Lo que el nuevo plan de Galápagos no puede omitir
El próximo martes 8 de septiembre se cumplen 48 años desde que Galápagos fue declarado el primer Patrimonio Mundial de la Unesco, una fecha que coincide con el inicio de la formulación de su nuevo Plan de Manejo. El desafío es garantizar recursos, cerrar pendientes de gobernanza y enfrentar las nuevas amenazas que acechan al archipiélago.

Turistas recorren el Parque Nacional Galàpagos, el 4 de abril de 2026, en medio del feriado de Semana Santa.
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Parque Nacional Galápagos
Autor:
Alfredo Carrasco Valdivieso / analista invitado
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El 8 de septiembre de 1978, el Comité de Patrimonio Mundial hizo, en Washington, las 12 primeras inscripciones de la historia de la Convención. Galápagos quedó con el número uno y Quito con el número dos: el Ecuador tiene los dos primeros asientos de una lista que hoy reúne 1.248 sitios en 170 países. Se cumplen además 25 años de la incorporación de la Reserva Marina al sitio.
La fecha coincide con algo más importante. El Plan de Manejo de las Áreas Protegidas, oficializado en 2014 por 10 años, cumplió su ciclo, y en agosto se convocó la formulación del que lo sustituirá. Ese documento gobernará la próxima década, y un plan de manejo es un diagnóstico antes de ser un programa: vale lo que valga la franqueza con que describa el punto de partida.
Hay mucho que celebrar, y la decisión primera es del Estado ecuatoriano: el país resolvió proteger Galápagos en 1934, emitió la primera declaración de protección en 1936 y creó el Parque Nacional en 1959, casi cuatro décadas antes de que existiera la Convención.
El programa de crianza de tortugas gigantes, iniciado en 1965 con 22 individuos en Pinzón y 13 en Española, suma hoy 9.500 tortugas repatriadas por el Parque Nacional con apoyo científico de la Fundación Charles Darwin, y en Pinzón se documentó el primer nacimiento natural en más de un siglo.
Entre 1997 y 2006, el Proyecto Isabela retiró más de 140.000 cabras de unas 500.000 hectáreas, la mayor erradicación insular de su tipo hasta entonces, y después volvieron los bosques nativos y el pachay, un rálido endémico que reapareció también en Floreana tras la restauración de 2023, en una isla donde no se registraba desde 1835.
La diferencia entre ambos casos marca el límite de la herramienta: en islas deshabitadas, la erradicación se completa; donde hay gente, el objetivo realista es el control permanente. Galápagos es hoy uno de los archipiélagos mejor conservados del planeta y uno de los territorios que más ha aportado a la ciencia.
El sistema de cuarentena, que también merece celebrarse, empezó hace unos 30 años como labor informativa en los aeropuertos y se institucionalizó después, con trabajo de sucesivos gobiernos, del Parque Nacional, de la Fundación Charles Darwin, de organizaciones que acompañaron el proceso y de residentes que asumieron la conservación como asunto propio. Hoy la Agencia de Bioseguridad mantiene el índice de ingreso de nuevas especies dentro de su meta, con 166 personas para todas las islas.
El patrullaje marino compete al Parque en coordinación con la Armada y cuenta desde 2025 con el respaldo del Galápagos Life Fund, que entregó USD 6 millones para flota, monitoreo remoto y un grupo especializado de control. Aun así, el control de la pesca del pepino de mar se hizo ese año sin embarcaciones oceánicas y con lanchas detenidas por falta de combustible. Un fondo externo compra capacidad y no sustituye al presupuesto que sostiene la operación diaria.
Un país capaz de todo lo anterior puede sostener a sus instituciones de conservación. Para lograrlo, el nuevo plan tiene que decir en voz alta tres cosas que los anteriores dejaron fuera.
El dinero
La primera es el dinero. El presupuesto aprobado al Parque para gasto corriente y operativo no llega a USD 4 millones anuales y sigue casi igual desde 2016. En 2024 la ejecución fue de 88,9% en gasto corriente y de 12,4% en inversión: se paga la nómina y casi no se compra nada.
Los salarios salen de lo que la institución recauda, cuando correspondería al gobierno central, que a comienzos de 2025 adeudaba a las entidades beneficiarias de la tasa más de USD 5 millones acumulados desde 2023. De los USD 22,12 millones recaudados ese año, la Agencia de Bioseguridad recibe el 5%.
Cerrar las cuentas
La segunda es cerrar las cuentas abiertas. El Decreto Ejecutivo 270 de abril de 2007 declaró en riesgo y de prioridad nacional la conservación y el manejo del ecosistema, y ningún acto posterior ha establecido que ese riesgo cesara.
Las 15 medidas correctivas acordadas con el Comité vencieron en 2012 sin que resolución alguna las diera por cumplidas. Cada reforma de gobernanza reinició el reloj sin cerrar el ciclo anterior, y el nuevo plan puede romper esa cadena declarando qué se cumplió y qué no.
Otras amenazas
La tercera es una amenaza que no existía cuando se escribieron los planes anteriores. En enero de 2024 el Washington Post documentó que el combustible subsidiado sale del archipiélago en embarcaciones que aparentan faenar y se entrega en el mar a las lanchas del narcotráfico, que llaman a las islas la gasolinera del Pacífico.
El 28 de agosto la Policía encontró 32 iguanas marinas juveniles en la maleta de una pasajera en el aeropuerto de Quito. Hay indicador para el tráfico de especies que entra a las islas y ninguno para el que sale.
Qué haría la diferencia
Con ese diagnóstico sobre la mesa, tres compromisos harían la diferencia. Un piso presupuestario plurianual y auditable para el Parque y para la Agencia de Bioseguridad, exigible como condición de cualquier desembolso externo, con una revisión del reparto de la tasa que saque a la Agencia del 5% y traslade los salarios al presupuesto general.
Indicadores de lo que hoy nadie mide: lo que sale del archipiélago y la calidad y el costo de vida de quienes lo habitan.
Y una precisión de competencias. La regularización de vehículos y los derechos de residencia y de operación comercial son atribución del Consejo de Gobierno del Régimen Especial, donde sigue pendiente separar el derecho de quien vive y trabaja en las islas del privilegio levantado sobre una infracción acumulada.
Al plan le toca medir las consecuencias sobre las áreas protegidas: los atropellamientos de fauna silvestre y el consumo de combustibles fósiles del transporte terrestre y de las embarcaciones.
El Ecuador ya demostró de lo que es capaz: rescató especies desde el umbral de la extinción y devolvió islas enteras a funcionar solas, con presupuestos que no crecieron en una década. Falta sostener lo ordinario, y el documento que se empieza a escribir estas semanas es la mejor oportunidad en 12 años de ponerlo por escrito. 48 años después, Galápagos sigue siendo el número uno de la lista, y la pregunta es qué hacemos para que lo siga siendo por mérito y no por antigüedad.
Alfredo Carrasco Valdivieso fue subsecretario de Capital Natural del Ministerio del Ambiente y presidió, como encargado, la Autoridad Interinstitucional de Manejo de la Reserva Marina de Galápagos. Fue Secretario General de la Fundación Charles Darwin.
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