Lo invisible de las ciudades
Con el MUNA perdimos todos
Arquitecto, urbanista y escritor. Profesor e Investigador del Colegio de Arquitectura y Diseño Interior de la USFQ. Escribe en varios medios de comunicación sobre asuntos urbanos. Ha publicado también como novelista.
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Pocos imaginamos que esta tragicomedia del MUNA terminaría convirtiéndose en una hidra. Cada vez que alguien decapita alguna irregularidad ocurrida en este concurso, aparecen dos irregularidades más. A eso, sumémosle que —gracias a la perspectiva que nos da el paso de los días— podemos recién ver formas de haber manejado mejor lo ocurrido.
Está de más profundizar en el perjuicio cultural que nos ha traído todo esto. La colección nacional seguirá dispersa, y en condiciones precarias, sin la infraestructura necesaria para preservarla o restaurarla. Preocupa y desilusiona que el proyecto ganador plantee guardar la reserva nacional bajo el suelo, justo en el sector con el mayor nivel freático de todo el valle de Quito. ¿Qué nos conviene entonces? ¿Construir un nuevo museo o dejar la colección como está? Si no se corrige semejante agravante de la propuesta ganadora, ¿estaríamos haciendo algo equivalente a hundir lo más valioso de nuestro patrimonio en un lodazal? Si, hay sistemas de bombeo que funcionan de manera permanente en los subsuelos de los edificios construidos en dicho sector. Pero esas bombas están permanentemente liberando de agua los estacionamientos. En una ciudad con alto riesgo sísmico como lo es Quito, ¿es una reserva subterránea una condena a la pérdida total de nuestro patrimonio?
El segundo perjuicio va contra el gremio de los arquitectos. Todos, incluso aquellos que no participábamos en este concurso veíamos en él la oportunidad de consolidar una práctica civilizada y regulada de la profesión, a través de los concursos de arquitectura. El colapso moral de este proceso nos condena a todos los arquitectos a seguir trabajando por migajas que, arbitrariamente, las instituciones gubernamentales pagan por proyectos arquitectónicos desde hace casi dos décadas.
Viendo lo ocurrido, nos queda de lección que el CAE-P tuvo que presentar la propuesta ganadora original sin soltar las riendas. La presentación del veredicto del jurado debió hacerse con mayor precisión, fuerza e iniciativa. Bajo lo planteado por la ley de Brandolini, esa que explica cómo refutar una tontería consume más esfuerzos y consigue pocos éxitos, debió pensarse en hacer una explicación más exhaustiva del proyecto. Dejar el proyecto sin explicación fue un error. Ejemplo: los recubrimientos con pan de oro en las aperturas recién se mencionaron en las refutaciones a las redes. Debió presentarse el proyecto, explicar sus características arquitectónicas, resaltar las observaciones que se le haya hecho al ganador, expresar desde el principio que se trata de un anteproyecto e invitar desde el primer momento a la comunidad a mejorarlo.
A todo esto, ¿por qué no se procedió a considerar al segundo premio, en el momento de descartar al primero? ¿No es esa la función tácita que tiene un segundo lugar? ¿Por qué dicho equipo no tomó esa iniciativa?
Y aunque no lo crean, debo incluir entre los perjudicados al equipo ganador de la segunda instancia. Son ellos los que más expuestos están a la incertidumbre que ha dejado la improvisación de la segunda etapa. La cláusula que indica que el museo podría construirse en otro lugar implica comenzar a diseñar el museo otra vez, desde cero. Los diseños nos se trasladan así como así. Un museo no es un local de comida rápida, que se construye igual en todos lados. ¿Le pagarán al equipo ganador los honorarios necesarios para hacer un Museo Nacional en otro sitio?
Un arquitecto tiene una responsabilidad sobre el inmueble proyectado por él. ¿Estarán los ganadores en capacidad de enfrentar las consecuencias de una inundación en las reservas subterráneas? No lo creo. Serán primer el fusible a quemar, si algo ocurriera y viniera una inquisición buscando culpables.
Por último, perdió la reputación de todos los ecuatorianos. ¿Han visto lo que dicen las revistas internacionales de arquitectura sobre nuestro país, al saber que hubo un “golpe de estado” en un concurso de arquitectura? Búsquenlo y léanlo con sus propios ojos.
No queda más que ver, cuántos profesionales extranjeros quieran participar el próximo concurso de arquitectura; que dicho sea de paso, ya ha sido anunciado.