De la Vida Real
El único toque de queda que me ha gustado
Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido.
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Ante este gobierno mi postura es clara, pero debo reconocer que estas dos semanas del toque de queda en Quito le he amado. No porque se haya logrado algo, tampoco porque entienda cuál fue el fin de dar, una vez más, la orden del toque de queda. No, le he amado porque por dos fines de semana nos permitió descansar de tanta fiesta y "quedadas" que tiene el Pacaí, mi hijo mayor, que ya tiene 15 años. Estas dos semanas, el Wilson, mi marido, y yo hemos sido felices. Sin fiestas, hay tranquilidad emocional y descanso.
Con el Pacaí hemos llegado tantas veces al acuerdo de que si sale el viernes no sale el sábado, pero son acuerdos que duran de domingo a viernes, porque él, con sus teorías, nos convence de que debe salir los dos días. Nos habla de que si no va a las fiestas le da "fomo", y yo le digo que le dé lo que sea, pero que escoja un día: o viernes o sábado. "Ma, es que el viernes es en la casa de la Montero, no puedo faltar, van todos los del colegio, y el sábado es en Cumbayá, van todos mis amigos. Además, ma, van a ir las hijas del primo y, como son mis primas, también tengo que ir. No hay de otra, ya está cuadrado con mis amigos."
Y es tal su encanto y sus argumentos que accedemos. Son fiestas que no pasan de las doce de la noche, y cuando sale con sus primas es una delicia porque mi primo se encarga de irle a recoger y duermen en la casa de él. Cuando ellas no van, le toca al Wilson irles a retirar, y digo en plural porque tiene que ir dejando a los amigos en sus respectivas casas. Entonces, ¿cómo no amarle a Noboa? Dos semanas de calma, de noches tranquilas.
Aunque ya me advirtió el Pacaí que tiene la agenda llena desde la próxima semana hasta mediados de junio. Hay veces que nos organizamos con otras mamás para irles a traer, pero jamás me quedo tranquila. Tengo que aprender a soltar y a aceptar que mi Pacaí está pasando lindo, y nada malo le va a pasar.
Mis amigas que tienen hijas mayores, en cambio, han sufrido como nadie con esto del toque de queda: "La guambra llegó el viernes a las 10:56 pm, casi me da un ataque, ya le veía presa. Les encanta vivir al límite."
Un amigo me contaba que su hijo le llamó a las 10:45 para que le vaya a retirar. "Uno como adulto piensa: que le metan preso al majadero y que aprenda. Pero ya como taita, volé a verle. Llegamos a la casa a las 11:10, sudando. Por suerte ni un chapa hubo, pero qué paridera."
Esto del toque de queda es una carrera entre el gato y el ratón, porque no hay conciencia alguna. Solo es el miedo al castigo el que rige.
Mi hijo está desesperado por volver a las farras. "Ma, la Ana nos invitó a una fiesta en Cumbayá el próximo viernes".
"No confirmes, porfa, porque el lunes es feriado y tal vez hagamos algo."
"No, no se preocupen, me quedo con los abuelos, ustedes hagan lo que quieran", nos responde.
Pobrecito, porque le toca oír veinte minutos de que no puede molestar a otras personas por sus caprichos, que es menor de edad y va a donde nosotros vayamos, que se vaya al carajo su "fomo". Y el Pacaí me queda viendo y me dice con esa voz de adolescente:
"Ok, ma. De acuerdo con todo lo que dices. Pero ya está resuelto: me quedo a dormir en la casa del Caye", su mejor amigo.
Mientras tanto, el Wilson vive con la esperanza de que las fiestas han de pasar de moda. Yo le hago acuerdo de que el tiempo se congela en la adolescencia y que nos esperan todavía las de la Amalia y el Rodrigo.
"Chi, tienes miles de desveladas más", le digo.
"El Pacaí que se encargue de sus hermanos. Yo no jalo más", me responde. Me sonrío, porque sé que nos queda de largo. Solo espero que decreten un toque de queda mensual y de por vida.
Al Pacaí, para que deje la insistencia, le dije que Noboa acaba de alargar un fin de semana más el toque de queda. Y yo soy un poquito más feliz, porque oigo cómo le insulta a este gobierno. Claro, esa felicidad no me dura mucho, porque seguro se dará cuenta de que lo que dije es una estrategia para no seguir en la discusión absurda de una fiesta en un viernes de feriado. Mis argumentos entraron en toque de queda y no se habla más del asunto, hasta que llegue el Pacaí con su encanto a retomar lo importante que es salir a fiestas en esta época de la vida.