Lo invisible de las ciudades
El Parque Bicentenario: una bala más al aire
Arquitecto, urbanista y escritor. Profesor e Investigador del Colegio de Arquitectura y Diseño Interior de la USFQ. Escribe en varios medios de comunicación sobre asuntos urbanos. Ha publicado también como novelista.
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Semanas atrás, el alcalde Pabel Muñoz explicó que el parque Bicentenario requiere de la prolongación de las avenidas Amazonas y Real Audiencia para poder configurar mejor sus límites y permitir así una mayor accesibilidad del mismo para los peatones. Dichas declaraciones se hicieron, sin mostrar trazado alguno de las mencionadas propuestas viales.
Veo inútil la idea de prolongar la avenida Amazonas. Me parece que en ese frente debería retirarse las construcciones que se encuentran dentro del parque, que antes pertenecían al antiguo aeropuerto o a la FAE. Eso debería hacerse con el objetivo de ampliar los espacios verdes del Bicentenario, logrando que este alcance la avenida La Prensa, con árboles y vegetación. Sin embargo, sí concuerdo con eso de prolongar la avenida Real Audiencia. Si esta alcanzara la Galo Plaza Lasso, se eliminaría el embudo de entrada que existe ahora en ese frente, donde el parque comparte linderos con fábricas, concesionarios automovilísticos, oficinas y viviendas.
Sobre la idea de ampliar la Real Audiencia he escrito desde el año 2018. He mencionado en varias ocasiones que el Bicentenario carece de algo que La Carolina, El Ejido y la Alameda sí tienen: permeabilidad peatonal. Esto quiere decir que los peatones pueden entrar y salir por donde les da la gana. Así se les permitiría atravesar el parque, aunque este no sea su destino final. Un parque que cuenta con vida todos los días es aquel que puede ser usado incluso como alternativa para acortar distancias a pie. En contraparte, los parques que cuentan con una permeabilidad peatonal deficiente, se quedan atrofiados y se los usa como parques de fin de semana. Esa es la situación actual del Bicentenario.
Los parques permeables generan un circuito de actividades que benefician a todos. El parque atrae actividades y residentes, quienes al vivir o trabajar frente al mismo también incentivan el uso de sus áreas verdes y recreativas.
Sin embargo, el parque Bicentenario tiene un problema aún mayor: la cesión de parte de sus terrenos a instituciones públicas. De todas las organizaciones que ocupan terrenos de parque, la única que tiene motivos para estar ahí son los bomberos. La fábrica de dovelas del Metro podría justificar su presencia, si se concretara la ampliación de tan estratégico medio de transporte público. Los playones de automóviles detenidos por la AMT deberían ser reubicados, pues deterioran la calidad paisajística del parque. Algo similar ocurre con los espacios que la AMT destina para la revisión vehicular. Tranquilamente, esas instalaciones podrían ser puestas en otra parte.
Dichas mutilaciones al Bicentenario son —en gran parte— las que han ahuyentado el desarrollo de proyectos inmobiliarios en altura; algo que estaba previsto desde hace ya una década.
Sería bueno que el municipio mostrara los trazados para dichas prolongaciones. Sin dichos trazados, no sabemos cuántos metros cuadrados de espacios verdes se perderían si se construyen dichas extensiones viales. Así podría realizarse un debate serio, entre las autoridades municipales y la ciudadanía. No se puede gobernar —ni se puede hacer oposición— usando simples especulaciones como referente.
Está administración recurre con frecuencia a esta mala estrategia de hablar ideas sin bases técnicas. Se habló antes de una arena de conciertos; y previo a ello, se mencionó la posibilidad de un peaje a los vehículos que ingresen al híper centro. El alcalde Muñoz no se ha dado cuenta, de que el tiempo para buscar proyectos que los perennicen quedó atrás.
Dicho todo esto, debo expresar cuánta desilusión resulta que los equipos de planificación y diseño del Municipio Metropolitano de Quito no pretendan plantear como alternativa innovadora, algo que se viene discutiendo desde hace 8 años atrás, a través de mis publicaciones. A todos ellos, que cobran su sueldo por plantear mis ideas, les mando un cordial saludo.