El Chef de la Política
No hay peor cuña que la del mismo palo: la disputa por la alcaldía de Quito
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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Los tres candidatos para disputar la alcaldía de Quito vienen del mismo palo y, por tanto, se conocen en las buenas y en las malas. Los tres cantaron la patria tierra sagrada, se sumergieron en el discurso altivo y soberano y a voz en cuello despotricaron contra la prensa mediocre y corrupta y la partidocracia. Que con el tiempo se hayan distanciado, al menos aparentemente, es otra cosa. En el fondo, el llamado verde flex de inicios del siglo XXI los cobijó. Los tres han sido alcaldes de este pueblo grande llamado Quito y los tres aspiran a volver a conducir las riendas de estos pagos que, en algún momento, fueron patrimonio cultural de la humanidad.
Hasta hace unos días la disputa estaba entre Yunda y Muñoz. El primero con un poco más de veinte por ciento de apoyo popular, estable y consistente, sobre todo en zonas de mayor depresión socioeconómica. El segundo, con un porcentaje algo mayor, a juzgar por el resultado electoral que lo llevó a la alcaldía y las maromas que hay que hacer para escudriñar la posible verdad tras tanta encuesta distorsionada y que lo único que hace es desorientar a la ciudadanía. En términos generales, entre Yunda y Muñoz estaba alrededor de la mitad del electorado de Quito, guste o no.
Yunda avanzaba y avanza en su campaña de puerta a puerta y de barrio en barrio. Le ayudan las innumerables frecuencias de radio que posee, desde luego, pero no se puede negar que más allá de la evaluación de su paso por la alcaldía, a Yunda le acompaña un carisma especial que lo torna cercano a la gente, sobre todo a la más humilde. Si a eso se suma el ecua, la cantada y la bailada, poco queda para decir, sino que el exalcalde es un candidato con opciones reales de volver a ganar. Tiene un techo de crecimiento y será difícil que pase de ese veinte por ciento, pero ese porcentaje puede ser suficiente en un proceso electoral en el que se vaticina que el número de candidaturas llegará a la docena y la dispersión del voto entre el grueso de aspirantes será la tónica.
A pesar de lo dicho, a Yunda le preocupaba hasta la semana pasada la mayor votación, no con un margen amplio, pero mayor al fin, de Muñoz. Ser alcalde en título le genera costos a Muñoz, pero también los beneficios de promocionarse desde el cargo. Eso hacía pensar que la definición de la alcaldía iba a estar marcada por un voto a voto entre los dos contendientes. Si en la elección pasada Muñoz ganó con apenas sesenta mil votos de diferencia a Yunda, en esta ocasión la disputa podía ser más cerrada. Hasta ahí, nada de novedoso se presentaba en el escenario electoral de la simbólica capital del país.
Pero el surgimiento de Barrera y su candidatura por el Partido Socialista patea, sin duda, el tablero electoral. Aunque es una patadita, en ocasiones los golpes leves pueden ser letales. Ese es el caso de Barrera. Aunque tiene muy poca o ninguna opción electoral, sin embargo, la votación que pueda capturar reducirá en alguna medida la de Yunda, pero sobre todo la de Muñoz. No es necesario que sean muchos votos los que le quite Barrera a Muñoz, basta que sean los necesarios para que la corta distancia entre Yunda y el actual alcalde se elimine y el famoso Loro Homero se haga nuevamente con el cargo municipal. En simple, a quien más beneficia la candidatura de Barrera es, sin lugar a mayor duda, a Yunda. Chimbador, dicen en el argot popular. El palazo que ha recibido Muñoz de su antiguo (o actual) yunta, compañerito o camarada, dependiendo de la intensidad de socialismo que les quede, puede ser letal. ¡Nadie podía haber imaginado hasta hace poco que quien ponga en duda la reelección del alcalde sea alguien de su propia línea ideológica y no el propio Yunda! No hay peor cuña que la del mismo palo, dice el refrán.
Desde luego, hay una lectura adicional. No se puede descartar que esa candidatura, la del exalcalde Barrera, responda a un ejercicio de previsión de la posible no inscripción de Muñoz como candidato. Ronda en Quito hace varias semanas el rumor de que uno de esos allanamientos forjados o una de esas prisiones preventivas a la carta vuelan cerca de la cabeza de Muñoz y con ello su imposibilidad de terciar en noviembre. Si ya pasó en Guayaquil, por qué no en Quito, dicen las malas lenguas. Si esto es así, la candidatura de Barrera se puede entender desde otra perspectiva. Solo el tiempo lo dirá. Hay un cincuenta por ciento de votos en disputa, es cierto. Pero para que de esa mitad de electores surja alguien que ponga en duda efectivamente la alcaldía a Yunda o Muñoz se requiere que sea una persona de consenso y que articule un discurso de renovación profunda. Ambas condiciones son poco realizables y lo que habrá, como ya pasó hace cuatro años, es un grupo de gente interesada en salir del anonimato. Por eso, la candidatura de Barrera es clave, no porque tenga opción de ganar, sino porque puede ser el ingrediente definitivo para el retorno de Yunda a la alcaldía.