Qué podrían hacer partidos, activistas y otros actores para reivindicar la gestión política en Ecuador en 2026
Mientras algunos analistas apuntan a una reforma electoral en Ecuador y otros a reconectar la política con la ciudadanía, hay quienes advierten que solo una crisis podría forzar cambios reales en la gobernabilidad del país.

El 17 de diciembre de 2025 fue el último Pleno presencial de la Asamblea Nacional de este año.
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Asamblea Nacional.
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La política ecuatoriana atraviesa un momento marcado por la inestabilidad, la fragmentación y la toma de decisiones desde la urgencia, en un escenario en el que Ejecutivo y Asamblea enfrentan dificultades para articular agendas sostenidas.
En ese contexto, conceptos como gobernabilidad, representación democrática y calidad del debate público vuelven a ocupar el centro de la discusión.
No solo por los resultados recientes —como el revés del Ejecutivo en la consulta popular—, sino porque revelan límites persistentes del sistema político: partidos debilitados, agendas legislativas fragmentadas y una creciente distancia entre el poder y la ciudadanía.
A partir de ese diagnóstico, analistas políticos coinciden en que mejorar la gobernabilidad no pasa por ajustes aislados, sino por cambios estructurales que aborden las fallas de fondo del sistema.
Ordenar la representación: la reforma electoral como punto de partida
Para el analista político y decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad SEK, Esteban Ron Castro, cualquier intento de mejorar la gobernabilidad debe comenzar por ordenar el sistema de representación política, hoy marcado por la dispersión y la sobrerrepresentación.
A su criterio, Ecuador pasó de una fragmentación bajo la idea de pluralidad a un escenario en el que muchas organizaciones políticas funcionan únicamente como vehículos electorales, sin formación, identidad ideológica ni procesos de profesionalización.
“Hoy no tenemos un esquema de representación fuerte en el Ecuador. Es tan disperso, tan diverso y con tantos actores, que el ciudadano no sabe hacia dónde correr ni con quién identificarse”.
Esteban Ron Castro, analista político
Ron explica que esta dinámica debilitó la pertenencia política y generó un sistema en el que los liderazgos se reciclan sin producir cambios de fondo. “La representación está en un bucle”, advierte, lo que termina alimentando la apatía ciudadana y la desconfianza en la política.
En ese escenario, sostiene que la gobernabilidad se ve afectada no solo en la Asamblea, sino también en el Ejecutivo, donde la toma de decisiones responde más a núcleos de confianza personal que a estructuras institucionalizadas.
Este desorden —señala— se refleja también en un sistema altamente fragmentado: según datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), en Ecuador existen actualmente 17 organizaciones políticas nacionales, entre partidos y movimientos, una dispersión que, sin reglas claras de funcionamiento y formación, dificulta la representación efectiva.
Por ello, el analista considera que una de las pocas salidas posibles pasa por impulsar una reforma electoral profunda que ordene el sistema político, eleve los requisitos de participación y devuelva coherencia y seriedad a la representación democrática.
Reconectar la política con la ciudadanía y sus necesidades
Desde otra perspectiva, la analista política Madeleine Molina sostiene que la crisis de gobernabilidad no se explica únicamente por la coyuntura actual, sino por una desconexión histórica entre las élites políticas y la ciudadanía.
Aunque el país cuenta hoy con un Ejecutivo y un Legislativo en funciones, advierte que los problemas estructurales se siguen expresando en la práctica diaria del poder, especialmente en una Asamblea que refleja la fragmentación interna de los partidos y la ausencia de proyectos ideológicos claros.
"Mientras siga habiendo esta desconexión o desconocimiento de los verdaderos intereses que existen, pues lamentablemente la política no va a a cumplir su efecto último, que es el servicio a a la ciudadanía".
Madeleine Molina, analista política
Molina considera que el triunfo del “No” en la consulta popular respondió más a un descontento generalizado con el sistema político que a una disputa entre corrientes ideológicas, y advierte que la política seguirá perdiendo legitimidad si no logra responder a las necesidades concretas de la población.
Desde su análisis, mejorar la gobernabilidad implica reconstruir la representación desde el territorio, priorizar leyes que impacten en la vida cotidiana y reducir la lógica de confrontación que domina el debate público. Sin ese giro, señala, la política continuará atrapada en disputas de poder sin resultados tangibles.
Romper la inercia del cortoplacismo: un quiebre estructural
Para el analista político y profesor de la Universidad San Francisco de Quito, Santiago Basabe, el problema de fondo es que Ecuador es un país que históricamente se gobierna desde la coyuntura, sin políticas de Estado ni acuerdos mínimos sostenidos en el tiempo.
Aclara que esta lógica no es exclusiva del actual gobierno, aunque hoy se expresa con particular fuerza, y se refleja en decisiones erráticas, alta rotación de autoridades y vacíos de gestión en sectores estratégicos.
"Se toman decisiones importantes y trascendentes para el país desde la coyuntura. En otros términos, no hay políticas de Estado. No existe la noción de lo que es el Estado como tal".
Santiago Besabe, analista político
A ello se suma una clase política enfocada en la siguiente elección y un debate público marcado por la trivialización y la polarización, amplificadas por las redes sociales.
Pero a diferencia de otras lecturas que apuestan por reformas graduales, Basabe es escéptico frente a cambios impulsados desde el propio sistema político. A su criterio, los actores actuales no tienen incentivos reales para transformar las reglas del juego, porque —dice— todos se benefician, en mayor o menor medida, del esquema vigente.
"En el corto plazo no creo que haya una alternativa ni una salida. Que eso pueda venir en algún momento, yo creo que sí, pero para eso se necesita alguna crisis, muchos más de las que decimos tener ahora, que podría ser el punto de partida".
Santiago Besabe, analista político
Desde esa mirada, el analista plantea que los cambios estructurales en Ecuador solo han ocurrido cuando una crisis profunda obliga a reaccionar. Un quiebre económico, social o político de gran magnitud —advierte— podría convertirse en el detonante que fuerce acuerdos, reformas y una redefinición del rumbo del Estado.
Mientras ese remezón no ocurra, concluye, la política ecuatoriana seguirá moviéndose en ciclos de inestabilidad, sin resolver los problemas que la sostienen.
Coincidencias y advertencias
Aunque desde ángulos distintos, los tres analistas coinciden en un punto central: la política ecuatoriana necesita dejar de reaccionar solo al momento. Reformar las reglas de representación, reconectar el poder con la ciudadanía e invertir en ideas y formación aparecen como condiciones mínimas para recuperar la gobernabilidad y fortalecer el debate público.
Sin esos cambios, advierten, el país seguirá atrapado en ciclos de conflicto, improvisación y desconfianza, donde la política se mueve, pero no avanza.
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