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Decadencia e indolencia: una tragedia en cuatro actos

Paolo Moncagatta

Profesor de ciencia política y Decano de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad San Francisco de Quito.

Actualizada:

19 jun 2026 - 05:50

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Primer acto. Hace unas semanas, la mujer que cuida a mi madre, una señora peruana de Ayacucho, viaja a su país para visitar a su familia. En el aeropuerto de Quito es retenida, sin explicación razonable, por dos mujeres policías, que la llevan a la bodega de un almacén de ropa, la interrogan, y le registran todo su equipaje, su ropa, sus bolsillos. A la final, como no encuentran nada sospechoso, y ante las protestas de la mujer, la dejan ir, no sin antes quitarle 75 dólares, como “parte de sus servicios”.

Segundo acto. Nos visita la señora que trabajó como empleada doméstica en la casa de mi familia en Guayaquil cuando yo era niño. Nos cuenta que en su barrio, la cooperativa Sergio Toral en el noroeste de Guayaquil, todos los lunes pasan por su casa unos señores pertenecientes a un grupo delictivo organizado, que les cobran dos dólares semanales por proteger a su familia de otros delincuentes. Nos cuenta que hacen eso en todas las casas, y que a las familias que tienen negocios como tiendas de víveres o servicios como peluquerías les cobran cinco dólares semanales. Incluso les dan un “recibo”, para que puedan enseñarlo si alguien más quiere extorsionarlos. Todos conocen a los mafiosos, saben quiénes son; la práctica, aunque a nadie le gusta, está normalizada y nadie -ni siquiera la policía- hace algo por resolverla.

Tercer acto. La esposa del Presidente de la República obtiene su título de Licenciada en Comunicación Social, por parte de una prestigiosa universidad capitalina, mediante procedimientos legales, pero que no dejan de levantar importantes dudas. Según un documento emitido por la propia universidad, la Sra. Valbonesi validó varios años de su experiencia profesional como influencer en redes sociales, acogiéndose a un mecanismo de “Validación de Trayectoria Profesional”, contemplado en el Reglamento del Consejo de Educación Superior, como parte de sus estudios de comunicación. Por eso le fue posible obtener su título con menos de un año de asistencia a la universidad.

Cuarto acto. El Presidente de la República asiste al primer partido de la selección del Ecuador en el mundial de fútbol, en Filadelfia, donde perdemos ante Costa de Marfil 1-0. Por televisión se lo ve feliz, sonriendo y disfrutando de una cerveza, pocos minutos antes de que la selección encaje el único gol del partido (saco de sal, le han dicho muchas personas…pero ese es otro tema). El presidente había anunciado un viaje con una comitiva que incluía representantes de varios ministerios y secretarías, pero nunca se anunció quién exactamente viajaría con él, cuál era el propósito, y que se asistiría al partido de la selección. Lo que sí se dijo en el decreto oficial número 418, es que “los viáticos y demás gastos que genere el presente desplazamiento se cubrirán con cargo al presupuesto de la institución a la que pertenecen los integrantes de la comitiva”. Cabe preguntar: ¿esos viáticos incluían la estadía en Filadelfia para asistir al partido? ¿Incluían también la logística del palco y la cervecita mundialista?

¿Qué tienen en común todas estas escenas? Que todas hablan del ejercicio del poder en el Ecuador. Todas ellas demuestran cómo, dependiendo de quién uno es, el poder puede servir para perjudicarte o beneficiarte. Si no eres alguien importante, la policía puede darse el lujo de abusar de ti, quitarte dinero o no protegerte. Si estás en el poder, puedes usarlo como una herramienta para obtener beneficios que a la gran mayoría de ciudadanos les serían totalmente inalcanzables. Y esto no tiene que ver con envidias ni resentimientos: tiene que ver con usos y abusos del poder.

Hay muchas otras escenas de la vida cotidiana en nuestro país que podrían servir para ilustrar tanto la decadencia a la que hemos llegado como sociedad como la indolencia que muestran nuestros gobernantes. Mientras activistas, jueces y fiscales mueren asesinados, nuestros gobernantes vacacionan en yates y hoteles de lujo. Mientras cientos de personas mueren por falta de medicinas e insumos en los hospitales, nuestros gobernantes manejan Porsches (en calles llenas de baches, paradójicamente). La falta de sensibilidad duele y ofende.

Hay algo que todos nuestros gobernantes deberían tener en cuenta al pretender conducir un país tan complicado como el nuestro. Gobernar el Ecuador exige estar dispuesto a renunciar a los beneficios que el poder puede darte. Es necesario ser consciente que será un trabajo intenso, sumamente complicado, que requerirá dedicarle el 100% del tiempo y la energía, y que tal vez convenga mantener un perfil discreto. Es una falta de respeto que mientras el país se cae a pedazos por la inseguridad, las crisis en el sistema judicial, en el sistema de salud, y los demás problemas importantes que padecemos día a día, nuestros gobernantes conviertan un viaje oficial en una escapada mundialista. 

Mañana Ecuador juega contra Curazao, un rival que debería ser fácil de vencer. En un país normal, un partido de la selección involucraría apenas una conversación futbolera. En el Ecuador de hoy, hasta el fútbol termina mezclándose con la política, los privilegios del poder y la falta de pudor de quienes nos gobiernan.

  • #Ecuador
  • #Daniel Noboa
  • #Presidencia de la República
  • #gestión política

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