Análisis Económico
El plan de Andrés Arauz tiene 14 años de antigüedad
Francisco Briones

Francisco Briones

Director general de Perspectiva, consultora de asuntos económicos y empresariales. Docente de posgrado en macroeconomía y políticas públicas. Realiza análisis coyunturales del Ecuador para The Economist Intelligence Unit (EIU).  

Actualizada:

24 Feb 2021 - 19:00

Partamos de la asunción de que el Presidente Lenín Moreno es un traidor que se convirtió en la antítesis de Rafael Correa, según los propios correístas que lo candidatizaron, promovieron y votaron. Para que esto fuera verdad, también debería serlo que, efectivamente, procuró continuar por la senda trazada por su predecesor. Y esto último sí es claro.

Lo cierto es que a pesar del distanciamiento político tras impulsar un proceso penal contra Jorge Glas y otros personajes políticos cercanos a Correa, Moreno prosiguió con la línea económica de su predecesor. Tan es así, que Carlos de la Torre y María Elsa Viteri fueron sus primeros ministros de Economía. Los dos se rehusaron al ajuste fiscal y al cambio del modelo de gasto insostenible y endeudamiento agresivo.

De la Torre insistió en ideas como el dinero electrónico administrado por el Banco Central y el uso de las reservas internacionales como mecanismos para aumentar la liquidez fiscal y reactivar la economía. Además, en conjunto con autoridades del correísmo del SRI y de la SENAE, propuso la tasa de control aduanero, denominada ‘paquetasa’ por los comerciantes de Guayaquil. 

Por otro lado, Viteri presentó un plan económico en el que propuso un aumento de impuestos para los más ricos y subir al máximo los aranceles de 375 productos. Sin embargo, ambos ministros dieron un paso al costado al no contar con apoyo político ante el rechazo ciudadano y de la opinión pública a sus planes.

La conclusión lógica es que, si Moreno es traidor y el nuevo alfil Arauz no, este último no debería tener problema en ejecutar de alguna u otra forma las ideas pendientes de De la Torre y de Viteri. Y no los tiene.

De hecho, el candidato Andrés Arauz, pese a sus recientes intentos de desmarcarse de su jefe en Bélgica, ha propuesto exactamente lo mismo en diversos foros, medios o reuniones durante la campaña de la primera vuelta.

Sobre dinero electrónico y uso del dinero de las reservas internacionales, en recientes reuniones en el extranjero dijo que utilizará estos mecanismos para entregar USD 1.000 millones a un millón de familias en su primera semana de gobierno.

Del mismo modo, ha planteado la repatriación de capitales para el sistema financiero y mayores controles tributarios para aumentar los recursos fiscales.

En materia tributaria también ha ofrecido implementar una reforma progresiva para que paguen más los que más riqueza tienen, así como evitar la sub y sobre facturación en comercio exterior. Es como si planteara ejecutar el plan que De la Torre y Viteri no lograron implementar.

El plan de Arauz es el de Correa, tiene 14 años. La receta del correísmo no ha cambiado. Sigue intacta, como si una pandemia y una crisis fiscal no nos hubieran pasado por encima, eso agrava más las cosas. Por eso tampoco hay que descuidar los temas pendientes en su agenda, el más importante de todos, recuperar el control y la manipulación monetaria. 

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