La movilidad educativa avanza en Ecuador, pero deja atrapados a los más pobres
Pocas encuestas en Ecuador permiten lo que la ENIGHUR sí: comparar la educación de cada jefe de hogar con la de su padre y su madre. Los datos de 2024-2025 muestran avances significativos respecto a 2011-2012, aunque con dinámicas distintas según el origen familiar.

Imagen referencial de una madre ayudando en los deberes escolares a su hija. Foto del 26 de agosto de 2025, en un hogar en Quito.
- Foto
PRIMICIAS
Autor:
Actualizada:
Compartir:
La idea de que el Ecuador es un país que se educa cada generación más que la anterior tiene un sustento estadístico claro. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares Urbanos y Rurales (ENIGHUR) permite, en sus ediciones de 2011-2012 y 2024-2025, comparar el nivel de instrucción de cada jefe de hogar con el de su padre y su madre. El cruce revela que la mayoría de los hogares ecuatorianos hoy superan, en términos formales, el nivel educativo de la generación que los precedió. La movilidad ascendente respecto al padre pasó de 58,6% a 65% en apenas 13 años.
No obstante, esa lectura optimista, vista con atención, se vuelve más compleja. La movilidad existe, aunque opera con asimetría: el “ascensor educativo” funciona mucho mejor para quienes ya partían de un piso intermedio, y mucho menos para quienes nacieron sin él. La reproducción de la pobreza educativa, lejos de retroceder, se mantiene prácticamente intacta: el 84,7% de los jefes de hogar sin instrucción es hijo de un padre que tampoco la tuvo, frente al 83,7% que se registraba en 2011-2012. Trece años de expansión educativa no movieron ese piso.
Este artículo analiza esa asimetría a partir de los microdatos de la ENIGHUR y la pone en diálogo con la literatura académica reciente sobre movilidad intergeneracional en Ecuador y América Latina.
El ascensor sí subió: más educación que la generación anterior
Para medir la movilidad intergeneracional educativa, la ENIGHUR ofrece una posibilidad poco común entre las encuestas nacionales: pregunta a cada jefe de hogar por el nivel de instrucción más alto que aprobaron su padre y su madre. Esa información, cruzada con el propio nivel educativo del jefe, permite construir un retrato directo de cuánto avanzó cada hogar respecto a la generación que lo precedió.
El cálculo es sencillo. Si el nivel educativo del jefe es mayor que el de su padre o su madre, se considera movilidad ascendente. Si es igual, se habla de inmovilidad o reproducción del nivel parental. Si es menor, se trata de movilidad descendente. Para hacer comparables las dos ediciones de la encuesta, se armonizaron las categorías originales en cuatro niveles equivalentes: sin instrucción, primaria o EGB, secundaria o bachillerato, y educación superior. La comparación se hace por separado respecto al padre y respecto a la madre, porque ambas trayectorias educativas tienen perfiles históricos diferentes en Ecuador.
Con base en los factores de expansión de la ENIGHUR, se estima que en 2024-2025 alrededor de 2,9 millones de jefes de hogar ecuatorianos alcanzaron un nivel educativo superior al de su padre, lo que equivale al 65% del total. Otro 32,6% reprodujo exactamente el mismo nivel del padre, mientras apenas el 2,4% terminó con un nivel inferior, una cifra que confirma que la movilidad descendente es marginal en el país. Las cifras de 2011-2012 muestran el punto de partida del cambio: en aquel entonces la movilidad ascendente respecto al padre alcanzaba al 58,6% de los hogares y la inmovilidad al 38,4%. En 13 años, por tanto, la movilidad ascendente ganó 6,4 puntos porcentuales y la inmovilidad cedió 5,8 puntos.
Cuando la comparación se hace respecto al nivel educativo de la madre, el panorama es aún más favorable. La movilidad ascendente subió de 63,1% a 68,1% entre las dos ediciones de la encuesta, mientras la inmovilidad cayó de 34,6% a 29,9%. Esta diferencia refleja una brecha de género que la generación parental arrastraba, y que la actual está cerrando aceleradamente a medida que más mujeres acceden a la educación formal.
Estos resultados son coherentes con los hallazgos regionales de Guido Neidhöfer, Matías Ciaschi y Leonardo Gasparini, quienes en su artículo Intergenerational mobility in education in Latin America identifican una tendencia positiva de movilidad intergeneracional educativa en la mayoría de países de América Latina. En particular, el estudio muestra que la movilidad ascendente de hijos e hijas provenientes de familias con bajos niveles educativos ha aumentado durante las últimas décadas, en un contexto de expansión educativa regional.
El ascensor solo sube fácilmente para algunos
La cifra agregada del 65% de movilidad ascendente esconde una historia más compleja cuando se mira de cerca. La distribución del nivel educativo de los jefes de hogar cambia drásticamente según el nivel que alcanzó su padre.
Para 2024-2025, se estima que de los 1,1 millones de jefes de hogar cuyo padre nunca recibió instrucción formal, apenas 61.769 alcanzaron la educación superior. Eso equivale al 5,5% de ese grupo. La mayoría, el 55,7%, llegó únicamente hasta primaria o educación general básica, y otro 11,6% se quedó también sin instrucción. Solo el 27,2% avanzó hasta secundaria o bachillerato. La movilidad existe, aunque en este grupo se concentra principalmente en los tramos educativos intermedios bajos.
Cuando se observa a los hogares cuyo padre alcanzó al menos primaria o EGB, el panorama cambia. De los 2,4 millones de jefes de hogar en esa situación, el 19,5% alcanzó educación superior, una proporción casi cuatro veces mayor que la del grupo anterior. El 46,8% llegó a secundaria o bachillerato, y solo el 0,9% terminó sin instrucción. Tener un padre con algunos años de escolaridad parece ser un piso protector suficiente para que el siguiente paso generacional sea más amplio.
La proporción de jefes que alcanzan educación superior crece con cada peldaño del nivel educativo del padre. Entre los hijos de padres con secundaria o bachillerato, el 48,2% llegó a la educación superior. Y entre los hijos de padres que ya habían alcanzado educación superior, el 81,4% reprodujo ese nivel. Solo uno de cada cinco hogares de este grupo experimentó algún tipo de descenso educativo respecto a su padre, y ese descenso, cuando ocurre, suele ser leve: del nivel superior al de secundaria o bachillerato.
La asimetría es notable. Mientras que apenas el 5,5% de los hijos de padres sin instrucción alcanzó educación superior, esa proporción sube al 81,4% entre los hijos de padres con ese mismo nivel. Es decir, la composición educativa de los hijos está fuertemente asociada a la del padre, incluso en una generación que, en términos absolutos, está más formada que cualquier otra en la historia ecuatoriana.
Qué hacer con el ascensor que no llega al sótano
La transformación generacional que muestra la ENIGHUR es, en términos absolutos, profunda. Entre los padres de los jefes de hogar actuales, una de cada cuatro personas (25,0%) nunca recibió instrucción formal. Entre las madres, la cifra sube al 28%. En la generación que hoy encabeza los hogares ecuatorianos, esa proporción cayó al 3,6%. En el otro extremo de la escala, mientras solo el 6,0% de los padres y el 4,3% de las madres alcanzaron educación superior, hoy el 22,1% de los jefes y jefas de hogar tiene ese nivel.
Ese 3,6% de hogares cuyo jefe sigue sin instrucción equivale, según los factores de expansión de la ENIGHUR, a cerca de 199 mil hogares ecuatorianos. No son una excepción: son una población del tamaño de una ciudad mediana. Y dentro de ese grupo, la herencia educativa de la pobreza es casi total. El 84,7% tiene un padre que tampoco tuvo instrucción formal. Es la cifra que mejor resume el límite de la movilidad ecuatoriana de los últimos años: el sistema educativo logró que millones de hijos e hijas avanzaran respecto a sus padres, a pesar de que el núcleo más profundo de la exclusión educativa sigue replicándose con casi total fidelidad.
Esa asimetría tiene consecuencias económicas concretas
La sección anterior mostró cómo el origen educativo del padre se refleja en el nivel alcanzado por el hijo. Esa relación también aparece en el gasto del hogar. Los datos de la ENIGHUR 2024-2025 muestran que un hogar con jefe sin instrucción tiene un gasto corriente total promedio de USD 484 al mes, mientras un hogar con jefe con educación superior gasta USD 1.495, una cifra 3,1 veces mayor.
La escalera del gasto sigue de cerca a la escalera educativa: USD 680 en hogares con jefe con primaria o EGB, USD 870 con secundaria o bachillerato. El piso educativo es también un piso económico, y la herencia educativa se traduce en herencia de capacidad de consumo, de inversión en los hijos y, eventualmente, de oportunidades para la siguiente generación.
La movilidad educativa, además, no puede leerse únicamente como acumulación de años de estudio o como paso de un nivel formal a otro. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en su informe de 2025 sobre movilidad social y desigualdad en América Latina y el Caribe, advierte que la región sigue enfrentando brechas persistentes de calidad educativa. Esta conclusión se apoya, entre otros insumos, en los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), una evaluación internacional que mide las competencias de estudiantes de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias, no solo desde la memorización de contenidos, sino desde su capacidad para aplicar lo aprendido en problemas concretos.
Según esa medición, aproximadamente tres de cada cuatro estudiantes de 15 años en América Latina y el Caribe no alcanzan el nivel mínimo de competencia en matemáticas. El dato es relevante para Ecuador porque obliga a leer la movilidad educativa con cautela: avanzar respecto a los padres en términos de nivel formal no siempre significa acceder a aprendizajes de la misma calidad, ni a las mismas competencias u oportunidades. Completar secundaria o llegar a la educación superior no tiene el mismo efecto cuando se parte de una escuela con recursos, conectividad y docentes suficientes, que cuando se estudia en entornos rurales o urbanos con condiciones educativas más frágiles.
Por eso, la movilidad que muestra la ENIGHUR debe entenderse en dos planos. En el plano formal, el país avanzó: más jefes de hogar alcanzaron niveles educativos superiores a los de sus padres y madres. No obstante, en el plano sustantivo, el desafío sigue abierto: convertir ese avance educativo en aprendizajes efectivos, mejores empleos, mayor capacidad de consumo y oportunidades reales para la siguiente generación.
Ecuador, según muestra la ENIGHUR, está en una zona intermedia de ese camino. Los datos confirman que el “ascensor” educativo funciona y que la generación actual está más formada que sus padres. Al mismo tiempo, muestran que en el sótano del sistema educativo, donde la pobreza educativa se hereda con casi total fidelidad, ese ascensor casi no llega. La pregunta de fondo es si el país puede sostener un modelo de movilidad asimétrica como el actual, o si se requieren políticas activas dirigidas específicamente al núcleo duro de la exclusión: niños y niñas hijos de padres sin instrucción, en zonas rurales, con escuelas frágiles y pocas oportunidades laborales locales.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
Compartir:
