Pruebas PISA: Asia se consolida, Occidente se estanca y América Latina no despega
La OCDE publicó el 8 de septiembre los resultados de PISA 2025, la novena edición de la prueba que mide a estudiantes de 15 años en 91 países. El diagnóstico es duro: los promedios de lectura y matemáticas tocaron sus mínimos históricos.

Un estudiante de un colegio público en Quito participa de una prueba piloto para las pruebas PISA 2025, en mayo de 2024.
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Instituto Nacional de Evaluación Educativa
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El diagnóstico global
La OCDE presentó el 8 de septiembre los resultados de PISA 2025, aplicada a más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países, una muestra que representa a unos 33 millones de jóvenes. El rendimiento en lectura y matemáticas cayó a sus niveles más bajos desde el año 2000; las ciencias, en cambio, se estabilizaron tras la caída sostenida entre 2009 y 2022.
Entre 2015 y 2025, la lectura perdió 28 puntos en la OCDE —año y medio de aprendizaje— y las matemáticas 22. Uno de cada cinco adolescentes de la OCDE tiene ahora bajo desempeño simultáneo en las tres materias, frente a 16 % en 2022.
El secretario general Mathias Cormann fue directo: "Es urgente revertir la disminución del rendimiento académico. Los mejores sistemas educativos se centran en una menor cantidad de áreas con una mayor profundidad, invierten en los docentes [y] ofrecen apoyo específico". Sobre la tecnología añadió que puede reforzar el aprendizaje, "pero solo si se utiliza con criterio, y no en detrimento de la atención, el esfuerzo y la comprensión".
Asia arriba; Reino Unido, la sorpresa europea
De los 22 países considerados en este análisis, los cinco asiáticos —Singapur, Macao, Taiwán, Hong Kong y Japón— ocupan la mitad superior de la tabla, junto con Corea del Sur y las provincias chinas B-S-J-Z (Pekín, Shanghái, Jiangsu, Zhejiang), líderes en matemáticas y ciencias. La OCDE ubica a estas jurisdicciones, más Estonia y Reino Unido, entre los diez sistemas con mejor desempeño combinado.
Reino Unido es, junto con Brasil, el único de los 20 países del primer gráfico que mejoró su promedio entre 2022 y 2025 (+3,4 puntos); la OCDE confirma que "vio aumentos en ciencias desde 2022", junto con Costa Rica, Eslovaquia y Turquía. El resto de Europa retrocedió: España tuvo "sus peores resultados históricos" con caídas en las tres competencias, Francia perdió 12,6 puntos, Alemania 10,6 y Finlandia 12,7.
Estados Unidos, con 490 puntos en lectura —14 menos que en 2022, su mínimo desde el año 2000—, protagonizó lo que varios medios describieron como un hundimiento.
Quién queda arriba y abajo de la línea
El gráfico de regresión que construí, cruzando el PIB per cápita de 2024 con el promedio PISA de 2025, es revelador. Por encima de la línea —mejor resultado del que su ingreso anticiparía— están Taiwán, Japón, Estonia y Macao, con 55 a 72 puntos de más; también Hong Kong, Italia, España, Reino Unido y Canadá quedan levemente arriba.
Por debajo están Alemania, Francia y Finlandia; el caso más llamativo es el de Estados Unidos, que con el segundo mayor PIB per cápita del grupo (US$85.810) rinde casi 60 puntos menos de lo que predice la regresión. Los seis países latinoamericanos —México, Colombia, Brasil, Chile, Perú y Ecuador— quedan todos por debajo, con Ecuador entre 30 y 35 puntos debajo de lo esperado: la región no solo tiene menos ingreso, rinde peor de lo que ese ingreso predeciría.
Lo que muestran las flechas
El gráfico de flechas —2022 a 2025, y 2017 a 2025 para Ecuador— es más elocuente: de 20 países, 18 retrocedieron. Hong Kong tuvo la mayor caída (-20,7), seguida de España (-15,6), Ecuador (-14,0), Finlandia (-12,7) y Francia (-12,6). Solo Reino Unido (+3,4) y Brasil (+0,7) avanzaron. Costa Rica y El Salvador matizan el panorama: mejoraron en las tres áreas, aunque desde una base mucho más baja que la de los países desarrollados.
Finlandia y Estonia: dos respuestas opuestas a la pantalla
El contraste báltico-nórdico merece un párrafo aparte. Finlandia, ícono educativo de 2000-2010, sigue cayendo: perdió 12,7 puntos desde 2022 y ya no figura entre los diez mejores. Su respuesta fue restringir: desde agosto de 2025 rige una reforma que limita el celular en el aula "salvo cuando el docente autorice su utilización con fines educativos", para reducir distracciones y reforzar la autoridad docente. Suecia y Países Bajos tomaron el mismo camino.
Estonia, en cambio, es hoy el mejor sistema educativo de Europa, con apenas 1,4 millones de habitantes y un pasado soviético reciente. Su apuesta es la contraria: en vez de sacar la tecnología del aula, la integra. Desde septiembre de 2025, en alianza con OpenAI, ofrece cuentas personalizadas de inteligencia artificial a docentes y a estudiantes de 16 y 17 años, con formación en aprendizaje autodirigido y ética digital. La apuesta estonia no es solo tecnológica: se apoya en alta autonomía docente y una infraestructura digital pública construida desde los años noventa. Esto sugiere que no es la tecnología la que determina el resultado, sino el diseño institucional con que cada país decide usarla.
¿Cuánto pesan la IA y las redes sociales?
La OCDE evita una relación mecánica entre pantallas y bajo rendimiento, pero sus datos son consistentes: el desempeño es inferior "cuando este uso es excesivo o cuando los dispositivos se utilizan por placer en la escuela".
En Ecuador, 70% de los estudiantes usa chatbots de IA para estudiar al menos una o dos veces al mes; en El Salvador, quienes usaron dispositivos entre dos y tres horas diarias con fines educativos sacaron los mejores puntajes de ciencias, por encima de quienes no los usan y de quienes los usan más de siete horas.
El patrón es de U invertida: castiga tanto el no uso como el uso recreativo o excesivo. Eso vuelve insostenible tanto el pánico que pide prohibir la tecnología (la apuesta finlandesa) como el entusiasmo acrítico que la integra sin acompañamiento (el riesgo de Estonia). Lo que sí explica buena parte del deterioro, según la propia OCDE, es la caída en lectura profunda: una generación que lee menos textos largos (por enfocarse en redes sociales y videos cortos) rinde peor en todo, porque la lectura sostiene a las demás competencias.
América Latina: un rezago que no es solo pandemia
La región vuelve a quedar rezagada. Un análisis del BID citado por Primicias advierte que "ocho de cada diez estudiantes en la región tienen bajo desempeño en al menos uno de los tres dominios", frente a cuatro de cada diez en los países de la OCDE en su conjunto. En Chile, solo 41% alcanza el nivel mínimo en matemáticas frente al 65% de la OCDE. México anotó su peor resultado en dos décadas en matemáticas (388 puntos); Colombia y Brasil permanecen estancados desde 2015.
Ecuador es de los casos más débiles: 366 en matemáticas, 385 en lectura y 393 en ciencias, todos muy por debajo del promedio OCDE (463, 461 y 482) y bajo su propio resultado de 2017 —11, 24 y 7 puntos menos—, según la nota de país de la OCDE.
Solo 20% de los estudiantes alcanza el nivel mínimo en matemáticas y 38% en lectura. El viceministro Emilio Félix pidió analizarlo sin alarmismo: "PISA nos entrega una hoja de ruta, no un punto de llegada". La OCDE ofrece una lectura matizada: parte de la caída regional coincide con la ampliación de cobertura secundaria hacia jóvenes antes excluidos del sistema, lo que incorpora a la muestra a estudiantes con más desventajas (por ejemplo, en zonas rurales pobres). El nivel socioeconómico explica cerca del 20% de las diferencias de rendimiento en Ecuador.
Costa Rica y El Salvador aportan un contraste útil. Costa Rica subió 13 puntos en ciencias —su primera mejora estadísticamente significativa— y no retrocedió en lectura ni matemáticas, pese a que esa cohorte vivió la huelga de 2018, las protestas de 2019 y la pandemia en plena alfabetización. El ministro Leonardo Sánchez lo resumió: "esta generación atravesó huelgas, interrupciones y la pandemia [...]; aun así, subió 13 puntos en Ciencias y no bajó [...] en Lectura ni Matemáticas".
El Salvador mejoró en las tres áreas (ciencias +12, matemáticas +3, lectura +2) desde niveles muy bajos (346 en matemáticas); la OCDE atribuye buena parte del avance a que "los resultados de los estudiantes [...] de mayor ventaja socioeconómica [...] sí ha mejorado", hipótesis que hay que tomar con cautela.
¿Son mejores los colegios privados o concertados?
En casi todos los países, los colegios privados encabezan los resultados brutos de PISA 2025 — en España, por ejemplo, sacan "24 puntos más en matemáticas, 23 en ciencias y 21 en lectura" que la red pública.
Pero ese liderazgo es en buena parte un espejismo estadístico: cuando la OCDE controla por el nivel socioeconómico y cultural de cada alumno (el índice ISEC), la ventaja de la privada en ciencias "se reduce a una tercera parte" —de 23 a apenas 7 puntos—, y cuando además se ajusta por la composición social del centro entero (no solo del alumno individual), la ventaja "cambia de lado y la pública queda cuatro puntos por delante de la privada en España", una inversión que se repite "en el conjunto de la OCDE" con 10 puntos a favor de la pública y en la Unión Europea con 18.
Es decir: gran parte de lo que parece "efecto colegio" es, en realidad, efecto del hogar y de con quién se comparte el aula.
Reino Unido es el caso que mejor ilustra cómo un sistema estatal puede cerrar esa brecha sin depender de la educación privada tradicional. Buena parte de la mejora inglesa entre 2009 y 2025 se atribuye a las "academies" y "free schools" —colegios financiados con fondos públicos pero con autonomía de gestión, currículo y contratación, el equivalente británico al modelo charter o concertado—: según el debate parlamentario citado en Hansard, gracias a esa autonomía "17 de los 20 mejores colegios secundarios de Inglaterra, y 42 de los 50 mejores, son academies o free schools", y el país "pasó del puesto 21 al 7 en matemáticas" en las tablas PISA entre 2009 y 2022.
Es un matiz importante: la mejora de Reino Unido no vino de más colegios privados, sino de más autonomía dentro de lo público, algo que el propio debate reconoce como un modelo replicado de forma desigual dentro del Reino Unido (Gales, sin ese esquema, quedó "estancado en el puesto 27").
Colombia muestra otra cara: ahí la brecha más marcada no es público-privado en abstracto, sino urbano-rural. Según el análisis de La Silla Vacía con los microdatos de PISA 2025, "la brecha más grande se da entre los tipos de colegio": los privados superan a los públicos urbanos por más de 76 puntos en ciencias, y a los públicos rurales por más de 116 puntos —una distancia de casi tres años de escolaridad—.
La exsecretaria de educación de Bogotá, Edna Bonilla, lo resume así: "la brecha más importante es la urbano-rural. Ahí nos ha hecho falta una política educativa rural seria". Lo que sí queda claro, y coincide con Perú —donde un informe de 2018 ya mostraba a los colegios privados por encima del promedio mundial en lectura (457 puntos) frente a 323 puntos en las escuelas estatales rurales— es que la variable que más pesa no es el estatuto legal del colegio, sino la concentración de pobreza o de ruralidad que cada tipo de colegio termina absorbiendo.
¿Qué pueden hacer los padres?
Los padres y madres de familia no pueden modificar los sistemas escolares; pero sí pueden buscar las mejores oportunidades para sus hijos e hijas. Pueden revisar las estadísticas de desempeño de las escuelas y colegios, y optar por las que tienen el mejor rendimiento (hasta donde les alcance el bolsillo).
En Quito, por ejemplo, los colegios Spellman, Ludoteca, y Rumipamba tiene un mejor desempeño que otros colegios privados más caros. En mi libro “Cómo ayudar a tu hijo a recibir una educación de calidad: Una Guía de preparación universitaria” doy otras estrategias de cómo los padres pueden apoyar a sus hijos a mejorar su desempeño y prepararse para la universidad y estudios de posgrado (está disponible en: https://www.amazon.com/dp/B0GTJ1FQ2F/).
Una lectura de cierre
PISA 2025 deja claro que ya no hay una sola narrativa ganadora. El mito del "milagro finlandés" quedó atrás; hoy Estonia, con un enfoque casi opuesto, ocupa ese lugar. Reino Unido, Costa Rica y El Salvador muestran que mejorar sigue siendo posible en un ciclo adverso, pero cada uno por razones propias: continuidad de política, resiliencia institucional, o una base tan baja que cualquier esfuerzo sostenido se traduce en puntos.
Para Ecuador y la región, el reto no cambia con cada informe: sin lectura sólida no hay matemáticas ni ciencias, y ninguna tecnología —prohibición finlandesa o integración estonia— sustituye a un aula bien gestionada por un docente bien preparado.
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