Tablilla de cera
Las dos ofertas de obras de Daniel Noboa a Quito
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
Actualizada:
Dos menciones sobre obras para Quito hizo el presidente Daniel Noboa en su Informe a la Nación de este 24 de mayo: extender el metro hacia La Ofelia “por propia mano” y construir el Museo Nacional.
Ambas son buenas promesas, pero muy distintas en su factibilidad, tiempo y recursos. Si lo que quiso decir cuando expresó “por propia mano” es que retiraría esa competencia a la Municipalidad de Quito y la haría íntegramente por gestión y financiamiento del Gobierno, está claro que ha escogido un camino pantanoso y complicado, pues, como lo señalaron tres exalcaldes capitalinos consultados por PRIMICIAS, es imposible que se lo haga sin coordinar con el dueño del metro y de la movilidad que es el municipio, y sin los estudios para la prolongación de la línea, que la ciudad ya encargó.
Nadie duda de la importancia de la obra, pero por eso mismo la coordinación es clave: actuar al unísono llevará el empeño a buen término. Por supuesto, en la actualidad el alcalde y el presidente son de líneas políticas distintas y habrá que ver qué sucede en las elecciones de noviembre.
Si se diera el caso de que triunfara la candidata de ADN, supongo que el presidente tendría una relación ideal y de armonía con el municipio, pero incluso si no fuera así, el mandatario no podría extender su pelea con quien sea alcalde de la capital: su deber es trabajar juntos.
El caso del Museo Nacional no tiene estas dificultades: le pertenece al Gobierno, y el presidente viene anunciándolo como obra emblemática en los tres discursos que ha dado el 24 de mayo en 2024, 2025 y 2026.
El museo tiene avances sustanciales, como el concurso internacional para el diseño del anteproyecto, en cuya primera etapa se recibieron más de 140 muestras de interés de equipos de 30 países, de los que se seleccionaron 20 para que avancen a la segunda etapa del diseño.
Se espera que en un mes se anuncie el proyecto triunfador. Hay gran expectativa en estos días porque los jurados deben estar deliberando.
Ya se traspasó el terreno de 13 mil metros cuadrados en La Pradera, de Inmobiliar al Ministerio de Cultura, y acaba de abrirse una sala interactiva (aborrezco aquello de “showroom”) en el sitio exacto de la futura construcción.
Esto más que promesa está encaminado a convertirse en realidad y los quiteños cruzamos los dedos para que el Gobierno no lo deje en el aire: si se cumple el cronograma, el edificio se construirá en 2027 y el gobierno podrá inaugurarlo en 2028 con lo que dejará un hito que se recordará para siempre en Quito y en el país.
No se trata solo de un edificio: se ha venido trabajando, tras la conceptualización misma del museo, en modelos de gestión de colecciones, de gestión económica y otros aspectos organizativos y administrativos.
No creo que haya quien cuestione la importancia del museo, pero, por si acaso, es bueno recordar que, a lo largo de más de ochenta años, desde que se inició la reserva arqueológica del Banco Central del Ecuador, el país ha coleccionado lo que yo llamaría el espejo de su identidad.
Organizada y potenciada por Hernán Crespo Toral en el Museo Arqueológico y Galerías de Arte del Banco Central del Ecuador, la colección demostró durante décadas, que era la que nos podía dar a entender quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos como sociedad.
Arrebatada al Banco Central, la Colección Nacional no ha tenido la mejor de las suertes, a pesar de ser el impresionante tesoro, suma y símbolo de nuestro país. Pero hoy, lo reconozco, existe un nuevo horizonte para esa rica variedad de objetos arqueológicos, obras coloniales y republicanas, fondos documentales históricos y obras del arte moderno y contemporáneo.
Venus de Valdivia, sillas manteñas o el sol de oro de La Tolita, están entre las más de 62 mil piezas en la reserva de arqueología. Legardas, caspicaras, samaniegos o pintos entre los más de 5 mil bienes en la reserva colonial y republicana. Y más de 2.500 obras de los mejores escultores y pintores ecuatorianos del siglo XX y XXI. Sin dejar de mencionar la biblioteca y archivo histórico donde están los libros, mapas y documentos, provenientes de colecciones como las Jacinto Jijón y Caamaño e Isaac Barrera. Todo esto y más es del Museo Nacional.
Cuando esté listo podremos experimentar en un solo relato moderno, interactivo, las distintas culturas, épocas, etnias y regiones del país, lo que ayudará a crear ese sentido de pertenencia y orgullo compartido que tanta falta nos hace. Tal vez incluso nos permita tener un espacio neutral para reflexionar sobre los conflictos pasados, las crisis y los logros, ayudando a construirnos como nación.