura. Ni Keynes se atrevía a tanto.

No se ofendan. No les estoy tratando como tontos. Escribo esto para que me ayuden a tratar como tontos a nuestras autoridades.

Es que miren, si ya sabemos que vamos a jugar contra el Real Madrid, por fas, al elegir al rival, no se equivocarán de Barcelona.

Esto es así: ¿Quiere el Estado enfrentar a organizaciones criminales? Sugerencia: ¿qué tal si empiezan organizándose? Esto de entrar a la guerra con pistolas de agua está un poco carnavalesco, ¿no creen?

Gracias por leerme. Escribo estas líneas desde Sevilla, sentado en un callejón con una cerveza, con la tranquilidad de saber que nadie ve como mercancía mi computadora ni como ‘bullseye’ mi entrecejo, porque aquí el cálculo matemático me hace inmortal.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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