Así cambió el presupuesto de los hogares ecuatorianos en 13 años
Los hogares ecuatorianos gastan hoy más en conjunto, pero también de una forma distinta a la de hace 13 años. La vivienda ganó peso, mientras la alimentación sigue absorbiendo una parte mucho mayor del presupuesto de los hogares pobres. La nueva ENIGHUR muestra que la desigualdad no está solo en cuánto se gana, sino también en cuánto margen existe para decidir en qué gastar.

Puestos de frutas y verduras en el Mercado Central de Guayaquil registran variaciones en precios tras el incremento de las gasolinas y el diésel que rige desde este 12 de mayo.
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La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares Urbanos y Rurales (ENIGHUR) volvió a levantar una fotografía integral del presupuesto familiar ecuatoriano luego de más de una década. La comparación entre 2011-2012 y 2024-2025 es particularmente valiosa, ya que, permite observar transformaciones que las estadísticas mensuales de inflación o empleo no muestran: qué proporción del presupuesto familiar se destina a comer, cuánto absorbe la vivienda, qué diferencias existen entre un hogar rural y uno urbano y hasta qué punto el nivel de ingreso determina la libertad que una familia tiene para decidir qué consume.
La comparación es metodológicamente válida porque el propio Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) señala que el tratamiento del gasto corriente se mantuvo consistente entre ambos periodos. La clasificación del consumo sí fue actualizada: pasó de 12 divisiones y 3.166 productos en 2011-2012 a 13 divisiones y 4.511 productos en 2024-2025, por lo que algunas categorías requieren especial precaución al compararlas.
Hay otra ventaja; para su comparación histórica, el INEC llevó los valores de 2011-2012 a USD de 2025, eliminando el efecto inflacionario. Es decir, cuando se analizan los grandes agregados de gasto, no estamos confundiendo un incremento de precios con un aumento real del consumo.
Ecuador gasta más en conjunto, pero la estructura del hogar también cambió
En términos reales, el gasto corriente mensual agregado de los hogares pasó de aproximadamente USD 3.846 millones en 2011-2012 a USD 5.079 millones en 2024-2025. Eso equivale a un incremento cercano al 32,1%.
El gasto monetario pasó de USD 2.970 millones a USD 3.734 millones, un aumento de 25,7%. El gasto no monetario, que incorpora componentes como autoconsumo, bienes recibidos en especie y valor imputado de la vivienda, subió de USD 876 millones a USD 1.345 millones, es decir, 53,5%. Los valores históricos fueron expresamente llevados por el INEC a USD de 2025.
Sin embargo, el aumento agregado no debe interpretarse automáticamente como que cada familia consume un tercio más. Ecuador también tiene más hogares y estos son considerablemente más pequeños. El tamaño promedio cayó de 3,8 personas en 2011-2012 a 3,3 en 2024-2025.
Ese cambio demográfico importa. Un hogar de tres personas naturalmente requiere una estructura de gasto distinta a uno de cuatro o cinco miembros. De hecho, la propia ENIGHUR 2024-2025 muestra que el gasto de consumo promedio aumenta con el tamaño del hogar: pasa de USD 349,22 en hogares unipersonales a USD 842,25 en aquellos de seis miembros o más.
Según Angus Deaton y Christina Paxson, en su artículo titulado “Economías de escala, tamaño del hogar y la demanda de alimentos”, publicado en Journal of Political Economy, el tamaño del hogar y las economías de escala dentro de las familias modifican la relación entre gasto, consumo per cápita y bienestar. Esto implica que el presupuesto de un hogar no puede analizarse simplemente dividiéndolo por el número de integrantes, pues ciertos bienes y servicios son compartidos entre sus miembros.
El cambio ecuatoriano, por tanto, no es simplemente “gastamos más”. Hay una transformación simultánea del tamaño de las familias y del tipo de gasto que realizan.
Del plato al techo: la vivienda es el rubro que más ganó espacio
El segundo cambio está en la composición del gasto monetario de consumo. En 2011-2012, los alimentos y bebidas no alcohólicas absorbían 24,4% del presupuesto de consumo. En 2024-2025 representan 22,2%. El transporte pasó de 14,6% a 12,9%.
En sentido contrario, la partida de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó de 7,4% a 10,9%, un salto de 3,5 puntos porcentuales, el mayor entre las categorías directamente comparables.
Restaurantes y alojamiento también aumentaron su participación, desde 7,7% hasta 9,4%. Educación pasó de 4,4% a 5,6%, mientras información y comunicación subió de 5,0% a 5,7%.
En 2024-2025, los tres rubros más importantes son alimentos, con 22,2%; transporte, con 12,9%; y vivienda y servicios, con 10,9%. Juntos representan aproximadamente USD 46 de cada USD 100 destinados al consumo monetario. El gasto total de consumo monetario alcanza USD 3.506 millones mensuales.
El aumento relativo de la vivienda es económicamente relevante porque se trata de un gasto con baja capacidad de ajuste en el corto plazo. Una familia puede postergar ciertas compras, reducir actividades recreativas o cambiar algunos patrones alimentarios, pero tiene mucho menos margen para dejar de pagar arriendo, electricidad, agua o combustibles.
La literatura económica ha mostrado que esta composición importa tanto como el nivel total de gasto. Según Fabrizio Perri y Dirk Krueger, en su artículo titulado “¿Conduce la desigualdad de ingresos a la desigualdad de consumo? Evidencia y teoría”, publicado en The Review of Economic Studies, las diferencias en el consumo ofrecen una dimensión distinta de la desigualdad respecto de las diferencias observadas únicamente en los ingresos. Los hogares pueden amortiguar algunos cambios de ingreso, pero la capacidad para hacerlo no es igual para todos.
En Ecuador, por tanto, el presupuesto se está desplazando parcialmente desde algunos bienes tradicionales hacia gastos asociados con vivienda y servicios. No significa que comer haya dejado de ser importante; significa que otras obligaciones están reclamando una porción creciente del ingreso familiar.
La Ley de Engel sigue viva
La desigualdad se vuelve mucho más evidente cuando los hogares se ordenan por nivel de ingreso. Según las tabulaciones de la ENIGHUR 2024-2025, los hogares del primer decil, el grupo de menores ingresos, destinan 37,5% de su gasto a alimentos. En el decil 10, el de mayores ingresos, los alimentos representan apenas 10,8%. La diferencia es de 26,7 puntos porcentuales.
Ley de Engel en Ecuador: composición del gasto del D1 frente al D10
Cuando se ordena a los hogares por su ingreso per cápita en diez grupos iguales, usando la variable oficial de deciles del INEC, y se analiza en qué gastan su dinero, aparece un patrón que la teoría económica lleva más de un siglo documentando: la Ley de Engel.
Formulada por el estadístico alemán Ernst Engel en el siglo XIX, esta ley establece que a medida que el ingreso de un hogar aumenta, la proporción destinada a alimentación disminuye, aunque en términos absolutos pueda incluso subir. Es decir, un hogar rico gasta más en USD en comida que un hogar pobre, pero mucho menos como porcentaje de su presupuesto total.
Para verificar cómo se comporta esta ley en el Ecuador de 2024-2025, se procesaron los microdatos de la ENIGHUR aplicando los factores de expansión oficiales del INEC. Se dividió el gasto de cada división de consumo (alimentos, vivienda, transporte, etcétera) entre el gasto corriente de consumo total del hogar y se calculó el promedio ponderado dentro de cada decil.
En el primer decil, el 10% más pobre del país, aproximadamente USD 37,50 de cada USD 100 de gasto de consumo se destinan a alimentación. En el décimo decil, el 10% más rico, esa cifra baja a USD 10,80 por cada ISD 100. La brecha de 26,7 puntos porcentuales es una de las expresiones más nítidas de la desigualdad del consumo ecuatoriano.
La diferencia no termina en la comida. En el decil más pobre, la educación representa apenas el 0,7% del gasto de consumo; en el más rico asciende al 9,2%. Restaurantes: 4,6% frente a 10,5%. Transporte: 8,5% frente a 16,2%. Recreación: 2,7% frente a 4,5%. En el otro extremo, vivienda pesa más en el presupuesto del D1 (12,1%) que en el del D10 (9,5%), aunque los hogares ricos gastan varias veces más en dólares por este mismo rubro.
La lectura es directa: los hogares pobres destinan una proporción abrumadora de su gasto a las necesidades básicas de supervivencia, mientras los hogares ricos pueden distribuir su presupuesto entre bienes y servicios asociados a movilidad, tiempo libre, formación y capital humano.
La evolución del gasto de los hogares ecuatorianos muestra una economía familiar distinta a la de hace 13 años. El aumento del gasto agregado real convive con hogares más pequeños y con una redistribución del presupuesto hacia rubros como vivienda y servicios. Pero el cambio más importante aparece cuando se observa quién puede gastar y en qué.
La estructura del consumo evidencia que el bienestar no depende únicamente del monto disponible. Mientras los hogares de mayores ingresos pueden distribuir una parte considerable de su presupuesto entre educación, transporte, restaurantes, recreación y otros bienes y servicios, los hogares de menores ingresos siguen destinando una proporción mucho mayor a cubrir necesidades básicas, especialmente alimentación.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
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