El 'efecto apagón' y el encarecimiento del diésel reducen el crecimiento
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
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El Banco Central del Ecuador, Fondo Monetario Internacional, y el Banco Mundial mantienen sus proyecciones de 2,5% para 2026, apoyada en el crecimiento del sector construcción. Sin embargo, la realidad internacional y local sigue siendo mucho más compleja.
En las últimas semanas han convergido varios reportes relevantes:
- La International Energy Agency (IEA) revisó fuertemente a la baja la demanda global de petróleo, con una contracción esperada de -1,5 millones de barriles diarios en el segundo trimestre.
- J.P. Morgan advirtió que los precios del petróleo aún no reflejan la magnitud real del golpe a la oferta por las restricciones en el Estrecho de Ormuz, donde los cruces cayeron a solo el 4% del nivel normal.
- La trader Mercuria calificó el shock en el mercado de aluminio como un “black swan”, con un déficit proyectado de al menos 2 millones de toneladas hasta finales de 2026.
- Esta semana se anunció un incremento en las reservas del Campo Amistad en el Golfo de Guayaquil, lo que representa una buena noticia para las reservas de gas natural del país.
Para Ecuador, el panorama se resume en un doble efecto tijera:
Por un lado, exportamos crudo a precios relativamente contenidos mientras importamos diésel caro y con márgenes de refinación elevados. Por otro, el aluminio —insumo clave para construcción y envasado, especialmente afectando al sector atunero — ha subido fuertemente de precio. Mientras tanto, el gas del Campo Amistad, aunque bienvenido, tardará varios años en tener un impacto significativo en la generación eléctrica y transporte pesado.
Cuando incorporamos en Andes Legacy Advisors estos factores junto con el comportamiento real de las personas y las empresas —integrando la Teoría de Prospectos de Kahneman—, nuestra proyección del producto interno bruto (PIB) 2026 se ubica en 1,96%. Es decir, 0,54 puntos porcentuales por debajo del consenso oficial.
¿Por qué la brecha sigue ampliándose?
Porque los ecuatorianos no deciden solo con números. Deciden también —y muchas veces principalmente— con el miedo.
Al temor al racionamiento eléctrico (Mazar en estiaje crítico y la refinería de Esmeraldas con restricciones) se suma la preocupación por el alza del diésel y los mayores costos de materiales como el aluminio y fertilizantes (fosfatados y nitrogenados). Esto genera una poderosa aversión a la pérdida: hogares posponen compras, empresas medianas frenan inversiones y los costos de construcción se elevan.
El repunte de la construcción genera empleo visible, pero choca contra un techo de cristal que es energético, de materiales y psicológico. Si el estiaje se profundiza y se materializa El Niño (62% de probabilidad entre junio y agosto), el impacto podría ser aún mayor.
¿Qué debemos hacer ahora?
No basta con celebrar el repunte de la construcción ni las nuevas reservas de Amistad. Para que 2026 no se convierta en un espejismo, es urgente actuar en tres frentes simultáneos:
Transparencia radical sobre la energía
- ⦁ Comunicar con honestidad y detalle los planes reales de contingencia para los temas eléctricos y de derivados. Reducir la incertidumbre es tan importante como resolver el problema técnico.
Focalizar los subsidios con inteligencia
- ⦁ Proteger el diésel productivo (transporte y agroexportación) mientras se reduce gradualmente el subsidio generalizado. Evitar que el miedo se traduzca en menor consumo.
Acelerar la diversificación real
- ⦁ Reparaciones urgentes en Esmeraldas, avance concreto en renovables, gobernanza profesional para el gas del Golfo (incluyendo Amistad) y estrategias para mitigar el alza de materiales como el aluminio.
2026 puede ser un buen año
Pero solo lo será si dejamos de gobernar exclusivamente con obras visibles y empezamos a gobernar también las emociones colectivas, los costos reales de la energía y la vulnerabilidad de nuestra cadena de materiales. Porque en Ecuador, el crecimiento no se construye únicamente con cemento. Se construye gestionando el miedo que hoy amenaza con convertirse en el mayor freno invisible de nuestra economía.
