Exportaciones de Ecuador en 2026: el cacao cae, pero camarón y minería toman la posta
El primer semestre de 2026 deja una fotografía exportadora marcada por fuertes contrastes: camarón, minería y banano crecen, mientras el cacao pierde más de la mitad de su valor frente al extraordinario 2025. Detrás de las cifras, sin embargo, el volumen exportado continúa avanzando y el sector proyecta un segundo semestre todavía positivo.

Trabajadores de una empresa camaronera de Ecuador procesan camarones en una planta de producción.
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Cámara Acuacultura
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El comercio exterior ecuatoriano llega a la segunda mitad de 2026 con una paradoja. Algunos de sus principales productos mantienen tasas importantes de crecimiento, el volumen exportado continúa expandiéndose y sectores como el camarón alcanzan niveles históricamente altos; sin embargo, el valor de las exportaciones enfrenta el enorme efecto estadístico que deja la caída del precio internacional del cacao.
Los datos permiten dimensionar el cambio. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones no petroleras alcanzaron USD 7.306,6 millones, la cifra más alta registrada para ese período, aunque significó una reducción de 8,3% frente al último trimestre de 2025. En términos interanuales, en cambio, crecieron 3,7%. El Banco Central del Ecuador (BCE) atribuye buena parte de esa divergencia a factores estacionales y, especialmente, al comportamiento del cacao.
El panorama del primer semestre confirma que no existe una única historia detrás de las exportaciones ecuatorianas. Mientras el cacao corrige los valores extraordinarios alcanzados un año antes, camarón, productos mineros y banano avanzan y compensan una parte importante de esa caída.
Según Josué Rosero, director técnico de la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor), en entrevista con GESTIÓN, el resultado debe analizarse diferenciando el valor en dólares del volumen efectivamente vendido al exterior. Las exportaciones no petroleras y no mineras presentan una reducción cercana al 5% frente a 2025, un año excepcional por los precios del cacao, pero todavía se ubican alrededor de 17% por encima de 2024. Más importante aún: el volumen exportado mantiene un crecimiento aproximado del 4%.
La pregunta para la segunda mitad del año, por tanto, no es solamente cuánto exportará Ecuador, sino qué productos sostendrán ese crecimiento, cuánto dependerá de los precios y qué riesgos pueden alterar el escenario antes de diciembre.
Cinco productos clave
El camarón continúa siendo el principal protagonista de la canasta no petrolera. Entre enero y junio de 2026 generó alrededor de USD 4.698 millones frente a los USD 4.254 millones durante el mismo período de 2025. Esto representa un crecimiento interanual aproximado de 10,4%.
El dato es especialmente significativo porque el sector llega desde una base elevada. En 2025, las exportaciones de camarón alcanzaron aproximadamente USD 8.401 millones, por lo que durante los primeros seis meses de este año ya se ha generado cerca del 56% de todo el valor exportado durante el año anterior.
Francisco Rivadeneira, exministro de Comercio Exterior, explica a GESTIÓN que, aunque el camarón probablemente mantendrá una trayectoria positiva en lo que resta de 2026, no necesariamente volverá a romper el récord de exportaciones alcanzado en 2025.
Entre los factores que podrían moderar el crecimiento menciona una eventual sobreoferta internacional, mayores costos de transporte y logística, la elevada dependencia del mercado chino y el posible impacto de un evento climático severo hacia finales del año.
Rivadeneira añade que China seguirá siendo determinante para el sector, pues concentra más de la mitad de los envíos de camarón ecuatoriano. Aunque algunas empresas han enfrentado restricciones sanitarias para acceder a ese mercado, señala que varias han logrado superar recientemente esas barreras y que el volumen exportado hacia China ha continuado creciendo, aunque a un ritmo más moderado.
La minería, sin embargo, registra la variación más intensa entre los grandes rubros. Las exportaciones de productos mineros pasaron de cerca de USD 1.869 millones en el primer semestre de 2025 a USD 2.631 millones en 2026, equivalente a un incremento aproximado de 40,8%.
El BCE ya había identificado este comportamiento al cierre del primer trimestre, cuando los productos mineros alcanzaron USD 1.381,4 millones y crecieron 65,3% en términos interanuales. El organismo destacó particularmente el desempeño de los concentrados de cobre y el oro, beneficiados tanto por sus cotizaciones como por la demanda internacional vinculada a inversión tecnológica e infraestructura.
El banano y plátano también mantienen números positivos, aunque más moderados. En los primeros seis meses del año las ventas externas bordearon los USD 2.361 millones, alrededor de 6% más que los USD 2.228 millones registrados un año antes.
El cacao presenta la situación opuesta. Su valor exportado cayó desde aproximadamente USD 2.310 millones entre enero y junio de 2025 a USD 981 millones durante el mismo período de 2026. La reducción alcanza aproximadamente 57,5%.
Finalmente, los enlatados de pescado acumularon alrededor de USD 853 millones, frente a casi USD 897 millones en el primer semestre anterior, una contracción cercana a 4,9%.
La canasta ecuatoriana se está moviendo internamente. Solo minería y camarón generaron alrededor de USD 1.206 millones adicionales frente al primer semestre de 2025, mientras el cacao perdió alrededor de USD 1.329 millones.
Rosero sostiene precisamente que la corrección del cacao no representa un deterioro generalizado. Productos como camarón, banano, frutas no tradicionales y aceites vegetales están permitiendo que la actividad exportadora continúe expandiéndose en términos reales.
El cacao pierde valor, pero la caída física es mucho menor
El cacao es probablemente el mejor ejemplo de por qué valor y volumen no siempre cuentan la misma historia. En el primer trimestre del año, las exportaciones de cacao y elaborados ya registraban una caída de 59,4% frente al trimestre anterior y de 59,3% frente al mismo período de 2025.
La reducción estuvo asociada principalmente al descenso de los precios internacionales tras un período de cotizaciones excepcionalmente altas y al incremento de la oferta mundial. Es decir, comparar 2026 directamente con 2025 significa partir de un año extraordinario.
Rosero advierte que la caída del cacao sí importa, porque reduce el ingreso de divisas y afecta directamente el resultado agregado de las exportaciones. Sin embargo, la evolución del volumen muestra que la contracción física es mucho menor que la observada en valor: entre enero y junio de 2026, Ecuador exportó 220.247 TM de cacao y elaborados, 11,1% menos que en igual período de 2025, mientras que la caída medida en USD fue considerablemente mayor.
La diferencia también se observa en el conjunto del sector. Aunque las exportaciones no petroleras y no mineras disminuyen en valor frente a 2025, el volumen comercializado crece aproximadamente 4%, según Fedexpor. Camarón y banano son dos de los productos que sostienen ese desempeño: en el primer semestre, sus volúmenes aumentaron 14,2% y 6,1%, respectivamente.
Fedexpor espera un crecimiento más moderado del valor exportado debido principalmente al cacao, pero estima que el volumen de las exportaciones podría crecer alrededor de 5% al terminar el año. Entre los productos con mayor capacidad para sostener ese avance menciona al camarón, banano y plátano, frutas no tradicionales y ciertos productos forestales.
Crecer en medio de riesgos que Ecuador no controla
El desempeño favorable de varios productos convive con un escenario externo particularmente volátil. Tensiones comerciales, conflictos internacionales, variaciones en los precios de materias primas y posibles alteraciones de las rutas logísticas pueden modificar rápidamente las perspectivas.
Para Fedexpor, sin embargo, los problemas más importantes no están únicamente fuera del país. Rosero identifica tres riesgos internos que pueden restar competitividad al exportador ecuatoriano: la incertidumbre alrededor del suministro eléctrico; el creciente gasto empresarial destinado a proteger mercancías y cadenas logísticas frente a la inseguridad; y una estructura regulatoria y tributaria capaz de encarecer la producción.
La preocupación es relevante porque cada costo adicional tiene que ser absorbido por empresas que compiten con productores de países que cuentan con monedas propias, esquemas tributarios distintos o costos logísticos inferiores.
Fedexpor sostiene que ha trabajado en seguridad de la cadena logística mediante iniciativas como Carga Segura y mantiene diálogo con el Gobierno sobre condiciones productivas, fiscales y comerciales. Para Rosero, los acuerdos comerciales deben medirse por su utilización real y no simplemente por su firma. El éxito, dice, debería reflejarse en cuántas empresas utilizan las preferencias obtenidas, cuántos nuevos negocios generan, cuánto se diversifica la oferta y cuánto aumenta la participación ecuatoriana en cada destino.
La apertura comercial puede ayudar a ampliar la demanda para sectores que ya están creciendo, pero su efecto dependerá también de que las empresas puedan producir y transportar a precios competitivos.
El Niño amenaza algo más que los cultivos
A los riesgos económicos y comerciales se suma una variable sobre la que las empresas tienen todavía menos control: el clima. Ante la posibilidad de condiciones asociadas al Fenómeno de El Niño hacia finales del año, la preocupación no se limita a cuánto pueden producir bananeros, cacaoteros o camaroneros. El problema puede extenderse a toda la cadena exportadora.
Fedexpor señala que las empresas ecuatorianas cuentan con experiencia enfrentando eventos climáticos y que durante años han invertido en infraestructura, manejo del agua, bioseguridad y planes de contingencia. Sin embargo, la capacidad de adaptación no es uniforme.
Los pequeños productores enfrentan mayores dificultades para financiar obras preventivas o asumir pérdidas ocasionadas por lluvias excesivas, inundaciones, alteraciones de temperatura, enfermedades y plagas.
En el camarón, los cambios de temperatura y calidad del agua pueden modificar las condiciones de producción. En banano y cacao, lluvias excesivas pueden afectar cultivos, cosechas y acceso a las fincas. Pero Rosero añade un riesgo adicional: aunque el producto sobreviva, todavía tiene que llegar al puerto.
Carreteras, puentes, accesos a terminales, electricidad y servicios logísticos se convierten también en infraestructura exportadora durante una emergencia climática. Una interrupción puede impedir cumplir contratos incluso cuando la producción no ha sufrido daños directos.
Rivadeneira advierte que un evento climático severo tendría un efecto transversal sobre buena parte de la oferta agrícola y agroindustrial del país. Una reducción significativa del volumen disponible para exportar, señala, podría traducirse rápidamente en un menor superávit comercial. También considera que, al tratarse de un riesgo conocido con anticipación, el Gobierno debería coordinar con los sectores productivos medidas de prevención y mitigación antes de que el fenómeno se materialice.
El efecto tampoco termina en la agricultura, Fedexpor advierte que alteraciones en las condiciones del mar pueden disminuir la disponibilidad de pescado capturado por la flota nacional y afectar a la industria procesadora de atún. En ese escenario, importar materia prima podría convertirse en una herramienta para mantener la actividad de las plantas y el empleo.
Un dólar más débil abre una ventana, pero nadie sabe cuánto durará
Mientras algunos riesgos presionan al sector exportador, otro movimiento internacional está jugando temporalmente a favor de Ecuador: la depreciación del dólar frente a varias monedas.
Para una economía dolarizada, un dólar menos fuerte puede mejorar la competitividad-precio de los productos ecuatorianos en mercados cuyas monedas se han fortalecido frente a la divisa estadounidense. Fedexpor considera que esta coyuntura aumenta el atractivo de la oferta ecuatoriana, pero advierte que las empresas no pueden construir una estrategia de largo plazo basada en el tipo de cambio.
Fedexpor sostiene que los exportadores han tenido que competir históricamente mediante calidad, diferenciación, eficiencia productiva y cumplimiento de estándares internacionales. En ese contexto, un dólar depreciado funciona como un impulso adicional, pero no reemplaza esas ventajas.
Rivadeneira comparte esa lectura y subraya una particularidad de la dolarización: Ecuador no dispone de una moneda propia que pueda ajustar para recuperar competitividad, como sí ocurre en otros países de la región. Por eso, cuando el dólar pierde valor relativo frente al euro y otras monedas, la oferta ecuatoriana gana una ventaja adicional. A su juicio, además, no existen por ahora condiciones claras para un fortalecimiento rápido del dólar, por lo que esta ventana podría mantenerse durante algún tiempo.
Para el sector empresarial, el desafío consiste en aprovechar el momento para consolidar compradores, abrir mercados y ganar participación antes de que las condiciones cambien. Durante el primer semestre de 2026, Ecuador ha mostrado que parte importante de su sector exportador mantiene capacidad para crecer incluso cuando desaparecen efectos extraordinarios como el precio récord del cacao.
Camarón y minería han tomado la delantera; banano mantiene un comportamiento positivo; los enlatados buscan recuperar terreno y el cacao enfrenta una normalización que cambia radicalmente el valor de la canasta.
Pero el dólar introduce una pregunta más amplia: ¿cuánto de este desempeño responde a una mejora real de productividad y cuánto está siendo favorecido por una coyuntura cambiaria excepcional?
La respuesta exige mirar más allá de las cifras de exportación y observar cómo ha evolucionado el dólar frente al euro, el yen, el sol peruano y otras monedas relevantes para Ecuador, así como el comportamiento del tipo de cambio real y los sectores que pueden beneficiarse más de esta coyuntura. En el siguiente análisis de GESTIÓN explicamos por qué la debilidad del dólar se ha convertido en una ventana de oportunidad para las exportaciones ecuatorianas.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
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