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Análisis

La brecha entre ricos y pobres en Ecuador sigue siendo de 17,5 veces, pese a la menor desigualdad

Los datos de la ENIGHUR 2024-2025 permiten reconstruir cómo se reparte el ingreso entre los hogares ecuatorianos. La comparación con la edición 2011-2012 muestra una reducción moderada de la desigualdad. Sin embargo, también revela que ese avance no vino de un empujón hacia arriba de los más pobres, sino de un menor crecimiento relativo en los ingresos del decil más alto.

Dara Estupiñán regresa de la escuela a su casa

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SANTIAGO ARCOS - Flickr

Autor:

Liz Ortiz

Actualizada:

20 jul 2026 - 05:55

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La desigualdad de ingresos es una de las variables económicas más difíciles de medir con precisión, porque depende de qué encuesta se utiliza, qué variable de ingreso se toma y cómo se agregan los datos. En el caso ecuatoriano, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) publica trimestralmente su coeficiente de Gini oficial a partir de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU), una operación estadística con muestra pequeña (9.016 viviendas) pero alta frecuencia. Según el último boletín publicado por el INEC, el Índice de Gini se ubicó en diciembre de 2025 en 0,470 a nivel nacional.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares Urbanos y Rurales (ENIGHUR) es una operación distinta. Se levanta cada 12 o 13 años, tiene una muestra mucho más grande (más de 35 mil viviendas en la ronda 2024-2025) y captura con detalle la composición del ingreso corriente del hogar, incluidos los ingresos monetarios y no monetarios. Esa amplitud metodológica la convierte en una fuente valiosa para estudiar la distribución del ingreso en dos momentos comparables del tiempo. Aplicando la misma metodología a las ediciones 2011-2012 y 2024-2025, se puede reconstruir cómo evolucionó la desigualdad estructural del país en ese periodo.

Este análisis presenta los resultados de ese ejercicio: cómo se distribuye el ingreso monetario per cápita entre los deciles de hogares ecuatorianos, cómo cambiaron los principales indicadores de desigualdad según lo que muestra la ENIGHUR.

¿Cómo se midió?

Para medir la distribución del ingreso, se usó como variable central el ingreso monetario corriente del hogar dividido por el número de personas del hogar, obteniendo así un ingreso monetario per cápita. Se optó por el ingreso monetario (que excluye componentes como el valor imputado de la vivienda propia, el autoconsumo agropecuario y los regalos) porque es el indicador más cercano al concepto de “ingreso disponible” que se usa habitualmente para calcular Gini y otros indicadores de desigualdad.

Un elemento clave del análisis es que los deciles no se construyeron desde cero, sino que se utilizó la variable oficial que el INEC incluye en la base ENIGHUR, denominada (Deciles de Ingreso Per Cápita, Nacional). Cada decil agrupa alrededor del 10% de los hogares del país. En 2011-2012, cada decil representaba aproximadamente 392 mil hogares expandidos; en 2024-2025, alrededor de 546 mil, reflejo del crecimiento poblacional del periodo.

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Con esa clasificación oficial, se calculó el ingreso monetario per cápita mensual promedio de cada decil aplicando los factores de expansión oficiales de la ENIGHUR.

En 2011-2012, el ingreso monetario per cápita mensual del decil más pobre (D1) fue de USD 40,36; el del decil más rico (D10) fue de USD 819,36. En 2024-2025, esas cifras subieron a USD 63,63 y USD 1.115,25, respectivamente. El resto de los deciles se ubicaron en niveles intermedios crecientes, con un patrón que se mantuvo prácticamente estable en su forma, aunque desplazado hacia arriba en el nivel nominal.

Es importante señalar que estas cifras corresponden al ingreso monetario corriente reportado por el hogar en la encuesta y no incluyen las transferencias en especie ni el autoconsumo. No representan, por tanto, la totalidad del ingreso del hogar (el ingreso corriente total sí incluye esos componentes), pero son la base metodológica adecuada para medir la distribución.

Tres indicadores para leer la desigualdad

A partir de los deciles oficiales se calcularon tres indicadores estándar. El Coeficiente de Gini mide la desigualdad en una escala de 0 (todos ingresan lo mismo) a 1 (una persona concentra todo el ingreso). El Índice de Palma compara cuánto ingresa el 10% más rico respecto al 40% más pobre juntos. La ratio D10/D1 indica cuántas veces más ingresa el decil superior comparado con el inferior.

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Los resultados muestran una reducción moderada de la desigualdad en 13 años. El Gini calculado con la ENIGHUR pasó de 0,4927 en 2011-2012 a 0,4757 en 2024-2025. Es una caída de 0,017 puntos, no espectacular pero sostenida. El Índice de Palma bajó de 2,76 a 2,51, lo que significa que el 10% más rico dejó de concentrar 2,76 veces el ingreso del 40% más pobre y pasó a concentrar 2,51 veces. La ratio D10/D1 se redujo de 20,3 veces a 17,5 veces.

Estas cifras son coherentes con las tendencias oficiales que publica el INEC con la ENEMDU. Según el mismo Boletín Técnico del INEC de diciembre de 2025, el Índice de Gini a nivel nacional se ubicó en 0,470. La diferencia entre 0,470 (ENEMDU) y 0,4757 (ENIGHUR, cálculo GESTIÓN) es de menos de un centésimo, y se explica por las diferencias metodológicas entre las dos encuestas.

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Este comportamiento confirma que la desigualdad no puede leerse únicamente como una diferencia estadística de ingresos, sino como una estructura acumulativa de acceso desigual a empleo, educación, salud y tecnología. En esa línea, Jefferson Chanataxi , Esteban Celi, Joel Esteban Trujillo  y David Castillo, en su artículo titulado “La desigualdad social en el Ecuador”, sostienen que la desigualdad social se expresa en una cadena de privaciones donde el desempleo reduce las posibilidades de acceder a educación, seguridad social, alimentación, vivienda y tecnología, limitando la movilidad social y afectando principalmente a los sectores más vulnerables.

Esta lectura permite interpretar la reducción del Gini, del Índice de Palma y de la ratio D10/D1 como una mejora relevante, pero todavía insuficiente: la brecha se ha estrechado en términos distributivos, aunque persisten desigualdades estructurales que no se corrigen únicamente con una leve mejora en la distribución del ingreso.

La reducción vino de arriba, no de abajo

El hallazgo más interesante del análisis aparece cuando se compara el crecimiento del ingreso de cada decil oficial en términos reales. Para eso, los valores de 2011-2012 se llevaron a dólares constantes de 2025 aplicando un factor de inflación acumulada aproximado de 1,27, valor cercano al IPC acumulado del periodo.

Los deciles bajos y medios crecieron entre un 15% y un 24% en términos reales en 13 años. El decil 1 (más pobre) subió 24,1%. El decil 6, 19,9%. El decil 8, 22,6%. En contraste, el decil 10 (más rico) apenas creció 7,2%.

Esa diferencia es la que explica la reducción del Gini. La desigualdad no bajó porque los más pobres se enriquecieran de forma explosiva, sino porque los más ricos crecieron menos que el resto en términos reales. La brecha se cerró, en buena parte, por arriba.

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Este patrón es coherente con lo que documenta el Banco Mundial en su informe “Pobreza y equidad – Tendencias recientes de pobreza y desigualdad” publicado en 2025, que analiza el crecimiento del ingreso por decil en América Latina y el Caribe durante 2022-2024. El organismo observa una dinámica similar en la región: la reducción de la desigualdad ha sido, en varios países, más el resultado de un estancamiento en los deciles altos que de un crecimiento pronunciado en los deciles bajos.

Asimismo, Michael Enrique Intriago-Bravo y Johanna Cuzco-San Andrés, en su artículo titulado “Desigualdad de ingresos y pobreza en Ecuador en el contexto internacional”, publicado en la Revista Científica YACHASUN, aportan un contexto histórico y estructural relevante para interpretar estos resultados.

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Los autores sostienen que Ecuador ha experimentado un crecimiento económico volátil, condicionado por factores externos, como los precios del petróleo y las crisis sanitarias, e internos como la inestabilidad política y los desastres naturales, y que, pese a los esfuerzos gubernamentales y de organismos internacionales, los indicadores de pobreza y desigualdad se mantienen elevados, con marcadas disparidades territoriales y grupales.

Esta lectura permite entender por qué la mejora distributiva observada en los deciles no necesariamente implica una transformación estructural: el país sigue arrastrando una desigualdad persistente, asociada a shocks económicos, brechas rurales, informalidad y limitada capacidad redistributiva.

Composición del ingreso: la punta sigue lejos

Aunque la desigualdad se redujo, la concentración del ingreso en la parte alta de la distribución sigue siendo notable. En 2024-2025, el decil más rico concentró el 35,2% de todo el ingreso monetario del país; el decil más pobre, apenas el 2,0%. Trece años antes, esas cifras eran 37,9% y 1,9%, respectivamente. Es decir, el 10% más rico redujo su participación en 2,7 puntos porcentuales, mientras el 10% más pobre ganó apenas una décima.

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La mitad más pobre de los hogares (deciles 1 al 5) concentró en 2024-2025 el 19,9% del ingreso monetario total. La mitad más rica (deciles 6 al 10) concentró el 80,1%. En 2011-2012 esa relación era 19,5% vs 80,5%. La mejora es real pero contenida.

De igual forma, Naciones Unidas Ecuador, en el documento titulado “Análisis Común de País ONU Ecuador”, sostiene que la economía ecuatoriana no había recuperado los niveles de producción previos a la pandemia y que, en ese contexto, se habían ampliado las desigualdades.

El informe también advierte que el empleo en el sector informal alcanzó los mayores índices registrados en las estadísticas oficiales, mientras que los ingresos del Estado resultaban insuficientes para cubrir las necesidades actuales y las fuentes de financiamiento se encontraban restringidas por el endeudamiento acumulado y los próximos vencimientos de deuda.

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Esta lectura refuerza la interpretación de que la reducción moderada de la desigualdad no responde a una expansión económica robusta, sino a un escenario de bajo crecimiento, deterioro del empleo formal y restricciones fiscales que limitaron el dinamismo general de los ingresos.

Los datos de la ENIGHUR 2024-2025 confirman que la reducción de la desigualdad ecuatoriana en los últimos 13 años fue moderada, sostenida y explicada por dinámicas mixtas: cierto crecimiento real de los ingresos bajos y medios, y un crecimiento significativamente menor en los ingresos altos.

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En un país donde uno de cada cuatro hogares sigue viviendo bajo la línea de pobreza y donde la brecha entre el decil más rico y el más pobre es de 17,5 veces, decir que “la desigualdad bajó” no equivale a decir que el problema se resolvió. Los indicadores hablan más bien de una tregua estadística, no de una transformación estructural.

(*) Economista, analista económica Gestión Digital.

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