Ecuador tiene menos desempleados, pero más trabajadores atrapados en la precariedad
La tasa de desempleo en Ecuador fue del 2,9% en marzo de 2026, pero los datos de la Enemdu muestran que el 34,8% de los ocupados se encontraba en condición de Otro Empleo No Pleno, su nivel más alto en el período analizado.

Una vendedora ambulante en el sector de El Tejar, en el centro de Quito, el 20 de marzo de 2026.
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Rolando Enríquez / API
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El debate sobre el empleo en Ecuador suele concentrarse en una sola cifra: la tasa de desempleo. Sin embargo, esa métrica esconde una realidad más compleja. En marzo de 2026, el desempleo nacional fue del 2,9%, un número que sugiere estabilidad. Pero debajo de esa superficie, la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (Enemdu) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) revela un deterioro significativo en la calidad del empleo que merece atención.
Por primera vez en el período comprendido entre junio de 2024 y marzo de 2026, la condición “Otro Empleo No Pleno” alcanzó el 34,8% de los ocupados, superando al empleo adecuado o pleno, que cayó al 32,1%. Según el INEC, esta categoría incluye a las personas con empleo que durante la semana de referencia percibieron ingresos inferiores al salario mínimo y/o trabajaron menos de la jornada legal y no tienen el deseo y disponibilidad de trabajar horas adicionales.
Durante los 21 meses previos, el empleo adecuado había mantenido consistentemente una posición superior, llegando incluso al 38,6% en julio de 2025. El quiebre de marzo de 2026 es estadísticamente relevante: el INEC certifica que la variación del Otro Empleo No Pleno entre marzo de 2025 y marzo de 2026 presenta una diferencia estadísticamente significativa a un nivel de confianza del 95%, lo que descarta que el aumento de esta categoría se trate de ruido estadístico.
El resto de categorías, incluyendo el empleo adecuado, el subempleo y el empleo no remunerado, no registraron diferencias estadísticamente significativas en la misma comparación anual.
La evolución reciente de las categorías de empleo en Ecuador
Durante los 21 meses comprendidos entre junio de 2024 y febrero de 2026, el empleo adecuado o pleno mantuvo consistentemente una posición superior al Otro Empleo No Pleno. El empleo adecuado oscilaba entre el 33% y el 38,6%, mientras que el Otro Empleo No Pleno se mantenía en un rango de entre el 27,8% y el 32,9%.
Marzo de 2026 marcó un cambio en esa relación. El empleo adecuado cayó al 32,1%, su nivel más bajo en todo el período analizado, mientras que el Otro Empleo No Pleno escaló al 34,8%, su nivel más alto. En marzo de 2026, el subempleo se mantuvo en 19,6% y el empleo no remunerado en 10,4%, de modo que la precariedad laboral en sus distintas formas abarca a la mayoría de los ocupados a nivel nacional.
Según el analista económico Santiago Mosquera, el cambio interanual en esta categoría es significativo no solo en términos estadísticos sino también en magnitud. “Son más de 400.000 personas que caen en esa categoría y según el mismo reporte es estadísticamente significante, es decir, ese cambio no es un cambio marginal sino que es un cambio importante”, señala.
Tendencias del mercado laboral
Los datos muestran señales previas al quiebre de marzo de 2026 que conviene tener en cuenta. Desde diciembre de 2025 el Otro Empleo No Pleno mostraba niveles crecientes: 32,8% en diciembre, 31,2% en enero de 2026 y 32,9% en febrero. Paralelamente, el empleo adecuado, que había alcanzado su punto más alto en julio de 2025 con el 38,6%, inició una caída sostenida que culminó en el 32,1% de marzo de 2026.
Esta trayectoria indica que el cambio de marzo no fue un hecho aislado sino el resultado de una tendencia que se venía desarrollando en los meses previos.
La brecha de género en el empleo adecuado es persistente a lo largo de todo el período. Los hombres mantuvieron tasas consistentemente superiores a las de las mujeres: en julio de 2025, cuando el empleo adecuado alcanzó su máximo, los hombres llegaron al 43,9% mientras las mujeres se quedaron en el 30,7%. En marzo de 2026, los hombres cayeron al 35,9% y las mujeres al 26,6%, manteniendo una brecha de 9,3 puntos porcentuales.
Condición de actividad según sexo
Los datos de condición de actividad desagregados por sexo para marzo de 2026 requieren una lectura cuidadosa.
Las tasas de Otro Empleo No Pleno son similares entre hombres (34,5%) y mujeres (35,4%), lo que podría sugerir que ambos sexos enfrentan esta condición en igual medida. Sin embargo, la diferencia estructural aparece en otras categorías. Las mujeres registran una tasa de empleo no remunerado del 17,9%, frente al 5,2% de los hombres.
Es decir, aproximadamente una de cada seis mujeres con empleo trabaja sin percibir ningún ingreso, frente a apenas uno de cada veinte hombres en la misma condición. Al mismo tiempo, los hombres tienen mayor acceso al empleo adecuado (35,9% frente al 26,6%) y tasas más altas de subempleo (21,9% frente al 16,2%).
¿Qué determina caer en el Otro Empleo No Pleno?
Para ir más allá de la descripción estadística e identificar los factores que determinan la probabilidad de un trabajador de encontrarse en el Otro Empleo No Pleno, GESTIÓN desarrolló un modelo de regresión logística con los microdatos oficiales de la Enemdu, utilizando errores estándar robustos. La muestra incluyó 168.619 observaciones y el modelo resultó significativo. Los resultados se expresan en efectos marginales, que indican el cambio en puntos porcentuales en la probabilidad de estar en esta categoría ante el cambio en cada variable explicativa.
Ruralidad: vivir en zona rural aumenta en 4,5 puntos porcentuales la probabilidad de estar en Otro Empleo No Pleno, con alta significancia estadística. Las economías rurales ecuatorianas están estructuradas alrededor de actividades con condiciones laborales más precarias y con menor acceso a oportunidades de mejora, lo que reduce las expectativas y aspiraciones laborales de sus trabajadores.
Sexo: ser hombre aumenta en 4,8 puntos porcentuales la probabilidad de estar en Otro Empleo No Pleno. Este resultado requiere una interpretación cuidadosa. El modelo identifica quién está en Otro Empleo No Pleno frente a todas las demás categorías, esto no significa que las mujeres estén mejor, sino que su precariedad es más profunda y adopta otra forma.
Educación: el efecto más contundente del modelo. Tener educación superior reduce en 22,8 puntos porcentuales la probabilidad de estar en Otro Empleo No Pleno frente a no tener ningún nivel educativo. Educación media o bachillerato reduce esa probabilidad en 9,4 puntos porcentuales. La educación es el factor individual con mayor capacidad de proteger a un trabajador de la precariedad laboral, y su efecto es sustancialmente mayor que cualquier otra variable del modelo.
Estado civil: la viudez es el estado civil con el mayor efecto positivo sobre la probabilidad de estar en esta categoría, aumenta en 11,9 puntos porcentuales. La separación suma 6,8 puntos porcentuales adicionales.
Pobreza: ser pobre aumenta en 5,3 puntos porcentuales la probabilidad de estar en Otro Empleo No Pleno. El caso de la extrema pobreza, con un efecto marginal negativo de 5,1 puntos porcentuales, no debe interpretarse como una ventaja. Las personas en situación de extrema pobreza tienden a caer en categorías aún más precarias como el empleo no remunerado, quedando fuera del Otro Empleo No Pleno no por mejores condiciones sino por peores.
La informalidad
Sobre el papel de la informalidad, Mosquera señala que la relación es bidireccional: “Yo creo que van de la mano, se retroalimentan. El grado de informalidad en Ecuador se explica por la rigidez en el mercado laboral, que hace que contratar y despedir empleados sea relativamente costoso. Frente a las formas contractuales limitadas, es muy difícil para las empresas suplir sus necesidades de trabajadores sin que eso implique una relación laboral de largo plazo, entonces la gente cae en algún nivel de informalidad”.
Agrega además que esto explica en parte el perfil del emprendimiento ecuatoriano: “Ecuador es el país con el mayor número de emprendedores, pero es porque hay una cantidad enorme de informales que al no encontrar espacio en el mercado laboral se ven forzados a buscar alternativas de subsistencia, y por eso el emprendimiento que tenemos no es de calidad, son emprendimientos de subsistencia”.
Consideraciones de política laboral
Los determinantes identificados en el modelo señalan tres ejes prioritarios. El primero es territorial: la brecha rural-urbana en la calidad del empleo requiere intervenciones focalizadas. El segundo es educativo: con efectos marginales de hasta 22,8 puntos porcentuales, la educación es la intervención con mayor retorno en términos de calidad del empleo, especialmente en zonas rurales y para grupos vulnerables. El tercero es de género: la alta concentración de mujeres en empleo no remunerado exige políticas específicas que atiendan esa forma particular de precariedad laboral.
Para Mosquera, el desafío de fondo es la capacitación y reconversión laboral de quienes han quedado desplazados del mercado formal. “El elemento más importante hacia adelante es que los trabajadores que han caído en la informalidad tengan las capacidades para reincorporarse al mercado laboral, y para ello es fundamental el upskilling y el reskilling. No solo seguirse capacitando, sino que cuando se identifica que están operando en una industria en la cual es difícil reincorporarse por cambios tecnológicos, esa persona pueda cambiar su set de habilidades para hacer un salto transversal a otras industrias”, concluye.
El cruce de marzo de 2026, en el que el Otro Empleo No Pleno superó por primera vez al empleo adecuado, no debe leerse como un dato coyuntural aislado. Es la manifestación estadística de una tendencia que el mercado laboral ecuatoriano arrastra desde finales de 2025 y que requiere respuestas de política igualmente estructurales.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
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